El sistema político peruano no es sistema, y es lejano a la política; no hay partidos políticos que sean realmente tales, ni dirigentes políticos de trayectoria y peso; para peor, tampoco hay caudillos populares con real capacidad de convocatoria. El derrocamiento del presidente Pedro Castillo el 21 de diciembre por un Congreso severamente cuestionado por la opinión pública (un 4% a 5% de apoyo, nomás, dependiendo de la encuesta) dio lugar a un alto número de manifestaciones de gente agrupada por reivindicaciones diversas, sin liderazgo que las aúne. Solo el ejército en la calle logró aquietarlas y hay 30 días de “suspensión de garantías”, que pueden ser renovables pero no indefinidamente. La muerte de veinte a treinta manifestantes aparece como un hecho menor, en tanto no incide en el acontecer político.
El Congreso tiene un plan que claramente beneficia a los 130 congresistas, al prolongar su situación en el tiempo. No en vano el 60% de ellos tiene antecedentes penales. Plantean elecciones anticipadas, y para mantener lo más posible sus privilegios, dilataron la preparación de esos comicios hasta el absurdo, fijando los comicios “anticipados” para abril de 2024. Hoy, un número de ellos fue declarado persona non grata, y no pueden pisar la provincia por la que fueron electos; los peruanos de a pie puden ser bravos. Castillo fue aceptado como presidente el 19 de julio de 2021, tras un agónico recuento de votos de las elecciones del 6 de julio, y asumió el 28, fecha nacional del Perú.
En su momento se tuvo expectativas (que no esperanzas) en un maestro rural que hablaba quechua. Resultó que no era maestro sino sindicalista de ese gremio, y tampoco habla quechua. Pero si robó y logró mantenerse 15 meses en la presidencia a fuerza de concesiones con dineros del Estado. Los empleados del Congreso pasaron de dos mil a cuatro mil, y cada legislador tiene derecho a entre seis y ocho asesores, puestos estatales para asesorarlos; en cualquiera de los temas planteados saben demostrar consolidada ignorancia. Son puestos dados por nepotismo, negociados y canonjías privadas. Así, el Congreso considera que debe aprobar muchas leyes para reivindicarse ante la opinión pública, pero ni ellos mismos parecen entender las leyes que proponen sin asesores calificados. Al parecer, la transmisión en vivo de las sesiones sería el programa cómico del país, si no fuera trágico. No son capaces ni de reglamentar el tránsito en Lima, que es caótico.

El fracaso de Castillo revela qué poco ha cambiado en el sistema político después de que Alberto Fujimori dejara el Gobierno en 2000 tras una serie de escándalos de corrupción, y los tantos presidentes de breve ejercicio que le sucedieron. Fujimori llegó al poder con el voto contra Mario Vargas Llosa y su declarada oposición al sistema de partidos. Sin explicar su contradicción, con su reforma constitucional de 1993 Fujimori facilitó la formación de partidos. Hoy hay 12 partidos habilitados, y la autoridad electoral, la Junta Nacional de Elecciones, tiene a consideración la viabilidad de otros 12.
Por supuesto que la desigualdad no se inició con Fujimori. Se la puede rastrear hacia el odio hacia los incas, que solo gobernaron y dominaron poblaciones por 150 años, y luego al Virreinato de Lima, creado en 1542 por los españoles, y que por supuesto opuso al blanco hacia todos los demás. Hoy hay muy pocos blancos e impera el mestizaje: ahora divide el dinero, el viuvir o no de trabajar la tierra, el vivir en Lima o en el interior de ese hermoso país. De esa separación en la sociedad que se fue consolidando como brecha, hay constancia en el pensamiento de Manuel Gonzalez Prada (1844-1918), escritor, filósofo, ensayista, pensador y anarquista que definó “la trilogía embrutecedora del indio: el cura, el juez de paz y el gamonal”, o sea, el cacique político. La separación entre Lima y el territorio solo se fue profundizando con los años, y con ella, el racismo.
Del 14 de abril de este año es la noticia: “Un espectáculo de esclavos ambienta la boda entre un aristócrata español y la hija de un político peruano”, se tituló. “La marcha nupcial estuvo acompañada de bailarines que simulaban trabajos forzados y mujeres vestidas de indígenas como escenografía” era la bajada del título. Por razones de pudor, no se reproducen los detalles de la noticia.
Así, en esos incapaces llamados ricos y en esa iglesia católica preconciliar, está crucificado el país para beneficio de multinacionales. Contenidas las manifestaciones, se supone que ahora hay una pausa en el acontecer “a ver qué pasa con todo esto”, según se expresa en Perú, hasta las supuestas elecciones de abril 2024. Pero también hay miedo en la sociedad. El hermano del ex presidente Ollanta Humala, Antauro, salió de prisión este año tras cumplir 18 por su levantamiento contra Fujimori, y el ex mayor de Ejército aunció que para marzo concentrará medio millón de reservistas (ciudadanos que hicieron la conscripción) en Lima; no hay más detalles de su plan de acción, si es que tiene uno.
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.