La banda que tenía a Jeffrey Epstein como piñón de transmisión del deseo reclutó a menores desde países de Sudamérica como Brasil. Tuvo en el Presidente de Colombia al contacto más importante del subcontinente. Enlazaba a Uruguay con la Argentina a partir de los desfiles de modelos –varias, menores de edad– donde uno de los que cobraba era el peluquero Roberto Giordano. Otro enlace que suministraba chicas era el fundador de una agencia de modelos, Jean-Luc Brunel, quien terminó tan suicidado como el amigo de Donald Trump y como una de las denunciantes, o como Pedro Gaspar, promotor de sus fiestas, muerto tras una sospechosa sobredosis en 2012.
Esto y más vino a ser confirmado a partir de que el Departamento de Justicia estadounidense liberó gran parte de los tres millones de páginas de documentos de Epstein que incluyen fotos, videos y sus correos electrónicos con líderes del mundo, en los que –además de hablar de las chicas– versan acerca de tráficos de niños, torturas y crímenes como el canibalismo.

Su reclutador francés habla de Argentina.
Una agencia de Buenos Aires negó contactos con Epstein y explicó que la mencionaron debido a una posible “suscripción”, según le respondieron a Camila Dolabjian, de Radio Rivadavia, quien además halló tres menciones al Grupo Faena que, por supuesto, no implican responsabilidad dolosa.
- El 25 de octubre de 2012, Brunel reenvíó a Epstein mensajes acerca de la contratación de una ucraniana para modelar en eventos del grupo argentino, además de “apariciones, presencias, reuniones con clientes, comunicados de prensa y sesiones fotográficas”. Al mes siguiente, el intermediario Brunel le escribió a Epstein: “Quiero cancelar Argentina y quedarme en América la semana siguiente”.
- Desde abril de 2016, Epstein recibió de su contador Richard Kahn artículos sobre condominios del Faena House en Miami e información sobre tres propiedades de entre 16 y 18 millones de dólares que insistía en comprar a través de otro socio, Leon Black.
- En julio de 2018, Epstein recibió un newsletter desde el Core Club, que él financiaba. Promocionaba “una oferta especial de nuestros amigos en Faena Rose” –dedicada a eventos– que invitaba a “un viaje muy curado a Buenos Aires desde el 3 al 8 de septiembre” y daba los nombres de dos anfitriones a quienes conocían.
Giordano
En Uruguay, Epstein estuvo hacia 2016. Lo que se sabe hasta ahora es que consideró a Punta del Este como más importante que reunirse con el ex Primer Ministro de Israel, Ehud Barak, a quien le canceló una reunión para venir a ver al peluquero quilmeño. Así consta en los correos electrónicos del 29 de diciembre de 2016. “Por esa fecha no había desfiles”, se desligó Teté Coustarot.
Roberto Giordano recibió cinco pagos de 500 dólares cada uno desde la cuenta de Epstein en el JP Morgan Chase (el banco fue demandado en 2022 desde el gobierno de las Islas Vírgenes, por haber “facilitado, apoyado y ocultado la red de tráfico de personas”).
Los pagos a Giordano se dieron como parte de un contacto que se extendió por lo menos una década, mientras armaban los megadesfiles en los que modelaban Nicole Neumann (quien empezó a los 12 años), Andrea Frigerio o Dolores Barreiro, con un público que fluctuaba entre Alain Delon, Mirtha Legrand, Sophia Loren y Susana Giménez.
Giordano trepaba estafando a cualquiera, incluso a los más cercanos, como a su hermana, quien debió llevarlo a juicio por una propiedad, cuyo acuerdo no cumplió, o la falta de pago de aportes a más de medio millar de sus trabajadores, con lo que también defraudó al Estado, por lo que fue condenado a dos años y cuatro meses de prisión. Tal vez a eso se refería con su queja ante la ”inseguridad jurídica” argentina, por lo que pasó sus últimos años radicado en Uruguay, antes de su muerte en noviembre de 2024.
Sus desfiles “eran una venta de carne”, resumió Roberto Piazza, quien había trabajado con el estilista desde 1982, presentados por Mirtha Legrand. Lo dijo en una entrevista televisada para el grupo Clarín, donde el conductor del programa lanzó que “después de los desfiles se hacían fiestas con alcohol, drogas y menores”.
Colombia
Andrés Pastrana dejó de ser Presidente de Colombia (1998-2002) cuando tenía 48 años, momento del que datan los primeros correos con Ghislaine Maxwell, la pareja de Epstein. Compartía con ella la pasión por el pilotaje de helicópteros, lo que le sirvió para justificar la “amistad”, ahora que la foto de ambos fue difundida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en la que ella viste el uniforme de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Acostumbrado a volar, hacia marzo de 2003, el ex Presidente se subió a un avión de Epstein en Palm Beach (Florida) para ir a Nassau (Bahamas), habitual parada antes de acceder a Cuba, donde Fidel Castro ayudaba a negociar la paz con la guerrilla de las FARC. Puede ser.
También es posible que con Epstein tuviera contacto desde antes de dejar la Presidencia ya que, entre los números que dejó, estaban la dirección y teléfonos del palacio presidencial (además del de otros amigos), según la publicación El pequeño libro negro de Epstein (2015). Fue una raya más al tigre colombiano que, en 2013, había sido vinculado con el financiamiento por parte del cartel de Cali en boca de otro ex Presidente, y en 2021 aparecería en los Papeles de Pandora, por tener una empresa en la guarida fiscal de Panamá.
Como la foto y la agenda no prueban delitos, Pastrana pudo declarar: “Nunca conocí la infame isla”. Además manifestó que desconocía lo que hacía el tipo con quien “no tenía confianza”, aunque se subía a su avión (al igual que algún diputado argentino, salvando las diferencias). Aun así, en estos días, afronta una denuncia penal por parte de un candidato presidencial, a partir de que se conociera que había invitado a la cómplice del pederasta a volar helicópteros Black Hawk en operaciones de guerra en la selva sudamericana.

El plan de vuelos de Andrés Pastrana.
Espionajes
Hacia 2019, Horacio Verbitsky había publicado: “El procurador general designado por el Presidente Trump, William Barr, firmó un acuerdo con su contraparte británica, Priti Patel, de acceso a los datos electrónicos de los ciudadanos del otro país, que las compañías tecnológicas deberían entregar sin restricciones. Fue la primera aplicación de la ley Cloud, aprobada en el Congreso de Estados Unidos en 2018. Barr y Patel respondieron a las críticas argumentando que la ley reforzaría los derechos civiles, al aplicarse para combatir a pedófilos y al crimen organizado, aunque ninguno mostró interés en perseguir la red del pedófilo Epstein, que ha sido vinculada tanto a organizaciones criminales como a organismos de inteligencia de Estados Unidos e Israel. Se publicó que el padre de Barr fue uno de los clientes de Epstein, como Trump. Epstein fue fundador de la compañía tecnológica Carbyne 911 en sociedad con el ex primer ministro de Israel Ehud Barak y con Peter Thiel, el fundador de Palantir. Carbyne911 es una de las compañías israelíes que venden software en Estados Unidos. Es el tipo de software que Patricia Bullrich adquiere en Israel, vía Mario Montoto. Palantir fue creada en 2004 por el fondo In-Q-Tel, que pertenece a la CIA, y el gobierno de Macri dispuso contratarla para digitalizar la causa AMIA, como narró Jorge Elbaum en El Cohete”.
En una grabación desclasificada por estos días, Epstein animaba a Barak a “considerar” trabajar con Palantir. En los correos filtrados se ve que Epstein aprovechó su relación con Barak para acercarse a un ex director de Inteligencia de Señales israelí. En uno, lo felicitaba por su “gran e impresionante isla”.
Tras la muerte de Robert Maxwell –padre de Ghislaine, su pareja–, Epstein especuló por escrito que aquel fue asesinado por chantajear al Mossad a cambio de 400 millones de libras para no revelar que espiaba para ellos.
El Cohete había publicado que “el chantaje sexual por parte de las agencias de inteligencia no es exclusivo de Epstein”.
Se sabía
Epstein acumula historiales de abuso desde 1975, cuando tenía 22 años, según la declaración de una mujer que fue su víctima cuando tenía 11.
Fue denunciado por primera vez a partir del testimonio de María Farmer hacia 1996, y su hermana menor de edad, quienes relataron su trauma a Vicky Ward, de la afamada revista Vanity Fair, párrafos no publicados en la edición final.
Su rastro de abusos fue retomado por la periodista Julie Brown en 2018, quien localizó a 60 de 80 víctimas que identificó. Así reveló que unas trillizas de Francia volaron hacia la mansión de Epstein como regalo de cumpleaños, que consistió en su abuso antes de ser regresadas: tenían 12 años.
Algo análogo es conocido en Buenos Aires por las nenas de secundaria que padecieron a proxenetas del poder como el ex concejal Daniel Zisuela en el sur del conurbano.
Protección
Epstein confiaba en que las causas no avanzarían. Ofrecía suculentas donaciones a la Comisaría de su zona. Cuando fue denunciado por abuso de menores, negoció una aceptación de cargos que cerrara el proceso y fue a una prisión con comodidades, de donde podía salir seis jornadas a la semana, durante doce horas diarias.
El fiscal federal Alex Acosta, que facilitó el acuerdo, se lo ocultó a las víctimas. Pasaría a ser secretario de Trabajo de la administración Trump. Cuando terminó la «condena», en 2009, el legislador de distrito que incluía la mansión de Epstein lo invitó a desayunar. Varios senadores lo convocaron a sus eventos entre 2011 y 2017. Harvard lo recibió cuarenta veces tras su salida de prisión.
A esa universidad le había donado 6,5 millones de dólares (2003) para el Programa de Dinámica Evolutiva que dirigía Martin Nowak, quien, en un correo de 2014, le preguntó: “¿La torturaste?”
Los tormentos aparecen también mencionados por Epstein. “Me encantó el video de tortura”, le escribió al sultán Ahmed bin Sulayem, de los Emiratos Árabes Unidos, cuyo nombre había sido omitido en la primera desclasificación. Otros nombres tachados de los documentos fueron descubiertos por los congresistas Ro Khanna (demócrata) y Thomas Massie (republicano). “Si en dos horas encontramos a seis, imaginen a cuántos están encubriendo en esos tres millones de archivos”, declaró el primero. Se refería a Leslie Wexner, ex director ejecutivo de la lencería Victoria’s Secret; Salvatore Nuara, Zurab Mikeladze, Leonic Leonov, Nicola Caputo y Khanna.
El multimillonario Wexner fue señalado como posible cómplice de Epstein en un documento del FBI (2019). Sin embargo, ningún proceso judicial se le conoce, a diferencia de G. Maxwell, condenada a prisión por su rol de madama.
Ghislaine y Epstein usaron como “incubadora humana” a una menor para gestar un hijo suyo. “Parecido a lo que hacían los nazis”, al intentar un “acervo genético superior”, según el diario de una víctima que escribió que le quitaron a la beba recién nacida. Ya en 2019, The New York Times había informado con citas de conocidos suyos y registros públicos que Epstein planeaba usar la finca con embarazos en pos de “sembrar la raza humana con su ADN”.
Esta comparación con los nazis fue reinterpretada por el intelectual argentino Eric Calcagno, quien, al crimen de Estado nazi, contrapone “el crimen de mercado”. En su favor aparece el aval de algunos datos, como que Epstein financió cenas privadas con multimillonarios de Silicon Valley, eventos organizados por la Fundación Edge de John Brockman, quien presumía: “El patrimonio de los 40 invitados a mi cena de multimillonarios de 2014 equivalía a la riqueza del 60 % de todos los estadounidenses”.
*Este artículo fue inicialmente publicado por El Cohetealaluna (ar)
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