“Me estás debiendo una canción”
Mario Carrero fue de los que estuvo acompañando a Pepe hasta el final, amigo de todas las horas, supo estar y respetar sus silencios tanto como sus palabras. Esas que le dispararon muchas ideas que luego se harían canciones por recomendación o imposición de Pepe. Porque una sugerencia suya encerraba una orden oculta imposible de ignorar, aún cuando no estaban prontas todavía, igual Pepe se las ingeniaba para “debutarlas” sin permiso. Y lo hacía “porque los tiempos políticos no son los mismos que los tiempos artísticos”, como le expresó cuando difundió la canción homenaje al Padre Cacho (“Conclusiones”), que también era un reconocimiento al Plan Juntos impuesto por Pepe.
Así fue hasta el final, un final que no estuvo exento de esas charlas profundas, cansinas y lentas producto de la debilidad corporal de quien ya estaba dando los últimos pasos en este plano. Pero charlas que dejaron tareas a cumplir que Mario Carrero asumió como un compromiso ineludible con el que mejor honraría su amistad con Pepe más allá de su existencia.
Entre esas “deudas pendientes”, Mario Carrero recordó, en una mateada en la Coord. E, previa al homenaje del pasado 13 de mayo en el teatro El Galpón, uno de los tantos pedidos que le hiciera Pepe. Uno particularmente importante para él porque refería a dedicarle una canción a esos héroes anónimos que forjaron nuestra Nación y a los que nadie recuerda. Esos que tuvieron “el cielo por mortaja” y la ausencia de “sentidas palabras” que reconocieran su sacrificio. Hombres y mujeres que acompañaron a Artigas en el éxodo, gauchos anónimos que dieron su vida por ser libres, a esos había que rendir merecido homenaje. Y así, entre militantes y bajo una improvisada carpa que nos protegía del frío otoñal, escuchamos las estrofas de aquel himno a pedido del Pepe.
Esa solicitud de Pepe lo define de forma contundente, porque su vida fue una sucesión de errores (como él admitió infinidad de veces), que le permitieron entender donde estaba lo realmente importante de este milagro llamado vida. No se trata de trascender en solitario, dejando por el camino a otros sino propiciar que los más infelices tengan el privilegio de disfrutar de la vida y no sufrir las penurias de la necesidad.
Huérfanos y en picada
Hoy sufrimos la orfandad ante la partida del líder indiscutido que fue José “Pepe” Mujica, y en esa soledad que dejó su vacío nos refugiamos en un legado que tenemos la obligación de honrar. Claro que nadie podrá igualarlo, su imagen y estatura es insustituible, pero sus palabras quedaron grabadas en piedra no para quedar en simple exposición sino para hacerlas carne y obra.
Todos nos preguntamos qué estaría diciéndonos Pepe hoy ante la realidad uruguaya, donde las encuestas marcan el descontento social con la gestión, y donde la imagen del presidente Orsi está devaluada. Guarismos que se justifican mayormente por la desazón frenteamplista y por los que lo votaron en el ballotage.
Quizás es tiempo de volver a nuestras raíces, recuperar la impronta frenteamplista y dejar atrás las diferencias para que la unidad siga siendo la matriz diferencial de nuestra fuerza política. Claro que la señal tiene que venir de arriba, un volantazo político que nos permita recomponer un escenario harto difícil pero al que es posible revertir si ponemos foco en lo que reclama la gente que votó a este gobierno.
Es hora de empezar a imponer agenda, dejar de concentrarse en lo que nos divide y trabajar en aquello que nos identifica y aglutina. Es hora de encarar los problemas nacionales con valentía y decisión. Es hora de gobernar para esa mayoría que nos llevó al gobierno y que esperaba el cambio prometido. La alternativa a ello ya la conocemos y la sufrimos por 5 años, los peores que tuvo la historia reciente.
Y no vengan con que estamos imponiendo ningún relato porque la historia marca que los casos de corrupción vividos en la pasada administración no se justifican por la pandemia del covid 19; así como la caída del poder adquisitivo de la gente tampoco, porque basta ver los resultados para convenir que hubo una porción minoritaria que se benefició en gran medida a costa de recortes en salarios, pensiones y jubilaciones, cuando el país recuperó su crecimiento.
Es cierto que la expectiva creada a partir de ganar el gobierno era mucha, pero también lo es que dejaron la caja vacía y al país comprometido más allá de su mandato (en algunos casos lo comprometieron por 12 períodos de gobierno, como en el puerto de Montevideo). Ese déficit hay que hacerle frente, al real, no al que maquillaron en campaña.
Hoy no tenemos a Pepe para consultarle cómo seguir, pero tenemos su enseñanza y su estilo de gobernar para la gente, una manera genuina que hizo de esta fuerza política un milagro para el mundo.
A un año de la partida del último caudillo frenteamplista es necesario volver a recuperar la mística frenteamplista, renovar el compromiso fundacional de la unidad en la diversidad para que tengamos el gobierno que votamos y por el que seguimos siendo la mayor fuerza política del país.
Pepe se merece que honremos su memoria gobernando para todos y muy especialmente para los que menos tienen.
«El Perro Gil»
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