A 50 años de su desaparición, los vecinos de la policlínica que lleva su nombre lo recuerdan como lo que fue: un médico de barrio que atendía a cualquier hora, no cobraba consulta y repartía caramelos de naranja.
En La Cruz de Carrasco hay una policlínica de ASSE que lleva el nombre de Manuel Liberoff. Para los vecinos del barrio, el nombre no es una entelequia: algunos lo recuerdan como su médico. Otros recuerdan a sus padres contando cómo él aparecía en la puerta de la casa cuando nadie más llegaba, dejaba la medicación y se iba sin cobrar nada.
El 20 de mayo se cumplen 50 años de su desaparición en Buenos Aires, en el marco del Plan Cóndor. Liberoff tenía 54 años y estaba convaleciente de una operación de cáncer cuando lo secuestraron en la madrugada del 20 de mayo de 1976, la misma noche en que fueron asesinados Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw. Permanece desaparecido.
El médico del barrio
Manuel Liberoff nació el 31 de marzo de 1922 en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina. Llegó a Uruguay en 1944 y se recibió de Doctor en Medicina en 1949. Se instaló en Malvín Norte junto a su esposa, Silvia Nemirovsky, y sus tres hijos: Jenny, Liliana y Benjamín. Desde esa casa atendió durante décadas a los vecinos de Camino Carrasco.

Su forma de ejercer la medicina no tenía límites de horario ni de economía. “¿Cuánto es, doctor?”, le preguntaba Edith Pereira, una paciente. “Andá, andá”, respondía él, y le daba indicaciones para que se cuidara. Los vecinos de la policlínica que hoy lleva su nombre lo recuerdan con precisión: “Atendió a todos en la familia, a todo el barrio, y nunca cobró una consulta, jamás. Si notaba que la familia no estaba bien económicamente, venía y les traía alimentos. La medicación se la daba gratis, si la tenía en el auto en ese momento”, recuerda Enrique Olarán.
María del Carmen Trozzola, otra vecina, señala un detalle que los que lo conocieron repiten como si fuera una seña de identidad: los caramelos de naranja. “Me decía: no tenés nada, no tenés nada, ya te vas a curar. Y me daba unos caramelos que eran unos gajitos de naranja.” Salvarle la vida a su padre, dice María del Carmen, “fue ya lo más grande”.
El dirigente y el comunicador
Liberoff no se quedó en el consultorio. Integró el Comité Ejecutivo del SMU como tesorero, y fue uno de los médicos que en aquella época entendió que el rol del profesional de la salud no terminaba en la consulta.
Fue panelista del programa “Conozca su Derecho”, los lunes por Canal 12, y comunicador en CX42, donde trataba temas de salud en un lenguaje accesible. Para quienes lo escuchaban, verlo en televisión tenía un peso particular: era un médico que “reivindicaba en pantalla lo que la gente pensaba”, apunta Antonia Yáñez, docente y amiga de esa época.
Roberto Pereira, compañero de militancia y de exilio, recuerda su “calidez, la comunicación, el ver de alguna manera todas las actividades, aún las dramáticas, con cierto humor”.
Los padres organizados
En los años 60 y 70, la educación pública era “un campo de disputa”, señala Antonia. La violencia de grupos de ultraderecha como la JUP contra estudiantes en los liceos era sistemática. El 11 de agosto de 1972, Santiago Rodríguez Muela fue asesinado de un balazo dentro del Liceo N.º 8 por una patota armada. Era el primer estudiante muerto dentro de un local liceal.
En este contexto, Liberoff fundó CODEPALES, la Coordinadora de Padres de Alumnos de Enseñanza Secundaria, para organizar a los padres frente a lo que ocurría. También impulsó los liceos populares durante las huelgas contra la ley de educación, sosteniendo redes de clases para que los alumnos no perdieran el año. Antonia lo describe como una figura que “apareció como padre organizando estas asociaciones para ponerle un detente a las cosas que estaban pasando”.
La detención
Cuando el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 desencadenó la Huelga General, Liberoff tenía un acuerdo con su familia: dejaría de ir a la casa si lo requerían, pero si amenazaban a su familia, se presentaría. A los pocos días de la huelga, los militares montaron una ratonera en su domicilio de Camino Carrasco. Estaban su esposa, sus dos hijas, su nuera y su nieta Tania, que tenía menos de dos años. Liberoff se presentó y fue detenido. Lo subieron a la caja de un camión.
Su hijo Benjamín estaba preso en el Cilindro en ese momento. La familia no sabía dónde habían llevado a Manuel. La pista llegó por un camino inesperado: unos trabajadores del ANCAP que venían del km 14 de Camino Maldonado contaron al llegar al Cilindro que en ese cuartel había un hombre al que custodiaban con cuatro metralletas en una cancha solo, y que cuando lo llevaban al baño les tiraba caramelos de naranja a los otros presos.
“Esa era una característica que tenía papá, andar siempre con caramelos de naranja”, dice Benjamín. Así supo dónde estaba su padre. Los caramelos se los llevaba su esposa, junto con sábanas, al lugar donde dejaban lo que se pudiera dejar a los familiares cuando no sabían dónde estaban sus seres queridos. Aunque lograron saber el paradero de Manuel, nunca la dejaron verlo.
El 30 de octubre de 1973, la Junta de Comandantes votó la expulsión del país de Liberoff. Como era de nacionalidad argentina, lo pusieron en un avión el 7 de noviembre. Solo, sin su familia.
Buenos Aires y el 20 de mayo
En Buenos Aires, Liberoff retomó la militancia y el vínculo con los uruguayos exiliados. La red era pequeña pero organizada. Roberto Pereira, que también se exilió en Argentina, lo vio pocas horas antes del secuestro. “Encontrarse con Manuel significaba una charla mucho más amplia. Estuvimos hablando de seguridad. Él tenía la percepción bien ajustada de darse cuenta del peligro que corría”.
En la madrugada del 20 de mayo de 1976, un operativo del Plan Cóndor se lo llevó. Sus hijas, que estaban en la misma casa, vieron cómo lo sacaban encapuchado con un poncho que le había regalado Santiago, abuelo de ellas y padre de Manuel.
Benjamín estaba en Praga esa mañana, leyendo una carta de su padre, cuando lo llamaron del télex. Fue Pereira quien le envió la notificación. “Una de las primeras cosas que hice fue comunicarme con Benjamín”, recuerda Pereira.
“Lo único que quedó registrado sobre su paradero posterior es el testimonio de un bancario ante la primera comisión parlamentaria de investigación: un médico uruguayo comunista, con la salud muy debilitada, estuvo detenido en Automotores Orletti, el centro clandestino conocido como OT18. El médico les decía a los carceleros que no tenían derecho a hacer eso con la gente.
El nombre que queda
El Salón de Actos de la sede del Sindicato Médico del Uruguay lleva el nombre de Manuel Liberoff. También una plaza en las proximidades de su antiguo domicilio en Malvín Norte. Y la policlínica de ASSE en La Cruz de Carrasco, donde los vecinos del barrio que él atendió van hoy a cuidar su salud bajo su nombre.
“Liberoff está en este policlínico, está en su plaza y está en la gente”, dice su hijo Benjamín. “Lo mejor que le puede pasar a uno es que digan: fue un buen tipo. Desde ese punto de vista, hay una cuenta saldada.”
Y agrega, con la distancia de 50 años: “Como el Cid Campeador, sigue ganando batallas después de muerto.”
* El SMU recuerda a Manuel Liberoff en el 50.º aniversario de su desaparición, ocurrida el 20 de mayo de 1976 en Buenos Aires, en el marco del Plan Cóndor.
Material tomado de la revista del Sindicato Médico del Uruguay (SMU)
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