Trabajo en un liceo relativamente chico y tenemos cuatro estudiantes, tres de séptimo (12,13 años) y uno de octavo (14) que vienen de hogares del INAU y están al borde de la desvinculación.
Después de las vacaciones de julio, prácticamente no han asistido. Los motivos son múltiples pero ni desde el sistema educativo, ni desde el INAU hay soluciones posibles. Esa es la respuesta que recibo frente a mi preocupación por las inasistencias.
Los profesores tratamos de no perder contacto pero se vuelve muy difícil.
El hogar tiene muy pocas opciones, más bien pasarlos a un régimen sin salidas que es como tenerlos presos. Nosotros tampoco tenemos adónde recurrir ni cómo atender estas situaciones. Prima la idea de que si no quieren ir al liceo no hay forma de obligarlos.
La verdad es que discrepo con el tema de tener ganas o no pero bien sabemos que la vida en el hogar se vuelve muy compleja, difícil y triste.
En un momento que se habla tanto de revincular no se entiende que se nos pierdan gurises. Hace pocas semanas escuché al ministro del MIDES diciendo que “frente a la alerta de desvinculación del sistema educativo la acción que corresponde de parte del Estado es una acción fuerte, decidida, de búsqueda, de ir al encuentro de esos chiquilines”. Acá sabemos quiénes son y dónde están, pero eso no es suficiente.
A estos chiquilines, como sociedad, los estamos castigando doblemente. Por un lado tienen que estar en en un hogar con las condiciones en las que están esos hogares, más allá de lo que hacen los referentes y coordinadores.
Por otro, se les niega el derecho a la educación y no se les protege su trayectoria.
Es inaceptable que estemos hablando tanto de ir a buscar gurises y no podamos asegurarles a cuatro de ellos que ya están en desventaja su derecho a la educación.
Faltan equipos multidisciplinarios en las instituciones educativas y en los hogares. Falta también un docente o educador social por hogar que se encargue de garantizar el derecho a la educación de esos chiquilines y su vínculo con el liceo.
No puede ser que todo dependa de lo que se pueda hacer y que si no podemos hacer nada nos quedemos tan campantes.
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