La memorable epopeya de un héroe mitológico, la guerra, la ambición, el duelo por quienes no regresaron de una aventura militar absurda e injusta, la paciencia de una reina que aguarda el regreso de su amado con la presunción que puede estar vivo, la codicia de quienes quieren desposarla para apropiarse de la corona, el odio propio y el ajeno y la culpa de un rey que lo ha abandonado todo sin certeza de poder regresar al lecho de su mujer y a su trono, son los ocho pilares que sustentan “La Odisea”, la espectacular adaptación cinematográfica del
clásico homérico del premiado realizador británico Christopher Nolan.
Casi desde el comienzo de su carrera, este talentoso creador se especializó en un cine que apuesta a impactar visualmente a las audiencias, pero también a reflexionar sobre la psicología de las personas, como en el caso de “Memento” (2000), un oscuro thriller psicológico cuyo protagonista padece amnesia anterógrada, luego de recibir un golpe en la cabeza, El hombre es incapaz de almacenar nuevos recuerdos, por lo que olvida lo que estaba haciendo después de unos minutos. Sin embargo, posee memoria sensorial y recuerda cómo realizar acciones cotidianas. Para retener en la memoria los sucesos de su vida diaria, crea un elaborado sistema usando fotos instantáneas para tener un registro de la gente con la cual se relaciona, dónde se hospeda y otros elementos básicos para el desarrollo de su vida. Además, toma notas y se tatúa pistas en el cuerpo sobre el asesinato de su esposa, a menudo algo ambiguas, Aunque es una película de bajo presupuesto, su original formato que trabaja con la temporalidad la transformó en una propuesta interesante.

Luego, se destacó con una vistosa trilogía sobre Batman, el encapotado héroe de ficción nacido de las entrañas del comic, que construyó a revitalizar el cine de héroes, la cual corroboró sus cualidades artísticas para dotar de nuevos abordajes a un personaje legendario. En este caso, volvió a demostrar su indudable sabiduría para impactar visualmente a los cinéfilos.
Esa predisposición a apelar a lo sensorial y a lo temporal como improntas narrativas la reiteró en “Origen” (2010), en la cual el protagonista es un experto en espionaje corporativo, que roba secretos valiosos manipulando el subconsciente de las personas cuando estas duermen, a los efectos de superar el trauma del suicidio de su esposa y poder regresar junto a sus hijos, En este caso, los efectos especiales juegan un rol preponderante.
Empero, su film visualmente más impactante es “Interestelar” (2014), que narra la épica misión de un grupo de astronautas que viaja a través de un agujero de gusano en el espacio para encontrar un nuevo planeta habitable, ya que la Tierra se está volviendo inhabitable por el cambio climático y la escasez de alimentos. Aquí aflora un tema bien candente como el calentamiento global y su abordaje es realmente dramático, por el dolor de abandonar a sus hijos en un viaje tal vez sin retorno.
En nuestra opinión su mejor largometraje es “Dunkerque” (2017), una de las mejores películas bélicas de las últimas décadas, que recrea la Operación Dinamo, durante la Segunda Guerra Mundial. En 1940, tras la invasión alemana a Francia, cerca de 400.000 soldados aliados (británicos, franceses y belgas) quedaron atrapados y rodeados por el ejército nazi en las playas de Dunkerque. La historia sigue la angustiosa operación de rescate, en la que una flota de cientos de embarcaciones civiles y pesqueras británicas cruzó el Canal de la Mancha para salvar a los soldados sitiados. Es un filme realmente magistral.

De todos modos, el cineasta alcanzó su pedestal en 2023, con “Oppenheimer”, que reconstruye la peripecia científica y existencial del físico J. Robert Oppenheimer, quien, en el marco
Proyecto Manhattan, fabricó la primera bomba atómica que provocó los dos holocaustos nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Este largometraje ganó varios premios Oscar, entre ellos el máximo galardón que se otorga a la Mejor Película, por su formidable calidad cinematográfica, la idoneidad de su reparto actoral y el dilema moral que plantea.
Devenido con el tiempo en el cineasta más exitoso del presente, Nolan asumió el desafío de adaptar La Odisea, el clásico del poeta griego Homero, que data, según los investigadores, de entre 2.700 y 2800 años. Que coincide con la era pre-cristiana.
Al igual que La Ilíada, que le precedió y supuestamente pertenece al mismo autor, es un composición integrada por 24 cantos o rapsodias, inicialmente transmitida mediante lenguaje oral, que narra el azaroso viaje de regreso de Odiseo o Ulises a la isla Ítaca de la cual es rey, luego de participar en la guerra de Troya junto a otros reinos griegos, un conflicto bélico que duró diez años y culminó con la caída y la destrucción de la ciudad, por voluntad y capricho del rey de Micenas Agamenón, con el pretexto de rescatar a Helena, la esposa de su hermano Menelao, quien fue raptada con su consentimiento por el príncipe troyano Paris.
Aunque se trata de literatura épica, todos sus personajes son mitológicos, incluyendo a humanos, semidioses, dioses, cíclopes y gigantes. Empero, el propósito es exaltar el valor y el heroísmo. No en vano, el héroe Aquiles, protagonista de La Ilíada, prefirió una vida breve y gloriosa antes que una existencia larga, apacible pero olvidable, con el propósito de perdurar, Todo fue determindo por la moira, que en el lenguaje de esas civilizaciones era sinónimo de destino.
Sin embargo, ninguno de los personajes que habitan estos dos clásicos fundamentales de la literatura universal realmente existieron. La que sí existió fue la ciudad de Troya y estaba ubicada en la colina de Hisarlik, en la actual Turquía. La arqueología moderna ha demostrado que fue un asentamiento real de la Edad del Bronce que sufrió destrucciones violentas, lo que sirvió de base para las famosas historias épicas de Homero.

En torno a esta emblemática urbe amurallada, que era considerada impenetrable para sus enemigos, se construyó una profusa mitología, que enfrentó el poder y el libre albedrío a la ambición.
Agamenón quería conquistar la ciudad principalmente para vengar el rapto de Helena, pero también para expandir su poderío militar, obtener riquezas y controlar lucrativas rutas comerciales.
La palabra Odiseo, que es sinónimo de odisea, deriva de la etimología griega odussomai, que refiere al que causa odio o al que lo recibe. Seguramente, se refiere a su desafío a los dioses, que generó odio y fue precisamente replicado con más odio. Obviamente, no todas las deidades odiaban a Odiseo e incluso algunos lo protegían, porque esas divinidades rivalizaban a su vez entre ellas, como si se tratara de seres humanos.
Por supuesto, esta no es la primera adaptación de La Odisea al cine. El aterrizaje inaugural de este poema mitológico en las salas cinematográficas data de hace más de un siglo y es de 1911, en plena época del cine mudo. Tiene una duración de apenas 44 minutos y fue dirigida por los cineastas italianos Francesco Bertolini, Giuseppe de Liguoro y Adolfo Padovan.
Para los que hace tiempo peinan canas, la referencia insoslayable es “Ulises” (1954), de Mario Camerini, protagonizada por el gran Kirk Douglas, que por entonces exhibía una anatomía impresionante, acorde a como Homero describe al personaje. En su célebre poema. Se trata de un mero Péplum, un subgénero de cine con escaso rigor histórico, pero con abundante acción. Más acá en el tiempo, el antecedentes más reciente es “El regreso de Ulises” (2024), de Uberto Pasolini, quien no tiene ningún parentesco con el gran cineasta Piel Paolo Pasolini, El film, que es protagonizado por Ralph Fiennes, no fue estrenado comercialmente en Uruguay, pero se puede visionar por plataformas digitales.
Esta nueva y taquillera versión de Christopher Nolan
fue filmada originalmente en con cámaras IMAX, Se trata de un formato de 70 milímetros (específicamente 15/70), que es el estándar de cine más grande y de mayor resolución del mundo. Ofrece una imagen hasta diez veces más nítida que el celuloide tradicional, lo cual permite abarcar por completo la visión periférica del espectador. Debido a lo complejo y costoso de la maquinaria de proyección, existen menos de 50 salas en todo el mundo capaces de exhibir películas físicas de 70mm. El formato utiliza bobinas de celuloide gigantes que requieren proyectores especializados con un peso y mantenimiento extremo. La gran mayoría de los cines identificados comercialmente como IMAX utilizan hoy en día proyectores digitales o láser con una resolución y tamaño de pantalla menores.
En el complejo de Cinemateca Uruguaya, donde se concretó la avant premiere, la película fue proyectada en formato 35 mm, lo cual le permitió a los cinéfilos como yo, volver a nuestro primer amor, que corresponde a la era dorada del cine, Las películas se exhiben actualmente en formato 100% digital. En ese contexto, el clásico rollo de celuloide fue reemplazado por servidores con discos duros que almacenan copias encriptadas de las películas, las cuales se reproducen en proyectores láser.
No en vano la coordinadora de Cinemateca Uruguaya, María José Santacreu, afirmó que visionar la adaptación cinematográfica de este clásico “es como volver a casa”, jugando con el regreso del propio protagonista a su reino, luego de veinte años de ausencia.

A diferencia de “Troya” (2004), de Wolfgang Petersen, que fue protagonizada por el blondo galán Brad Pitt, que adapta la también homérica La Ilíada, este largometraje se adecua bastante más al texto original, al margen de eventuales licencias artísticas. Esa circunstancia le otorga un valor bastante más superlativo, que puede contagiar a los jóvenes el interés por la literatura clásico y tiende una suerte de puente con adultos, que en sus tiempos de estudiantes, fueron seducidos por la fantasía alegórica de este relato, Obviamente, conviene leer o releer la obra, porque el contexto histórico e incluso mítico no está debidamente explicado en la película y, por ende, puede tornarse ininteligible.
Obviamente, el film narra el complejo regreso del guerrero Odiseo (Ulises para la tradición romana) a Ítaca, el reino donde ostenta la corona, luego de participar en la guerra de Troya, que, luego de diez años de hostilidades, fue quemada hasta los cimientos, según reza el poema original. El héroe está encarnado en este caso por el actor Mat Damon, quien, pese a sus indudables cualidades histriónicas, no sintoniza demasiado con el personaje de quienes leímos la obra.
Si bien este extenso largometraje tiene un formato de aventura épica y no puede ser catalogado como una tragedia según los cánones de la literatura griega antigua, está impregnado de hondo dramatismo, porque el protagonista, que desafía a los dioses, paga, junto a los tripulantes de sus naves, el alto precio de su osadía. En efecto, de los 12 buques de la flota original sólo sobrevivió uno, porque el resto de las embarcaciones y los tripulantes fueron aniquilados por la furia “divina”.
El largometraje se desarrolla en varios estadios temporales y espaciales: en el presente a borde de un barco que padece la furia del rey de los océanos, que es el poderoso Neptuno, y en el pasado, en la guerra de los aqueos contra Troya. Por supuesto, en Ítaca el héroe es aguardado durante veinte años por su amada esposa Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland), quien no conoce a su padre pero, al igual que se madre, tiene la convicción que este está vivo. Ambos padecen el asedio de una multitud de pretendientes, quienes creyendo que la mujer ya se ha transformado en una viuda, aspiran a desposarla y, por ende, a ceñir la corona del reino, en una suerte de golpe de Estado que apunta a abolir los derechos hereditarios del vástago del héroe.
En ese contexto, se suceden secuencias en la tierra y en el mar, donde Odiseo y su tripulación luchan contra furiosas tormentas y huracanes marinos, así como también contra cíclopes y gigantes que los acechan permanentemente, obviamente en situaciones siempre complejas y desventajosas. Empero, tal vez la más riesgosa vicisitud que afrontan son los cantos de sirena, que solo son escuchados por el protagonista, porque el resto de la tripulación tapa sus oídos con cera, para no morir a causa de la seducción y el encantamiento. Aquí se plantea una doble paradoja, porque los cantos de esos personajes mitológicos cuyos cuerpos son mitad mujer y mitad pez, pueden ser asociados, en tiempos contemporáneos, a las promesas fáciles de los políticos que luego violan sus compromisos con la ciudadanía o bien a la total y absoluta indiferencia de quienes asume una actitud prescindente y de indiferencia ante la realidad.
Por supuesto, otro componente simbólico que incluye el film por una caprichosa licencia artística del cineasta, es que el legendario caballo de madera que dejan los invasores aqueos en la costa de Troya en este caso está enterrado en la arena, pese a que en la obra original está erguido y en posición vertical. Naturalmente, la verticalidad representaría el poder y la estructura enterrada la derrota. Sin embargo, en realidad es la astucia de quien se presenta como derrotado pero realmente engaña a su enemigo para poder penetrar su muralla, tomarlo desprevenido y aniquilarlo desde adentro mientras este duerme su borrachera de la apócrifa gloria.
En tanto, el protagonista, que es obviamente Odiseo, no es presentado como un héroe blindado contra el miedo y el terror, sino como un ser humano y emocionalmente vulnerable como cualquiera de nosotros, lo cual, sin dudas, es una virtud.

El film, que impacta por su arquitectura artística y prioriza los recursos técnicos del cine de antaño sobre los efectos especiales digitales generados por computadora, reúne, además, a, un calificado reparto actoral, que integran, entre otros y otras, a Charlize Theron, como la ninfa Calypso, a Zendaya, como la diosa Atenea, a la actriz keniana-mexicana Lupita Nyong’o que es negra como Helena de Troya, al actor trans Elliot Page como Sinon, y a Robert Pattinson, que interpreta al codicioso, perverso y ambicioso pretendientes de Penélope, que funge como una suerte de villano en esta historia de ficción.
Es tan trepidante y acelerado el ritmo del relato que las casi tres horas de metraje transcurren rápidamente, lo cual corrobora el indudable oficio y la astucia de Nolan para producir cine comercial y seducir a las audiencias y, por ende, agotar la taquilla, como sucedió en el primer fin de semana de exhibición en las salas de Estados Unidos. La consecuencia fue que la película ya recuperó su inversión de 250 millones de dólares en apenas dos días y, en lo sucesivo, todofue ganancia.
Empero, aunque “La Odisea” es un producto de consumo masivo incluso para quienes jamás leyeron la emblemática poética homérica, igualmente convoca a la reflexión en torno a tópicos tan cruciales y contemporáneos como la violencia de la guerra, la ambición, el poder, el heroísmo, las creencias, la culpa, el amor, la paciencia y, naturalmente, la resiliencia. Todos estos temas, que están presentes en la esta película, corroboran la intemporalidad del relato original, que es una suerte de ensayo sobre la condición humana, con sus más aviesas miserias.
No en vano, en este caso el poder está representado por la autocracia de los reyes y los dioses y, en ese contexto, también por el imperialismo, que se podría parangonar a los aqueos liderados por el rey micénico Agamenón, protagonista de la también homérica Ilíada. Contemporáneamente, este pérfido y ambicioso monarca sería el demente mandatario norteamericano Donald Trump, responsable del baño de sangre de la guerra contra Irán y del genocidio perpetrado por Israel en la Franja de Gaza.
Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario
FICHA TÉCNICA
La Odisea (The Odissey). Dirección y guión: Christopher Nolan, basado en el poema original de Homero. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Ludwig Göransson. Edición: Jennifer Lame. Reparto; Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson, Charlize Theron, John Leguizamo, Himesh Patel, Lupita Nyong’o, Elliot Page, Samantha Morton y Zendaya.
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.
Otros artículos del mismo autor:
- “El Día D: Bajo Presión”: La guerra en clave retórica
- “La invitación”: Agudo retrato sobre crisis de parejas
- “Caso 137”: El abusivo ejercicio de la autoridad
- “El silencio de los inocentes”: Un drama policial sobre seres atormentados
- 90 años de la Guerra Civil Española Diez testimonios de infamias y heroísmos