Para un país pequeño como el Uruguay los acontecimientos internacionales tienen un peso importante. Existe incertidumbre económica y derechización política. Seguramente en el campo económico, lo más resaltante es el ascenso de China y la competencia y conflictos con los EE UU. Los aumentos de aranceles que inicia el gobierno de Trump y que contesta con medidas similares China, profundizan las incertidumbres. Si no hay acuerdos se proyectan efectos negativos a nivel mundial.
Mientras tanto, terceros países pueden aprovechar para colocar en EE UU, rubros afectados por los aumentos de aranceles, provenientes de China. También terceros países pueden aprovechar para colocar en China, rubros afectados provenientes de EE UU, especialmente rubros derivados de recursos naturales.
En el plano político, el permanente aumento de las desigualdades son uno de los factores más relevantes
para comprender los descontentos sociales y el avance de la extrema derecha en EE UU, con el Brexit, en Italia, Austria, Polonia y Hungría. La gran novedad es que la extrema derecha se instale en América del Sur, con el triunfo de Bolsonaro en Brasil, que es el principal país de la América Latina con repercusiones relevantes sobre todos los países de la región.
Para un país como Uruguay que exporta básicamente recursos naturales, la influencia de los precios internacionales de sus productos de exportación es muy relevante para su evolución económica. Pero además, sus vínculos con Brasil y Argentina tienen mucho peso. Brasil ha sido por muchos anos su primer comprador de bienes, hoy relegado a una segunda posición por las compras de China. Pero junto a Brasil, Argentina y Paraguay conforman el Mercosur, un proceso de integración económica de extraordinaria relevancia, por su historia, la actualidad y especialmente el futuro, con un mundo donde avanzan las innovaciones y los cambios tecnológicos. Lo relevante para el 2019 serán las decisiones del nuevo gobierno de Brasil con respecto al Mercosur, donde surgen muchas incógnitas e incertidumbres.
La Argentina, el otro gran vecino, sufre una profunda crisis económica con efectos negativos sobre Uruguay. Está aplicando un importante ajuste económico en acuerdo con el FMI con caída del PBI, aumento de la desocupación, alta inflación y descenso de los salarios reales. Pero además, con un aumento del tipo de cambio superior al 100%. Esto repercute negativamente en Uruguay, donde al atraso cambiario de los últimos anos se agrega esta elevada devaluación Argentina. Ello significa menor entrada de turistas argentinos, mayores dificultades de colocar productos industrializados desde Uruguay hacia la Argentina y mayor competencia entre ambos países para colocar rubros similares en mercados externos.
Uruguay va a cerrar el 2018 con crecimiento económico, pero con problemas de inseguridad, de desempleo y de descontentos. 2019 es el ano electoral y el Frente Amplio va por su cuarto gobierno consecutivo. Hay tres encuestas arriba de la mesa. Equipos da primero al partido Nacional con 4 puntos de ventaja sobre el FA; Opción que da empate entre ambos y Radar con 6 puntos de ventaja del Frente Amplio sobre el partido Nacional. Faltan Cifra y Factum. Difícil sacar conclusiones, salvo un probable ballotage entre el Frente Amplio y el partido Nacional, y un importante descenso del FA con respecto a las encuestas del 2013, un ano antes de las elecciones del 2014.
Un triunfo del partido Nacional vendría en línea con los gobiernos de Argentina y Brasil donde ya conocemos los resultados extremadamente negativos de Temer y Macri. Un gobierno, por ejemplo, de Lacalle Pou significaría una importante pérdida de conquistas alcanzadas en los 14 anos de gobiernos del FA. Hoy hay descontentos en filas frentistas, pero habría que reflexionar sobre los negativos resultados de un gobierno del partido Nacional.
Al Frente Amplio le quedan 10 meses para volver a entusiasmar, para aprovechar de los permanentes cambios tecnológicos, para que la inversión pública juegue un rol decisivo en las necesarias mejoras del empleo, para superar el atraso cambiario que le otorgue más posibilidades de competitividad a la industria manufacturera y los servicios, para avanzar en una estrategia de desarrollo que atienda prioritariamente la inserción internacional con rubros de mayor valor agregado y contenido tecnológico y el empleo productivo y digno.
Políticamente el Frente Amplio hizo un gran esfuerzo de unidad en su último plenario, con sanciones por diversos tipos de irregularidades de integrantes de la fuerza política. Hubo un interesante acuerdo político que nos generó nuevas y favorables expectativas para el próximo futuro. Pero la actitud del diputado Darío Pérez al no acompanar la ley sobre financiamiento de los partidos políticos y algunas declaraciones de Sendic, vuelven a entorpecer la unidad de acción.
Pero hay tiempo para la recuperación, para la construcción, para enfrentar la cultura de la derecha y de los grandes medios de comunicación. Es imprescindible que la izquierda gane la próxima elección para seguir avanzando en las transformaciones, como ejemplo para la región y para ayudar a enfrentar los procesos de derechización regional.
Por Alberto Couriel
Economista y ex senador
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