El mismo se encuentra realizando su gira de despedida luego de más de 50 años de servicio militar y bélico por el mundo. Es parte del operativo regional «Mares del Sur 2026», donde Estados Unidos, en un mundo cada vez más reaccionario en lo comercial y territorial, quiere reafirmar su poderío y zona de influencia en toda América Latina frente a otras potencias como Rusia y China.
Desde una concepción democrática del mundo y antiimperialista, en las tripas de la izquierda, en especial el Frente Amplio, genera un rechazo rotundo con el cual estoy totalmente de acuerdo.
Ver al mandatario en la cubierta del USS Nimitz, un ícono del poderío militar global, no se alinea con las banderas de la paz y soberanía regional que se identifican en Uruguay. Nuestro país no tiene cultura bélica donde las tensiones y problemas entre países se deban solucionar por medio de las guerras.
Desde la posición del presidente, entiendo que no subió al portaaviones como si fuera un parque de diversiones lleno de novedades tecnológicas. Subió porque tiene sus motivos, en un contexto donde la presión de Estados Unidos en toda la región, según los implicados, es insoportable.
Lo mejor hubiera sido demostrar el buen relacionamiento actual con el país Estados Unidos de manera sana, por medio de otros valores simbólicos y constructivos que aporten valor y soluciones a los problemas sociales de ambos países, y no por medio de ese aparato nuclear de guerra. Nunca podemos perder el objetivo de construir una humanidad más humana; lo simbólico también es importante porque son líneas de comunicación educativa directa a la sociedad en su conjunto.
En situaciones así, siempre recuerdo a las personas, a individuos cuya única arma era la ideología o su cuerpo en soledad ante las torturas; aquellos que no dijeron «amén» frente a todo el poderío de la dictadura o en otros hechos de resistencia ante la opresión en cualquier parte del mundo.
Otra capa que se vislumbra en esta visita es que hoy en día, en la cultura imperante de la banalización política y del vacío comunicacional, es más importante el valor simbólico o el debate oportunista de «chimentos» que los lineamientos y la ejecución de las políticas sociales. En Uruguay, a nivel de la población, se está más pendiente del ruido que de la solución estructural de los problemas sociales. Se analiza y se discute más la foto sobre el portaaviones que el presupuesto nacional o el proyecto futuro de país. Esto es un logro de la agenda política de la derecha y una carencia de la izquierda.
Es indignante ver a la gente en situación de calle, la educación que no despega (porque no puede descender más), los barrios con brillos de apagón, el problema del acceso a la vivienda, sueldos bajos con costos carísimos para vivir y un territorio cada vez más fragmentado e inseguro, etc.
Hay una «ciudad de presos» casi duplicando la cantidad de reclusos per cápita respecto a América Latina. Queda claro que la reclusión no es solución. ¿En el seno de la sociedad uruguaya son temas que se discuten o solo nos quedamos con la foto de hechos de consumo? ¿Somos conscientes del Uruguay que transitamos y a dónde vamos como país?

Estamos muy lejos de ese Uruguay «europeo» con el que nos hacían soñar nuestros abuelos. Hoy Uruguay es América Latina.
¿Esto es culpa de este gobierno? No.
El gobierno está trabajando para lograr el progreso. Pero la realidad es que, si en Uruguay no sumamos esfuerzos de todas las partes en un bien común, nos vamos desgastando como una raspadita sin premio. Sabemos, que detrás del descreimiento político siempre vienen las fuerzas oscuras.
Nunca escupan para arriba: muchos de los que hoy están preocupados en justificar al presidente Yamandú Orsi y a otros jerarcas del gobierno por su visita al portaaviones fueron hipercríticos cuando Tabaré Vázquez pidió al presidente de Estados Unidos que dijera que su país era amigo de Uruguay.
El juego de ajedrez de Tabaré fue una jugada táctica ante un clima de confrontación con Argentina en un momento de máxima tensión por el conflicto de las pasteras (Botnia-UPM), de la cual surgió el efecto deseado de terminar con el amedrentamiento desde el otro lado del Río de la Plata.
Llegué a escuchar a votantes «radicales» de izquierda decir que Tabaré era de derecha. Lo único real son las comillas.
El nivel hay que levantarlo. Una sociedad cohesionada, educada, con trabajo, recreación, deporte, salud y vivienda es la mejor soberanía.
Todo claro y dicho.
En fin.
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