El Eje de la Resistencia | Los hutíes se adueñaron del Mar Rojo

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La situación militar en el mar rojo evoluciona a facvor de los hutíes, que conquistaron ya ambas márgenes del estrecho de Bab el-Mandeb. Por ahora, sólo impiden el paso de los petroleros de Arabia Saudita.

Yemen volvió a un estado de guerra en julio 2026 en el contexto del conflicto entre Irán y Estados Unidos tras años de relativa calma gracias a una tregua entre el gobierno yemení y los hutíes. El colapso repentino de la tregua se produjo en un punto entre jueves y viernes, y en 36 horas pasó de estar prácticamente paralizada a una ofensiva a gran escala que cambió el mapa militar casi de la noche a la mañana.

En estas horas, los hutíes tomaron el estrecho de Bab el-Mandeb, comenzando por el puerto de Mocha (jueves 10 de septiembre), tras semanas de ataques con misiles que habían paralizado sus operaciones desde agosto.

El viernes 11 se apoderaron de Hanish Mayor y Hanish Menor, las dos últimas islas que quedaban fuera de su control en el estrecho, completando así el control total de Bab el-Mandeb, paso por donde transita cerca del 10% del comercio petrolero mundial y un cuarto del tráfico mundial de contenedores.

Según CNN, un alto funcionario yemení había advertido repetidamente al CENTCOM estadounidense de que la situación se volvía crítica, sin que se tomaran medidas a tiempo.

Arabia Saudita respondió con bombardeos masivos: en 48 horas realizó 129 ataques aéreos sobre las provincias de Taiz, Hodeida, Marib, Al-Jawf, Saada, Amran y Hajjah.

Los hutíes reivindicaron ataques con drones y misiles contra una base militar saudí en Sharurah, y un proyectil impactó en Al-Tawwal, hiriendo a dos personas y dañando una mezquita y viviendas. Los combates de la última semana han dejado más de 500 muertos, en su mayoría combatientes.

Un funcionario estadounidense confirmó que unos 200 soldados de EE.UU. están en Arabia Saudita como parte de un comando conjunto formado recientemente, ante señales de que Irán intensificaba su apoyo a los hutíes. El impacto económico y estratégico del reposicionamiento militar se expresa teniendo en cuenta que por el corredor de Bab el-Mandeb circularon 8,1 millones de barriles diarios de crudo en el segundo trimestre de 2026 (cerca del 8% de la oferta mundial), y el Brent ya superó los 105 dólares.

El general yemení Duwaid advirtió que los hutíes buscan replicar en Bab el-Mandeb el modelo del estrecho de Ormuz —ya condicionado por la guerra con Irán—, lo que le daría a Teherán control de facto sobre dos rutas marítimas cruciales simultáneamente.

Una interrupción sostenida obligaría a los buques Asia-Europa a rodear África por el cabo de Buena Esperanza, con semanas adicionales de navegación y costos significativos, golpeando especialmente a Arabia Saudita, que había desviado buena parte de sus exportaciones hacia el mar Rojo.

El gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudita, calificó la pérdida del estrecho como una derrota «profundamente dolorosa», aunque funcionarios yemeníes aseguran que sus fuerzas se están reorganizando para intentar recuperar posiciones.

La reacción hasta ahora es de cautela y desvíos selectivos, y no todavía un éxodo total.

La diferencia clave con la crisis de 2023-2024 es que, por ahora, los hutíes afirman que solo restringirán buques vinculados a Arabia Saudita, no la navegación internacional en general. Eso ha evitado —de momento— una estampida generalizada, aunque la confianza de los operadores es frágil tras los ataques recientes.

De todas maneras, los petroleros buscan alternativas. Entre los movimientos concretos de navieras y petroleras figuran que seis superpetroleros saudíes (operados por Bahri) ya cambiaron de rumbo en el golfo de Adén, alejándose de Bab el-Mandeb y dirigiéndose hacia el sur de África, según datos de seguimiento AIS de LSEG y MarineTraffic. Uno de ellos, el Dilam, puso rumbo a Gibraltar bordeando África. Este desvío implica al menos 25 días adicionales de navegación para regresar a puertos saudíes evitando Suez.

El mercado de seguros marítimos de Londres amplió su zona de «alto riesgo» en el mar Rojo, incluyendo ahora aguas cercanas a más puertos saudíes, lo que encarece las primas para cualquier buque que opere en la zona.

Ante la amenaza en Bab el-Mandeb, los petroleros saudíes desde el puerto de Yanbu están desviándose hacia el canal de Suez en lugar de bajar hacia el estrecho. Los buques demasiado grandes para Suez descargan crudo en Ain Sokhna (Egipto), que se transporta por oleoducto hasta Sidi Kerir, en el Mediterráneo, donde otros barcos lo recogen.

Cerca del 70% de las exportaciones de crudo de Yanbu ya usan esta ruta.

Es una solución cara y lenta: el tránsito hacia destinos como Corea del Sur pasa de 24 a 54 días. Esta vía permite a los saudíes redirigir hasta 3 millones de barriles diarios.

Desde que los ataques hutíes se intensificaron a fines de 2023 (por la guerra en Gaza), numerosas navieras ya habían desviado sus rutas por el cabo de Buena Esperanza. El tráfico general por Bab el-Mandeb sigue un 60% por debajo de los niveles previos a esa crisis, así que buena parte del sector nunca volvió del todo a la ruta corta.

Lo que preocupa a los analistas ahora es que con el control hutí ya consolidado sobre el estrecho completo (incluyendo la isla de Perim/Mayun, que divide los dos canales navegables), el riesgo cualitativo es mayor que en 2023-24: antes eran ataques puntuales contra buques en tránsito; ahora los hutíes tienen posición territorial directa sobre el paso, lo que les da capacidad de control mucho más sostenida. Si las garantías hutíes de «no tocar» el tráfico no-saudí fallan o se amplían las restricciones, el sector espera una nueva ola de desvíos masivos por el cabo de Buena Esperanza, replicando lo ya visto tras 2023 pero a mayor escala.

Los precios del petróleo tuvieron un repunte fuerte seguido de una corrección hoy. Con el avance hutí de esta semana, el Brent superó los 100 dólares el jueves 10 y llegó a rondar los 104-109 dólares en los días siguientes, alimentado también por el cierre casi total del estrecho de Ormuz por la guerra con Irán —las dos rutas petroleras clave de Oriente Medio bajo amenaza simultánea.

Hoy domingo 13, sin embargo, las cotizaciones muestran una corrección: el Brent cotiza en torno a 104,1-104,3 dólares, con una caída de unos -3% respecto al cierre anterior (los datos varían levemente entre proveedores, entre 104,14 y 104,47 USD). El WTI ronda los 99,8 dólares.

Esto, en el c ontexto de que en 2026 el Brent acumula una subida superior al 60%, marcada por sucesivos episodios: cierre de Ormuz en julio (+9,4% en un solo día), bombardeos de EE.UU. a Irán, y ahora la toma hutí de Bab el-Mandeb.

Las navieras, por su parte, pasaron de un regreso cauteloso a un nuevo frenazo, Durante 2026, tras casi dos años evitando el mar Rojo, las grandes navieras habían iniciado un regreso progresivo y estructural a la ruta de Suez:

Maersk fue la primera en pasar de «cruces de prueba» a un regreso estructural, empezando por su servicio MECL (Medio Oriente-India-costa este de EE.UU.). Llegó a completar 11 tránsitos semanales por Bab el-Mandeb en ambas direcciones, y afirmó que más del 30% de sus volúmenes desviados por el Cabo habían regresado a Suez.

CMA CGM iba incluso por delante, con 15 tránsitos semanales. MSC y partes de la Ocean Alliance también habían retomado la ruta, igual que la Premier Alliance a través de los espacios del servicio Tiger de MSC. Aun así, el tráfico total del Canal de Suez seguía un 41% por debajo de los niveles previos a la crisis de 2023.

Ahora, con la ofensiva de septiembre, no hay aun anuncios formales y específicos de Maersk, MSC o CMA CGM suspendiendo de nuevo sus rutas esta semana. Los hutíes han insistido en que la navegación internacional «es segura para todas las empresas, salvo para los buques saudíes», lo que hasta ahora ha evitado una suspensión generalizada como la de diciembre de 2023 (cuando las cuatro grandes —MSC, Maersk, CMA CGM y Hapag-Lloyd— pararon en bloque tras ataques directos a sus buques). Pero los analistas describen la situación como de máxima cautela: el mercado de seguros de Londres ya amplió su zona de «alto riesgo», y el consenso del sector es que el regreso a Suez es reversible ante cualquier nueva escalada, incluida la propia Maersk.

El elemento nuevo, que preocupa más que en 2023, es que a diferencia de la crisis anterior (ataques puntuales con misiles/drones a buques en tránsito), ahora los hutíes tienen control territorial directo sobre ambas orillas del estrecho, incluida la isla de Perim/Mayun que divide los dos canales navegables. Eso les da una capacidad de bloqueo mucho más sostenida y verificable que antes, lo que explica por qué el crudo saudí ya está desviándose masivamente vía Suez/Ain Sokhna incluso sin que los grandes portacontenedores hayan anunciado aún una retirada formal.

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Los hutíes son un movimiento político y militar yemení, formalmente conocido como Ansar Allah («Partidarios de Dios»), que surgió en el norte de Yemen y hoy controla buena parte del país, incluida la capital, Saná.

El movimiento nació en la década de 1990 entre la minoría zaidí, una rama del islam chiita, concentrada en la provincia de Saada, al norte de Yemen. Toma su nombre de su fundador, Hussein Badreddin al-Houthi, líder religioso que lo creó como respuesta al aumento de la influencia saudí (de corte suní/wahabí) en la región y a lo que consideraban corrupción y marginación por parte del gobierno yemení. 

Aprovechando la inestabilidad que dejó la Primavera Árabe y la caída del presidente Ali Abdullah Saleh, los hutíes tomaron Saná en 2014 y expulsaron al gobierno reconocido internacionalmente, liderado por Abdrabbuh Mansur Hadi. Esto desató una guerra civil que en 2015 llevó a una coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos a intervenir militarmente para intentar restaurar al gobierno depuesto, iniciando un conflicto que ha causado una de las peores crisis humanitarias del mundo.

Los hutíes son parte del llamado «Eje de la Resistencia», la red de grupos aliados o respaldados por Irán en la región (junto a Hezbolá en Líbano, milicias iraquíes y, hasta su debilitamiento, Hamás). Irán les ha proporcionado apoyo político, financiero y militar (incluyendo tecnología de misiles y drones), aunque los hutíes mantienen cierta autonomía operativa.

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