“El Día D: Bajo Presión”: La guerra en clave retórica

Tiempo de lectura: 9 minutos

El fantasma de la guerra, la muerte, las decisiones políticas y la estrategia militar para derrotar a un enemigo ominoso, son los cuatro pilares que sustentan “El Día D: Bajo Presión”, el largometraje bélico del realizador australiano Anthony Maras, que ensaya una mirada totalmente diferente sobre el desembarco aliado en Normandía, acaecido el 6 de junio de 1944, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

El desembarco aliado en Normandía, que contó con la participación de fuerzas de 15 países occidentales, aunque en su mayoría eran británicos y estadounidenses, fue el mayor ataque por mar de la historia,  que reunió a más de 150.000 soldados, quienes  cruzaron el Canal de la Mancha a bordo de 5.000 barcos y lanchas.  La masiva ofensiva militar, que se concentró en cinco playas, enfrentó una dura resistencia de los nazis. En la batalla murieron aproximadamente 10.000 efectivos, sumando las bajas de ambos bandos.

Fue el comienzo de la ofensiva en el frente occidental, que permitió liberar a los países ocupados por tropas alemanas del 

Oeste europeo y seguir avanzando hacia el objetivo, que era, sin dudas, Berlín, la capital del Tercer Reich.

Más allá de trabajos documentales, este episodio de la Segunda Guerra Mundial fue adaptado al cine más de una docena de veces, con mayor o menos énfasis en la crudeza y violencia de los enfrentamientos. Al respecto, cabe recordar “El día más largo del siglo” (1963), una ambiciosa coproducción dirigida por Ken AnnakinAndrew MartonDarryl F. ZanuckBernhard Wicki y  Gerd Oswald, “Una roja división de choque” (1980), dirigida por Samuel Fuller, “Olverlord (1975), un sobrio docudrama británico que mixtura la ficción con archivos históricos y “Rescatando al soldado Ryan” (1998),  un formidable film bélico de Steven Spielberg,  que retrata, mediante un magistral trabajo de filmación con cámara en mano y montaje, toda la crudeza de un enfrentamiento realmente pesadillesco,

Al respecto, cabe consignar que la primera fase de la guerra fue asumida por Gran Bretaña, que junto a otros aliados de menor poderío militar, combatió al poderoso ejército nazi para evitar que se apoderara de todo el continente  europeo,

De todos modos, la historia oficial suele atribuirle a los aliados una trascendencia excesiva en el desarrollo y el desenlace de la guerra, cuando en realidad el país que derrotó al monstruo nazi fue la Unión Soviética, que luego de padecer  la ofensiva y los bombardeos de artillería pesada y de tanques de guerra alemanes en su propio territorio, inició una furibunda contraofensiva el 5 de diciembre de 1941, incluyendo la crucial batalla de Moscú, que fue el auténtico punto de inflexión de la guerra, En tal sentido, otros episodios que ameritan ser mencionados, tras la liberación de los países ocupados en Europa Oriental, acaecieron a partir del 16 de abril de 1945, cuando el ejército rojo comenzó la primera fase de su ofensiva sobre Berlín. Luego, el 25 de abril las fuerzas rusas se concentraron al oeste de la capital alemana, completando el cerco de la ciudad y neutralizando a las defensas nazis,

Recién el 2 de mayo de ese año, luego de intensos combates dirimidos en plena área urbana, la Alemania nazi, que ya no era liderada por Adolf Hitler, quien presuntamente se había quitado la vida el 30 de abril cuando advirtió que la guerra ya estaba perdida, terminaron por capitular y rendirse,

En realidad, Rusia fue el país que padeció más bajas, con más de 27 millones de muertos, en una cruenta conflagración bélica que provocó la pérdida de entre 60 y 80 millones de personas, el 75% de las cuales eran civiles.

Si bien la mayor conflagración bélica del siglo pasado culminó recién en agosto de 1945 con la rendición de Japón, luego de los  demenciales holocaustos nucleares de Hiroshima y Nagasaki perpetrados por Estados Unidos, fue Europa el continente que más sufrió la alienada aventura imperialista del fanatismo nazi y, en particular la Unión Soviética, cuya participación, que no es valorada como es debido por prejuicios ideológicos, fue determinante para cambiar el curso del conflicto bélico.

“El Día D: Bajo Presión” no se parece en nada las producciones que le precedieron sobre el mismo tema, en tanto no toma como foco la invasión en sí misma, que ocupa apenas algunos fragmentos del relato, sino la logística de la invasión.

En tal sentido, hay una plausible utilización de material de archivo, que recrea, en clave documental, diversos aspectos del masivo desembarco, en sintonía con la placa impresa sobre fondo negro que abre el relato, advirtiendo que esta es una historia real y no una mera ficción del tan taquillero género bélico.

Empero, lejos de lo habitual en las películas de guerra, la clave argumental es la disputa retórica entre dos meteorólogos, a los efectos de determinar cuál es el día  más propicio para concretar la invasión, sin que esta sea condicionada por factores climáticos, en un lugar que ya de por sí resulta complejo, ya que se trata de un espacio costero abierto, que no otorga posibilidades de protección a los soldados que participen en la operación.

Por ende, no basta con la estrategia militar de los mandos que tienen a su cargo la dirección de la operación. También se requiere asesoramiento técnico, para evitar que el clima se transforme en un obstáculo que pueda malograr los planes de los aliados. En efecto, el objeto no es sólo tomar el control de la faja de playas de Normandía, sino también minimizar las bajas, porque los soldados que participan en la invasión están claramente expuestos al fuego enemigo, que aguarda bien agazapado y adecuadamente pertrechado para repeler del ataque,

En ese contexto, los que adquieren por momentos hasta más importancia que los jefes militares, porque actúan como asesores y sus opiniones deben ser atendidas, son dos meteorólogos. El relato, que tiene un origen teatral, un formato que en buena medida respeta este film, tiene como protagonistas al jefe militar de los meteorólogos británicos, el capitán James Stagg (Andrew Scott) y a su par estadounidense, el coronel Irving Krick (Chris Messina). Ambos, con sus respectivos informes, deben reportarse al poderoso general Dwight “Ike” Eisenhower (correctamente interpretado por Brendan Fraser). Se trata del comandante en jefe de la operación, un militar que luego fue electo en dos oportunidades como presidente de los Estados Unidos,

En ese marco, esta película  es un duelo retórico con sustento técnico, en el cual cada uno expone sus tesis y sus argumentos en torno a cuándo y cómo se debería actuar en Normandía, con un comandante militar de por medio que debe escuchar antes de tomar decisiones. Por razones obvias, la película pierde nervio narrativo, aunque ello es naturalmente inevitable.

La presión a la que alude el título de este relato es la premura con la cual se debe actuar, para evitar que el enemigo reaccione a tiempo. En efecto, los nazis, que estaban al tanto de la inminente invasión, no tenían certezas, ya que desconocían el lugar y el momento en el cual esta se concretaría. ¿Por qué? Porque Los aliados elaboraron una estrategia de engaño y mediante la Operación Bodyguard y la Operación Fortitude desconcertaron a la inteligencia germana, Al respecto, convencieron a los nazis que el ataque principal ocurriría en el Paso de Calais (el punto más estrecho del canal de la Mancha) y no en Normandía.

Incluso, utilizaron tanques hinchables, campamentos falsos y transmisiones de radio engañosas para mantener el secreto, con el propósito de no permitir al ejército germano que concentrara todas sus fuerzas en los lugares seleccionados. Gracias a ese plan encubierto, los puntos del desembarco no estaban debidamente protegidos, lo cual resultó fundamental para el éxito de la operación militar.

Solucionado el tema del lugar, en este caso la costa francesa de Normandía, lo realmente clave era determinar el momento ideal y, en ese contexto, la visión de los meteorólogos resultaba fundamental. En tal sentido,  el capitán escocés James Stagg, un experto en la materia, debe abandonar  transitoriamente a su esposa en el momentos menos oportuno, cuando está a punto de parir un hijo. El problema es que su opinión -que apuntaba a postergar la acción- contrasta con la de su colega Irving Krick. La responsabilidad de ambos era por cierto mayúscula, ya que deben pronosticar si habrá mucho viento o nubes bajas. En efecto, el Canal de la Mancha es una zona muy peligrosa, con tormentas frecuentes, vientos huracanados  y corrientes marinas inestables. Es muy habitual que se registren borrascas en el océano Atlántico, que  chocan aquí de forma constante, lo que provoca cambios rápidos en el clima. Además, los vientos fuertes generan olas cortas y rápidas que complejizan la navegación. Asimismo, las mareas suben y bajan con mucha fuerza debido a lo estrecho del canal, a lo cual se suma el choque entre diferentes temperaturas del agua y el aire, lo cual genera bancos de niebla y obviamente dificulta la visibilidad,

No se trata solo de predecir si habrá tormenta, nubes bajas u olas complejas de ser navegadas. Miles de vidas están en juego y también el curso de la Segunda Guerra Mundial. En ese marco, los dos meteorólogos, que en su profesión apelan a la matemática y la física, deben elaborar sus informes, en un tiempo histórico en el cual no disponían de la avanzada tecnología que existe en el presente para emitir pronósticos. 

Todo sucede a apenas 72 horas del momento previsto para concretar el histórico desembargo, El general Dwight D. “Ike” Eisenhower (Brendan Fraser) espera el dictamen de los meteorólogos para confirmar la gigantesca operación militar en playas francesas En ese contexto, Eisenhower se muestra desbordado, mientras su par británico, el mariscal de campo Bernard Montgomery (Damian Lewis), manifiesta toda su soberbia, corroborando que le incomoda tener que compartir el comando del ataque con un estadounidense prestigioso.

Al igual que en el caso de los meteorólogos que disienten   y confrontan permanentemente sus `posturas, también entre los comandantes hay una lucha de egos que se nota claramente. En tal sentido, mientras  Dwight D. Eisenhower era un militar diplomático que logró unir a las tropas aliadas y prefería el consenso antes que la confrontación, Bernard Montgomery era todo lo contario, Pese a que tenía mucha sabiduría militar y un innegable don de liderazgo, era una persona rígida,  esquemática y arrogante a quien no le agradaba compartir decisiones con nadie. El intransigente oficial británico había ganado un justificado prestigio, cuando, en octubre de 1942, derrotó 

al mariscal alemán Erwin Rommel, conocido como el “Zorro del Desierto”, en la Segunda Batalla de El Alamein, que tuvo como escenario el norte de África, concretamente Egipto. La contienda tenía como propósito tomar el control del Canal de Suez, que era considerada una zona estratégica, Luego, en plena ofensiva en tierra, Montgomery volvió a rivalizar con otro oficial americano, que en este caso era el general George Patton, quien era tan o más arrogante que su par británico.

A diferencia de otros filmes precedentes que abordan el mismo tema, en este caso casi todo se reduce a una mera contienda retórica entre dos personalidades fuertes y poco transigentes, cuyo vínculo, que es meramente profesional, está contaminado por el resentimiento y la ansiedad,

Aunque el indisimulable origen teatral de este largometraje le resta dramatismo a uno los hitos más trascendentes de la Segunda Guerra Mundial, las buenas actuaciones protagónicas le otorgan a la trama una plausible profundidad psicológica que está ausente en otras películas del género bélico. En efecto, esta propuesta está claramente dirigida a una audiencia más reflexiva y no a quienes tienen la expectativa de visionar escenas de trepidante acción, con el desembarco como núcleo de la narración. 

Por supuesto, en este caso la prioridad es atisbar cómo se cocinó la ofensiva militar entre bambalinas, lo cual no deja de ser un abordaje novedoso en una temática recurrente recreada en la pantallas grande, en productos, en muchos casos de baja calidad artística, en los cuales lo primordial es la mera acción física, entre el tableteo de las ametralladoras, las explosiones, la sangre y los grandes despliegues de tropas. Por cierto, aquí tampoco está presente el habitual heroísmo patriotero que se atribuyen los norteamericanos, que, indirectamente, también estaban rivalizando con la Unión Soviética, cuyo poderoso ejército en el frente oriental masacró literalmente a las tropas nazis y cerró un cerco en torno al Berlín, hasta la rendición del Tercer Reich.

Aunque no se explicite en esta película, esa confrontación con la URSS estalinista era también por entonces una contienda de naturaleza ideológica, entre el modelo liberal característico de Occidente y el socialista del bloque oriental. No en vano, al concluir la guerra, Alemania fue partida en dos naciones independientes entre sí. Una de ellas, la capitalista, con su capital radicada en Bonn, y la otra comunista, cuya capital por entonces era Berlín Este. Posteriormente, el Muro de Berlín, que dividió a la ciudad, materializó esa rivalidad ideológica, que se dirimió en la denominada Guerra Fría, pero jamás llegó a la confrontación militar abierta,

Empero, “El Día D: Bajo Presión” soslaya deliberadamente todas esas derivaciones e incluso no pone la Segunda Guerra Mundial en contexto, lo cual, desde nuestro punto de vista, es una carencia, porque el cine está dirigido a una audiencia diversa que no necesariamente conoce el desarrollo de los acontecimientos.

En cambio, este film privilegia un formato de cámara cerrada, en el cual lo prioritario son los debates que se dirimen en el seno del comando militar a cargo de la ejecución del desembarco, con dos científicos asesores como figuras protagónicas de las decisiones. En efecto, en este relato la guerra se desarrolla más en los escritorios y sobre  la cartografía que en el campo de batalla en sí mismo, con la tensión propia de un clima bien confrontativo y una contienda que tiene mucho de retórica. Los plazos para tomar decisiones son perentorios, lo que se trasluce en la ansiedad y en las disfunciones psicológicas de todos los personajes, que están muy bien administrados por la plausible dirección del realizador australiano Anthony Maras

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

 

FICHA TÉCNICA

El Día D: Bajo presión. Reino Unido-Francia-Estados Unidos/2026). Dirección: Anthony Maras. Guion: David Haig y Anthony Maras. Fotografía: Jamie Ramsay. Música: Volker Bertelmann. Edición: Anthony Maras. Reparto: Andrew Scott, Brendan Fraser, Chris Messina, Kerry Condon y Damian Lewis. 

 

 

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.