Es importante tener claro que Sebastián Marset no era el gran capo de la droga de la región, como se afirma. Lo dice la misma acusación por la que se lo detuvo y extraditó: ser intermediario a gran escala del tráfico de cocaína y lavado de activos. Para ser gerente, se necesita un negocio que siempre tiene al menos un dueño, u otras formas de propiedad o posesión.
Marset colocaba grandes cantidades de cocaína en Europa y lavaba millones de dólares de ganancia. Tras su prisión en Uruguay -Insight Crime se pregunta quién lo colocó con quienes en la cárcel de Libertad, de donde salió cinco años después con una maestría en tráfico de drogas y lavado-, Marset hizo intenso lavado a través de creación de empresas, clubes de futbol, criptomonedas y tiendas de lujo, principalmente en Paraguay.
A diferencia de los capos tradicionales de la droga, como lo fue El Chapo Guzmán en Mexico, Marset era esencialmente un broker, que coordinaba logística y relaciones en el negocio de la cocaína, desde comerciantes de cocaína en Bolivia a mafias europeas. Su papel era más el de gerenciar el negocio que controlar el esquema tradicional de capos.
El hecho de que Marset negara tenazmente su relación con cualquier operación en Uruguay llamaba la atención, aunque no llegó a hacerlo poderosamente. El hecho es que la modalidad de exportación de la droga vía Uruguay se cambió (no se sabe en qué medida) del puerto de Montevideo a embarques vía agua territoriales a partir de la detención de Luis Fernando Fernández Albín en Buenos Aires Aires en noviembre 2024.
La expeditiva extradición de Albin a Uruguay de este argentino de nacimiento un mes después de su detención, se produjo en el marco de un fuerte operativo de seguridad que aunó el esfuerzo de al menos seis fuerzas represivas argentinas. Su detención, en el marco de una operación llamada Nueva Era II, fue porque estaba dedicado al ingreso, acopio, acondicionamiento y posterior envío de grandes cargamentos de cocaína hacia el extranjero. En la operación se logró la incautación de dos toneladas de cocaína y el envío a prisión de ocho personas por diversos delitos vinculados al tráfico de drogas y lavado de activos. El concepto ‘lavado de activos’ se invisibiliza tras el de tráfico de drogas, aunque debería llamar la atención y llamarla poderosamente.
No he visto en público, por ejemplo, la pregunta de qué hacia Marset en Dubai en 2021, donde fue preso por pasaporte falso. Tal vez ayude a entenderlo que, dado el enfrentamiento de EEUU con China y los conflictos comerciales y financieros implicados, Washington propició que Dubai se transformara en un centro de lavado de activos, para evitar que China fuera el nuevo destino del money laundring que parece que el capitalismo necesita.
Luis Alberto “Betito” Suárez fue uno de los referentes más notorios del crimen organizado en Uruguay. Fue arrestado por última vez el 4 de noviembre de 2025 en el Cerro de Montevideo, durante un operativo policial con 17 allanamientos vinculados al narcotráfico y lavado de activos. Estaba con libertad anticipada desde 2023, y aunque no tenía pedido de captura, fue capturado en flagrancia en uno de estos allanamientos. Su abundante historial delictivo cobra notoriedad con el asalto a un camión blindado y su captura en 1994, cuando integraba lo que la prensa llamó «la superbanda». Pero lo interesante de su captura en noviembre último, cuatro meses antes de la de Sebastían Marset, es que junto a éste y al «Flaco» Albín conformaban lo que se llamó «la línea de tres».
Éste era un esquema de coordinación criminal en el narcotráfico regional, encabezado por Sebastián Marset, que funcionaba como un triángulo de poder con tres líderes principales. Su rol era asegurar la logística, la protección y la distribución de drogas en Uruguay y países vecinos, articulando redes locales con conexiones internacionales. Cada uno cumplía funciones específicas dentro de la red, pero operaban de manera coordinada para mantener el flujo de drogas y dinero.

La llamada ‘línea de tres’ proviene del mundo futbolístico para definir una alineación defensiva. Queda en el lector definir si ésta era defensiva u ofensiva; se puede inferir que había entre ellos una relación defensiva propia de los Tres Mosqueteros, de Dumas: uno para todos, y todos para uno.
En todo caso, Marset era cabeza de la red y controlaba la logística internacional, especialmente en la hidrovía Paraná-Paraguay, clave para el tráfico de cocaína desde Bolivia y Paraguay hacia Uruguay y Argentina. Se le llamaba «el gerente de la hidrovía”, pues aseguraba rutas seguras y contactos con los llamados cárteles externos.
“El Flaco” Albín, por su parte, se encargaba de la distribución en territorio uruguayo. Coordinaba con bandas menores y aseguraba la llegada de cargamentos a puntos de venta locales. Y “El Betito” Suárez tenía peso en la protección territorial y el control de zonas de Montevideo. Su rol incluía garantizar seguridad interna y ejercer violencia cuando era necesario para mantener la hegemonía de la red. Es claro que la detención de los tres líderes representó uno de los mayores golpes al narcotráfico uruguayo en los últimos años, desarticulando una estructura que logró insertarse en la lógica regional, combinando logística internacional, distribución local y control territorial, y operar durante unos ocho años.
Albín tiene hoy 38 años, Betito Suarez tiene 41 o 42, y Marset tiene hoy 34 años. Fue cinco años preso, a los 22, y salió en 2018. Tuvo siete años de «reinado» en la imagen de los pobres botijas que veían en él una posibilidad para su propio futuro, mientras costeaba su clandestinidad haciendo ricos a otros. Hace al menos cuatro años que no ve a su esposa, Gianina García Troche, detenida en Paraguay, y ya no la verá por tres décadas más -puede estimarse- que recibirá de condena en EEUU.
El negocio del lavado permanece en pie; tanto así que no se nombran siquiera los montos y a las contrapartes del lavado hecho por la ‘línea de tres’. El negocio de la droga ilícita permanece porque no se erradica a la droga curando y disuadiendo a los usuarios, y la marginalidad producirá nuevos Albin, Betitos y Marset. Y los periodistas seguiremos informando lo que podemos sobre el tema.
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