¡Ojalá se le haga!

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Tabaré tiene esas cosas: corta justo cuando ya la inmensa mayoría está clamando que la situación no da para más. No la mayoría de los frenteamplistas que ya estábamos un tanto calientes con la demora; la mayoría del país que se había ido convenciendo, a través de distintos desplantes, que las actitudes del General Manini estaban cada vez más fuera de sus obligaciones constitucionales. Y que su permanencia en la Jefatura del Ejército le hacía daño a las instituciones democráticas.

Justo ahí: cortó.

Supongo que en una entrevista sin drama y sin oportunidad de argumentar.

Me encontré con esa distendida negativa que, pese a la aparente cordialidad no dejaba lugar a dudas en la primera entrevista oficial que tuvimos. El ya como Intendente asumido y nosotros, la Directiva en pleno del Sindicato que le presentaríamos “El Petitorio”. Un largo y prolijo listado de todos los reclamos, desde los principales relativos al salario, la carrera y las condiciones de trabajo, hasta el mínimo de un sectorcito perdido.
¡Como “Ayudante de Ciego p’a pedir”!

Tabaré iba escuchando, asintiendo, pidiendo aclaraciones, y de esa manera la conversación avanzaba. En un momento me encontré con una negativa. Muy amable, hasta afable, por lo que traté de insistir para encontrarme con una reiteración de la negativa que seguía siendo amable pero dejaba absolutamente claro que nada lo movería.

Esas situaciones en que te das cuenta que, si seguís: rompés.

Seguí con el punto siguiente y la entrevista prosiguió hasta el final con tono distendido. Me dejó pensando. Me preguntaba: ¿Cómo este, que, como quien dice, es un recién llegado a la política sabe negar sin perder la calma y sin que la cosa degenere en un forcejeo desmelenado?

Lo más difícil para un político es negar. Cuando se concede todo anda sobre ruedas pero, se tranca cuando la negativa.
Ahí es cuando cambia el tono. En general, es la antesala de un forcejeo y un endurecimiento porque nadie se quiere bajar del caballo.

Revolvía la cosa buscando una explicación hasta que di con la tecla: es médico. Oncólogo.

Es una profesión destinada a un fracaso final. No existe la vida eterna y las curaciones no son más que la prolongación de una vida que, en su momento, tendrá que apagarse.

Y muchas veces, en esa profesión, se tiene que enfrentar al paciente para decirle que ya no quedan alargues posibles. Hay que ser firme, amable, comprensivo para con la angustia del otro pero, terminante.

Así, cuando la mayoría del país sentía que había que ponerle fin o la situación iría por muy mal camino: ¡cortó!

No sé y me pregunto: ¿existe el delito de “Ataque a la Fuerza Moral de las Fuerzas Armadas”? En el primer tramo de la Dictadura, cuando negaba serlo, procesaron a unos cuantos por esa figura jurídica.

¿Cómo, entonces, no hay un delito de “Ataque a la Fuerza Moral de un Poder del Estado”?

Bueno, parece que no existe y más vale que no lo inventemos porque, ¡nadie sabe lo que puede terminar entrando en esa bolsa! El Gral.(r) Manini, sujeto a las obligaciones que no le vedan el camino político pero que lo mantienen en situación de dependencia disciplinaria por un tiempo, en su nueva situación puede intentar ese camino que parece agradarle.

El político. Con el que viene coqueteando desde hace tiempo.

Tanteos con los cuales parecía estar anunciando que sería “político”. ¡Ojalá se le haga, ciudadano Manini!

Es mejor hacer la tentativa, por el camino constitucional, que morirse de antojo. Y es mejor para las instituciones democrática, que: si quiere ser Presidente, intente que el voto de la ciudadanía lo consagre como tal.

El voto mayoritario y libre de sus conciudadanos, emitido en la oportunidad debida y con las garantías que el sufragio tiene en nuestro país.
¡Nadie puede objetar esa aspiración que es legítima en todo ciudadano!

Lo que hubiese sido objetable es que continuase haciendo política en tanto ocupaba un cargo que no lo autorizaba.
O que alguien estuviese tentado por “otros caminos” cosa que me apresuro en aclarar que la conducta del Gral.(r) Manini nunca dio lugar a la más mínima sospecha.

No por él, pero si por algunos que se creen custodios de “La Orientalidad” e intérpretes de esa entelequia que es “La Nación” concebida como el Pasado, el Presente y el Futuro conviene recordar que la legitimidad del Poder Político emana de la urnas. Ni “La Orientalidad”; ni “La Nación”; ni “Nuestro Tradicional Modo de Vida”. ¡Ni Dios! Que para eso nos dotó del “libre albedrío”. Con su contracara que es la responsabilidad por lo hecho.

¡Sólo y únicamente de las urnas!
Y si las urnas lo consagran: ¡Legítimo será!

Eso sí, lo veo un tanto difícil.

Con ejemplar civismo la mayoría de los actores políticos, empezando por Larrañaga que es esas cosas no vacila, respaldaron la decisión Presidencial.
Las dos excepciones son explicables. La Senadora Alonso, que ahora percibe “una ventana de oportunidad” para una Vicepresidencia femenina está dispuesta a poner a Dios, mejor dicho, a sus dioses en apoyo de quien la acepte.

También, con reticencias, el Dr. Lacalle Pou que objetó la forma y la oportunidad. Por supuesto, no podría objetar el derecho Presidencial.
Tendrán tiempo de arrepentirse. Las Instituciones no son de nadie y son de todos. ¡Todos debemos respaldarlas!
En su desesperación porque no crece ha dicho una gran verdad: lo que necesitan para ganar es que la gente les crea.

¡Justamente! No crece porque la gente no le cree.

No cree en la coherencia de esa Oposición, dentro de la cual es mayoría. Hace muy bien en no creer, lo único que los empareja es su oposición al Frente.

Es difícil imaginar con qué cemento podría unirse ese conjunto de grupos políticos que van desde proclamadas posiciones de extrema izquierda a proclamadas posiciones de extrema derecha.

Creo que esa es la “ventana de oportunidad” en la cual confía el ahora Ciudadano Manini.

Tal vez, a nadie tiene amputada la facultad de soñar, tal vez, una figuro fuerte, ajena al desprestigio que se ganan los políticos con su medianía, tal vez pueda ser ese “cemento”

Políticos imposibilitados de lograr la credibilidad necesaria: ¡Uníos detrás de mí y los llevaré a la Victoria!
Si alguien le halaga el oído, como conciudadano, le daré mi opinión al Gral.(r) Manini.

Puede no arrastrar mácula alguna emergente de esta agitada bolsa de gatos que compone nuestra Oposición.
Menos aún, arrastrar algún desprestigio por parecer “pegado al FA”. ¡Nadie lo acusaría de ello!

Pero, no es un “hombre nuevo”. Un “outsider”. Nacido completo y armado de la cabeza de Zeus como Atenea o pura y bella de la espuma como Afrodita.

No sólo es un hombre con pasado como todos, sino que además, voluntariamente se abraza al peor pasado. A la Dictadura. A la cara más rechazada de la Dictadura: a los torturadores.

Estoy seguro de que esa postura le dará algunos miles de votos. Pero, le recuerdo la clasificación que hacía un colega suyo que demostró ser conocedor del tema. El Gral. Perón decía que había personas y temas “piantavotos”

Te traen cien y te corren mil.

Y, los cien que te traen, ¡ya estaban en la pecera!
Ponerse del lado de los torturadores es el peor error que se puede cometer.

Porque la tortura es repugnante.

Porque la excusa de que “la tortura arrancaba datos que salvaban vidas de camaradas” es insostenible porque aquí no hubo Guerra sino avasallamiento de las Instituciones.

Porque aquí el Golpe se dio después de la Victoria sobre la subversión armada.

Y porque los torturadores fueron ladrones sin escrúpulos entonces y hoy los chantajean con el viejo truco de “vos también caerás si yo caigo”
No puedo desearle suerte en su empresa política porque es contraria a la mía, pero, sí puedo y quiero aconsejarle prudencia. Si hay algo que ha quedado firme en los uruguayos es el “No más Dictadura” Quien defienda lo peor de ese proceso desgraciado que tanto daño nos hizo y les hizo se condena a pescar en una pecera muy, muy chica.
Sin entrar en cuestiones morales.

Por Eduardo Platero

18 Marzo  de 2019

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