Foreign Affairs
Donald Trump no tiene alineados a todos los patitos, ni es un hecho de que sean todos suyos. Desde el conservadurismo de EEUU que expresa la publicación Foreign Affairs, se rechaza «la doctrina de coerción económica por la fuerza bruta del gobierno de Trump», se repasan sus avances y retrocesos, se estiman sus daños económicos y a políticas establecidas y positivas para sus intereses, y se afirma que beneficiará a China y Rusia. La nota la firma Jonathan Berkshire Miller.
A principios de esta semana, parecía que la administración Trump iba a cumplir con su amenaza de imponer un arancel generalizado del 25 por ciento a las exportaciones canadienses a Estados Unidos. Canadá le debe a Estados Unidos “mucho dinero y estoy seguro de que lo van a pagar”, afirmó el presidente Donald Trump. “Puede que, a corto plazo, tengamos algún pequeño dolor y la gente lo entiende, pero a largo plazo, Estados Unidos ha sido estafado por prácticamente todos los países del mundo”. Ottawa se puso a buscar una respuesta y anunció una serie de aranceles de represalia, que apuntan a 150 mil millones de dólares en una serie de productos estadounidenses, incluidos electrodomésticos, maquinaria y productos agrícolas. “Los aranceles contra Canadá pondrán en riesgo los empleos [estadounidenses], lo que podría provocar el cierre de plantas de ensamblaje de automóviles estadounidenses y otras instalaciones de fabricación”, advirtió el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

Sin embargo, después de una serie de llamadas con Trump, Trudeau pudo en el último momento asegurar una pausa de 30 días en los aranceles. (México, que enfrentó una amenaza similar de Trump, también obtuvo un indulto). A cambio, Trudeau ofreció un conjunto de medidas para apuntalar la frontera canadiense, incluida una variedad de inversiones previamente anunciadas en mayor personal y capacidades de vigilancia destinadas a frenar la inmigración ilegal y combatir el flujo de fentanilo.
La pausa es una buena noticia, especialmente para los canadienses, que habrían sufrido un daño económico inmediato si Trump hubiera seguido adelante con su política. Pero en otros aspectos, el daño ya está hecho. La decisión de Trump de penalizar a un vecino, un aliado y uno de los socios económicos más cercanos de EEUU una manera que suele reservarse más comúnmente para los adversarios es una medida sin precedentes que señala un cambio fundamental en el enfoque de Washington respecto de las alianzas. El trato que ha dispensado a Canadá es un presagio de lo que les espera a los aliados de Estados Unidos en Europa y Asia. En los últimos días, Trump ha criticado a Taiwán por su superávit comercial con Estados Unidos y ha advertido a la Unión Europea de que los aranceles podrían “llegar pronto”.
La doctrina de coerción económica por la fuerza bruta del gobierno de Trump (ejecutada mediante aranceles, órdenes ejecutivas y el ejercicio de la hegemonía financiera de Washington) amenaza con transformar las relaciones transatlánticas y del Indopacífico en asuntos casi puramente transaccionales. Los resultados perjudicarán a todos los involucrados y beneficiarán a los adversarios estadounidenses, como China y Rusia. En el corto plazo, la estrategia más pragmática para Canadá (y otros aliados de Estados Unidos, cuando les llegue el turno) es responder a las amenazas de Trump de manera calibrada y lúcida. Sin embargo, esto es más fácil de decir que de hacer, ya que la política interna a menudo incentiva respuestas impulsadas por el orgullo o el nacionalismo. Los canadienses y otros deben resistir la tentación de atacar. Las contramedidas y las represalias son necesarias, pero las reacciones exageradas solo dañarán los intereses económicos y de seguridad de Canadá a largo plazo.
Jonathan Berkshire Miller
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