
Le agradezco a Amelia esa foto suya. No sólo sonríe; sus ojos sonríen. Toda ella sonríe, entregándose a esa alegría interior que le surje, incontenible. Es amor a la vida, claro, y la foto es una forma en que ese amor permanece; mensaje indudable que nos deja a todos. Más aún, es un mandato. Cuando la angustia, que sabe acechar, nos penetre y sea tan solo un sabor impronunciable, recordemos a Amelia. Vivamos por su vida, luchemos por su lucha. Su sonrisa es bandera.
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