Luego del secuestro de Maduro; ¿Qué escenario político abre la intervención de Estados Unidos en Venezuela?

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  Fernando Estenssoro, analista internacional y académico la Universidad de Santiago de Chile- Usach, advierte que el secuestro de Nicolás Maduro constituye un acto de fuerza que no altera el control del chavismo y revela que el verdadero objetivo de Washington es el petróleo venezolano.

El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, en una operación de carácter militar ejecutada fuera de su territorio, reconfiguró el escenario político de Venezuela y abrió un debate internacional sobre soberanía, derecho internacional y uso de la fuerza. Lejos de significar una transición democrática, el operativo derivó en la asunción inmediata de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, confirmando la continuidad del poder chavista.

Rodríguez juró como presidenta ante la Asamblea Nacional en un contexto marcado por la presencia militar extranjera y la tensión diplomática. “Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión militar ilegítima”, afirmó durante su juramento, en una alusión directa a la intervención estadounidense.

Horas después, encabezó su primer Consejo de Ministros junto a Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, en una señal clara de cohesión interna del régimen frente a lo que desde Caracas se define como un secuestro del mandatario.

En paralelo, Maduro y su esposa, Cilia Flores, se declararon no culpables ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. “Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente”, declaró el exmandatario, en una comparecencia que profundizó las críticas al secuestro y traslado forzado del jefe de Estado a Estados Unidos.

Un acto de fuerza que no cambia el poder- Para Fernando Estenssoro, analista internacional y académico del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, el secuestro de Maduro debe leerse como una demostración de poder y no como un quiebre institucional.

“Venezuela sigue con su gobierno constitucional. Maduro fue sacado por la fuerza, pero asumió su vicepresidenta. El régimen del Partido Socialista Unificado sigue intacto y funcionando”, señaló el académico.

Desde su perspectiva, la operación estadounidense vulnera principios básicos del derecho internacional, pero no logra alterar el control político interno. “Se trata de un secuestro político que no genera transición ni democratización”, advirtió.

La oposición como actor funcional al relato externo- Estenssoro fue crítico respecto al rol de la oposición venezolana, a la que calificó como un actor sin capacidad real de disputar el poder.  “La oposición existe en la prensa internacional y en los discursos diplomáticos, pero no tiene control territorial, social ni militar. No está en condiciones de hacerse cargo de Venezuela”, afirmó.

El académico agregó que figuras como María Corina Machado o Edmundo González no representan una alternativa viable. “Instalar a la oposición por la fuerza solo abriría un escenario de confrontación armada y posible guerra civil, lo que obligaría a Estados Unidos a una ocupación prolongada y costosa”.

Petróleo, no democracia- Desde esta mirada, el trasfondo de la intervención estadounidense es económico y estratégico. “Aquí no hay una preocupación real por los derechos humanos o la democracia. Lo que está en juego es el control del petróleo venezolano”, sostuvo Estenssoro.

Tras el secuestro de Maduro, Donald Trump declaró que uno de los objetivos centrales de la operación era poner el sector petrolero venezolano bajo control estadounidense y permitir que empresas norteamericanas lo reconstruyan.

“Trump necesita una Venezuela estable, que no le genere costos políticos ni militares, y que le entregue petróleo barato. Esa estabilidad solo puede garantizarla hoy el régimen chavista”, explicó el académico.

Delcy Rodríguez y la negociación bajo presión- En este contexto, la figura de Delcy Rodríguez emerge como pieza clave. “Ella va a defender los intereses venezolanos en una negociación profundamente asimétrica, donde Estados Unidos impone condiciones mediante la amenaza permanente de intervención”, indicó Estenssoro.

El académico advirtió que, si Washington no obtiene lo que busca, la presión se mantendrá. “Estados Unidos ya ha dejado claro que seguirá interviniendo si no consigue todo lo que quiere”.

Soberanía vulnerada y precedente regional- El análisis concluye con una advertencia sobre las consecuencias regionales. “Cuando una potencia se arroga el derecho de secuestrar a un presidente en ejercicio, el mensaje es claro para toda América Latina: la soberanía es negociable si hay recursos estratégicos de por medio”.

Para Estenssoro, el caso venezolano expone una lógica cruda. “Aquí no estamos hablando de democracia. Estamos hablando de petróleo, poder y control geopolítico”, concluyó.

No solo petróleo, también gas natural, oro, hierro, coltán, cobre, níquel y titanio: Los intereses de Trump detrás del ataque a Venezuela

EE.UU. bajo la administración de Trump, ha señalado en su campaña bélica, que las razones de su ofensiva contra Venezuela es contra el narcoterrorismo e ilegitimidad del Gobierno. Sin embargo, ha quedado en evidencia, que el verdadero objetivo es apoderarse de su petróleo y, crucialmente, de minerales estratégicos como tierras raras y diversos yacimientos. Trump afirma que estará «muy involucrado» en la industria petrolera y en “la transición política venezolana”. 

Según su análisis, Estados Unidos también mira con atención la vasta riqueza que incluye oro, hierro, bauxita, coltán, cobre, níquel, titanio y, crucialmente, tierras raras. Estos últimos minerales, esenciales para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, armamento, chips y tecnologías renovables, son estratégicos en la disputa comercial global, un mercado dominado en un 70% por China. Venezuela se convierte así en un tablero clave en la competencia por insumos críticos.

Control petrolero y transición política- Trump ha dejado clara su intención de que Estados Unidos esté “muy involucrado” en el futuro de la industria petrolera venezolana, como reporta Público.es.

Afirmó que su país no permitirá que alguien retome “donde él [Maduro] lo dejó” y confirmó que “EE.UU. planea participar activamente en esta industria”, según agencias citadas en el tercer texto. Esta postura intervensionista se extiende al ámbito político, donde Trump afirmó que su administración está “influyendo en la selección de futuros líderes en Venezuela”.

Analistas coinciden,  en que el eje central del conflicto trasciende la retórica democrática y se centra en el control de recursos estratégicos, el futuro de Venezuela se debate entre una intervención extranjera abierta y una crisis humanitaria y estructural de larga data, donde el petróleo y los minerales críticos pesan tanto.

Fuente; El ciudadano

 

 

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