¿Por qué un Día Mundial del Agua?

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El 22 de marzo es una oportunidad de aprender más sobre temas relacionados con el agua, sirve de inspiración para compartir los problemas relacionados con el agua y tomar medidas para cambiar la situación. El Día se remonta a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 en la que se propuso declarar una fecha dedicada a este asunto. La Asamblea General decidió designar el 22 de marzo de 1993 como el primer Día Mundial. Cada año, ONU-Agua, la entidad que coordina el trabajo de la Organización sobre el agua y el saneamiento, establece un tema para el Día correspondiente a un desafío actual o futuro.

El estrés hídrico perjudica las expectativas que las personas tienen sobre sus medios de subsistencia, destruye los recursos y altera el ritmo con el que la gente cambia de residencia. De hecho, se ha establecido que las sequías ejercen un impacto determinante en la decisión de migrar, sobre todo para las personas que dependen de la agricultura. En algunas comunidades, la influencia de la falta de agua sobre la sociedad es tan fuerte que impide a las poblaciones afectadas migrar para buscar mejores medios de subsistencia.

Uruguay
El VIII Foro Mundial del Agua es organizado por el Consejo Mundial del Agua (WWC) y su misión es promover la concientización, construir un compromiso político y activar la acción sobre cuestiones críticas del agua a todos los niveles, para facilitar la conservación, protección, desarrollo, planificación, gestión y uso eficientes del agua en todas sus dimensiones sobre una base ambiental sostenible para el beneficio de toda la vida en la Tierra.

Con la participación de la ministra de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Eneida de León, comenzó este lunes 19 en Brasilia el VIII Foro Mundial del Agua. Este encuentro global, el mayor de su tipo, se realiza por primera vez en el hemisferio sur y apuesta a generar conciencia sobre el uso racional del recurso hídrico.

Se trata de una instancia que contribuye al diálogo del proceso de toma de decisiones sobre el agua a nivel mundial, busca lograr el uso racional y sostenible de este recurso y tiene alcance político, técnico e institucional.
La participación de la ministra De León comenzó este lunes 19 en el plenario de apertura de la conferencia y continuará con una exposición, por la tarde, en la una mesa redonda.

El Programa Hidrológico Internacional para América Latina y el Caribe (PHI-LAC) lidera el Proceso de Sudamérica hacia el VIII Foro Mundial del Agua, que junto con las otras subregiones forman el Proceso de las Américas, parte del Proceso Regional del Foro Mundial cuyo objetivo es tratar los temas considerados prioritarios en cada región, generar debate y obtener productos (como publicaciones) de casos específicos de cada área.

Los ejes temáticos abordados en esta oportunidad son el Clima, seguridad hídrica y cambio climático, Gestión del riesgo y la incertidumbre para la resiliencia y la preparación ante desastres. Personas, agua, saneamiento y salud, Desarrollo, agua y producción sostenible, Nexo entre agua, energía y seguridad alimentaria (agua para la alimentación y agua para la energía). Urbanidad, manejo integrado de aguas urbanas y residuos; agua y ciudades. Ecosistemas: calidad del agua, subsistencia de los ecosistemas y biodiversidad, Sistemas hidrológicos naturales y diseñados. Finanzas para seguridad hídrica: financiando la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenidos de la ONU relacionados con el agua y la adaptación al cambio climático.

La delegación uruguaya se completa con el presidente de OSE, Milton Machado, director nacional de Aguas, Daniel Greif, y el presidente de Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea), César Falcón. (Pagina web de presidencia)

America Latina
CAF- Banco de Desarrollo de América Latina.- La seguridad hídrica, debido a sus múltiples impactos sociales, económicos y ambientales, debería ser un objetivo primordial en las estrategias de desarrollo de los países latinoamericanos. La demanda de agua en la región se está incrementando como consecuencia de: estándares de vida más elevados, crecientes tasas de urbanización, la expansión de actividades productivas como la agricultura y los servicios vinculados al turismo. Lo anterior, combinado con los serios efectos del cambio climático, que ocasionan intensas inundaciones y sequías, hace que el concepto de seguridad hídrica cobre aún mayor relevancia.

CAF -Banco de Desarrollo de América Latina realizó una investigación sobre el tema en la que se abarcaron 26 ciudades intermedias de 17 países de América Latina. El análisis requirió evaluar diversos factores que inciden en la seguridad hídrica, como las fuentes de abastecimiento, la infraestructura troncal, las redes de distribución y los distintos usos del recurso. Las conclusiones del análisis muestran que el grueso de la problemática que amenaza con comprometer la seguridad hídrica se encuentra en la gestión ineficiente de la infraestructura y de las redes en el interior de la mancha urbana.

El índice de agua no contabilizada (ANC) declarado en las ciudades investigadas se encuentra por encima del 40 %, mientras que la seguridad sanitaria en los domicilios es un problema cuya carencia se refleja en indicadores de morbilidad y mortalidad, los cuales en algunas de las ciudades alcanza niveles desproporcionadamente altos. Otros resultados indican que apenas el 46 % de las 26 ciudades tiene la infraestructura necesaria para cubrir la demanda de agua generada por los habitantes. Sin embargo, es la demanda ineficiente del recurso el verdadero asunto a resolver en esta ecuación. Tomando como referencia los cálculos realizados en caso de que existiera una demanda eficiente, estimada en aproximadamente 80 metros cúbicos por persona al año, la cantidad de ciudades que podrían cubrir esa cuota se duplicaría, llegando a representar 9 de cada 10. En las 26 ciudades analizadas, en casos como Barranquilla y Guayaquil, por ejemplo, existen pérdidas que superan el 60% del agua total, mientras que solo Santa Cruz, en Bolivia, cuenta con bajo consumo y pérdida de agua. En líneas generales se observa una gestión ineficiente del recurso en la mayoría de las ciudades, con grandes pérdidas y aún mayores niveles de demanda per cápita, muy por encima de lo que se considera una demanda eficiente.

“Los crecientes niveles de pérdidas y demanda de agua, que tiene como patrón común la ineficiente gestión de la infraestructura y de las redes al interior de las ciudades es el principal obstáculo a la seguridad hídrica, la cual resulta vital para la inclusión, productividad y resiliencia de nuestra región. Por ello, es imperante la necesidad de aumentar la eficiencia y flexibilidad de las redes para optimizar la distribución de los volúmenes entregados a la puerta de la ciudad, mediante la creación de los incentivos regulatorios adecuados para la reducción de pérdidas de agua en las redes”, aseguró José Carrera, vicepresidente de Desarrollo Social de CAF.

Los incentivos que existen actualmente para reducir las pérdidas de agua son claramente insuficientes. La principal consecuencia de esto es que el costo de la ineficiencia operativa se traslada al consumidor vía tarifa. Según el estudio, más de un tercio de estas ciudades (35 %) posee una facturación anual alta, superior a 100 dólares por familia, 46 % se encuentra en la parte media –entre 50 y 100 dólares- y 19 % tiene una facturación anual baja, inferior a 50 dólares. Comparando estas cifras con el ingreso per cápita de las familias, vemos que, en promedio, las tarifas representan aproximadamente un 8 % de ese ingreso, lo cual es relativamente alto si se compara, por ejemplo, con algunas ciudades de Estados Unidos en las que ese costo representa apenas entre el 1 % y 2 %.

Hay un margen muy amplio para mejorar sensiblemente el desempeño de los gestores del agua, desde las agencias que asignan y supervisan la conservación de los recursos hídricos, hasta aquellas que se encargan de la distibución en las ciudades, su uso en la agricultura, hidroenergía, turismo y otras industrias.

Sin embargo, para responder eficazmente a los desafíos de la gestión del agua, las soluciones deberían ser analizadas, aprobadas, monitoreadas y reajustadas desde el más alto nivel del Estado para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

CAF sugiere, en primer lugar, evaluar con mayor criterio la ampliación de infraestructuras de cabecera, especialmente en casos de altos niveles de demanda y pérdida de agua. Al mismo tiempo se debe fortalecer la gestión de la infraestructura troncal –y de la red- con el manejo integrado de los recursos hídricos. Adicionalmente, es necesario el continuo perfeccionamiento de la calibración de los modelos de simulación de la escorrentía bajo diversos escenarios climáticos, lo cual permite realizar proyecciones para una mejor toma de decisiones. En cuanto al diseño e implementación de políticas públicas, se requiere poner un especial énfasis en la prioridad de la gestión del agua subterránea –que para el 40 % de las ciudades es la fuente más importante de agua- y la protección de las áreas de recarga de los acuíferos.

 

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