Cristina y ¡BERP!.

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En el año 1997 luego de la pelea de boxeo que marcó un hito en la historia de ese deporte porque Mike Tyson mordió y arrancó un cacho de oreja a Evander Holyfield, siempre recuerdo un chiste y caricatura que leí respecto a eso. La revista tal vez era ¡BERP!. En alguna mesa de mi casa siempre estaba repleto de diarios, revistas y libros. El Gráfico era mi revista preferida.

El chiste mostraba a ambos boxeadores. En especial a Tyson previo a la subida del ring donde ilustraban la actitud de la gente arengando a este boxeador.

Las arengas eran con frases surgidas en bocas abiertas de mil dientes, campanillas inflamadas o en pancartas que decían estilo «¡Matalo!», «¡Rompele la cabeza!», «Bajale todas las teclas», etc. En fin, era el odio de personas alienadas dentro de la arena dinero-pasión, promoviendo odio sobre un individuo para descargar sobre otro. Es decir, trascendiendo lo deportivo, un delivery indirecto de violencia pero con causas y efectos directos. Lo digo así para que se entienda.

Tyson sube al ring. Se escucha la campana que da comienzo a la pelea. La pelea no es lineal. Ataques, defensas y estrategias van y vienen, no logra alcanzar el golpe devastador que aniquila a su rival, por el cual están todos los corazones latiendo, ojos expectantes, flashes y luces encendidas. Las apuestas están al rojo vivo. Don King en el trono disfruta de su negocio, poder y habanos. La gente y entorno extasiados. Un coliseo listo, pleno y moderno con tandas y propagandas.

Holyfield aguanta la embestida, luego de algunos rounds gana el centro del cuadrilátero hasta que Tyson le muerde, arranca y escupe la oreja. Con adrenalina y euforia mientras Holyfield reclama por su dolor ilegítimo, Tyson como animal agazapado lo sigue desafiando, la ebullición del público en niveles máximos. Los espectadores todavía no se han percatado del hecho, por lo tanto siguen arengando y aumentando la presión sobre el cuadrilátero. ¡Más y más!. Todos ciegos acompañando a los acontecimientos. Lo importante es alcanzar el entretenimiento con sarcasmo, no el evento deportivo. El show debe continuar.

Consumado el hecho, con la derrota de Tyson declarada, el público se da cuenta de lo sucedido. Enseguida, el chiste muestra la reacción de los espectadores sobre Mike que fue de una hipocresía y soltada de mano tremenda.

Retiraron las pancartas, cerraron sus bocas y afinaron las campanillas. Con modales de gentleman y acomodándose los moños comentaban «Que mal Tyson», «Es una falta de respeto», «Tiene que ser suspendido de por vida», «El deporte y el público no se merece un monstruo así», etc.

El «monstruo» engendrado que tanto los entretuvo y llenó espacios en sus vidas ahora había que desterrarlo, humillarlo y desclasarlo. Maltratarlo y castigarlo.

En conclusión, era un chiste no para reír sino para reflexionar, además de mirarnos al espejo un rato. Mirarnos sin importar si estamos despeinados o no. Mirarnos. Ver nuestros propios defectos, soportarlos, aprender a cambiarlos y mejorarlos. No solo identificar los defectos propios sino también los ajenos. Es más fácil aprender de los ajenos, no sufrirlos ni convertirlos en propios. Por tal motivo miremos a nuestro vecindario, no copiemos y no nos subamos al carro.

Seamos Uruguay libre, democrático, republicano e independiente. Por historia ganada no somos Brasil, Argentina y Chile que viven en un pantano y tensiones políticas al límite. El límite es la guerra civil o dictaduras. Nada bueno ni constructivo, solo angustias y muertes que debemos evitar.

En Argentina es tal la desconfianza a la realidad que hay grandes sectores que dudan del atentado a la Vicepresidenta. Está todo dicho. No confían en nada. Esto es producto de años y décadas de corrupción con enormes problemas democráticos de generación en generación. Si no sos peronista, cae uno caen todos.

Ningún boludo (como dicen los porteños) carga 5 balas en un arma, gatilla a 25cm de la cara de la Vicepresidenta rodeado de sus leones mercenarios, fotos celulares y falla el disparo porque sí. Con solo cumplir el objetivo de quedar escrachado y «comprarse todas las rifas» para que la justicia seguro luego lo lleve preso.

Si no fue un golpe político, por lo menos, el motivo fue un delivery indirecto de violencia y fanatismo.

Todo delivery de violencia por más que sea indirecto es político, cultural y colectivo. En este caso, atentado directo a la democracia en Argentina.

Cristina, sin lugar a dudas, además de tener poder tiene mucha suerte.

En Argentina estuvieron varias horas más preocupados por el show mediático que encender todas las alarmas para defender a la democracia. Se putean y se pegan.

Los patoteros son así.

En el Cono Sur y América Latina menos mal que en el disparo no salió esa bala.

Ahora miremos en nuestros espejos a ver cómo estamos. Seamos responsables y soltemos las camisetas. Reclamemos, cambiemos y construyamos en democracia.

Así es como se la defiende.

No es obsesión es saber cuidarla.

Decantemos las peligrosas pasiones populistas y elevemos las ideas. Así no engendramos ningún tipo de monstruo sin darnos cuenta.

¿Vos tenés alguna idea?. Compartila, dale vida que el futuro lo necesita.

Por Andrés Legnani

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