La Verdadera Pandemia

Tiempo de lectura: 2 minutos

La sociedad humana sobre el planeta afronta una enfermedad existencial. El diagnóstico está refrendado por dos síntomas naturalizados en la mayoría de las poblaciones: la competencia y su hermano el individualismo. La primera ha infectado toda actividad social con un culto mayor que el de cualquier religión.

Aportando, la universalización de la comunicación digital degrada la presencialidad en relaciones humanas en tanto la movilidad global las banaliza en su menor duración. Y todos los colectivos, sin importar sus objetivos, declinan en cantidad de miembros. Las inventadas necesidades en los medios digitales evaden normas de convivencia y relaciones generadas durante milenios.

Obvian en sus propósitos mercantiles nacionalidades y hasta límites soberanos otrora respetados y protegidos por organismos mundiales. Este reinado de la competencia aporta al otro síntoma: el individualismo promovido y buscado en la consecución del éxito en cualquier actividad y a cualquier precio… incluyendo la delincuencia.

Daños colaterales
Bastan ejemplos notorios como el del actual presidente de Estados Unidos o, en otro extremo simbólico menos dañino, la increíble competencia por los récords Guinness.

Peores manifestaciones de esta pandemia se dan en grupos radicales amparados en el rechazo a discriminación negativa, pero aportando a la inequidad. La búsqueda del éxito en competencia se hace visible en los medios. Toda presencia en los mismos exhibe la auto distinción sobre quienes ayudaron a logros del protagonista. En el mejor caso, alguna referencia sobre individuos, poco y nada sobre el contexto social colectivo.

Y para los productos de todo tipo, incluyendo los farmacéuticos, el publicitado es mejor y descarta los demás; es el único que se debe comprar y consumir. Buscada o no, la saturación de la oferta digital es tal que lleva a la incertidumbre y por ende a una selección inducida por fuera de la intención del buscador humano. El resultado integral de la oferta digital, transportes globales e individualismo es el consumo indiscriminado ya no vinculado a las necesidades reales. El protagonismo también competitivo de los consumidores los vuelve adictos hasta consumir por consumir.

Qué podemos hacer
Este abordaje no abunda en el caos de la economía también globalizada del que deben ocuparse más seriamente los economistas adictos al crecimiento indiscriminado. En tanto, humildemente, procuramos unirnos a toda resistencia a esta pandemia.

Por Luis Fabre

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.