Pekín lidia con la volatilidad de EEUU

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  /Por Zoe Liu Zongyuan – La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que se ha convertido en una conflagración regional, representa la prueba más trascendental hasta la fecha para la moderación estratégica de China. A diferencia de la guerra de Rusia en Ucrania, la guerra en Irán amenaza los intereses estratégicos fundamentales de China, no por una fuerte dependencia de los hidrocarburos de Oriente Medio, sino porque un Washington cada vez más volátil está desestabilizando el orden mundial del que depende Pekín.

Ése es el enfoque de Forteign Affairs, un think tank conservador de EEUU no alineado con Trump.

El peligro para China no reside en la escasez inmediata, sino en el desorden. Unos Estados Unidos simplemente más débiles son manejables; unos impredecibles, violentos y sin las limitaciones del sistema que alguna vez defendieron son mucho más peligrosos. Unos Estados Unidos en declive pueden generar oportunidades; unos Estados Unidos volátiles destruyen las condiciones que permiten que esas oportunidades se materialicen. Lo que teme Pekín no es que Washington pierda poder, sino que ejerza el poder que le queda de maneras que dificulten la navegación mundial. Ante un Washington cada vez más temerario, el liderazgo chino actuará con cautela, protegerá sus vulnerabilidades y se resistirá a asumir responsabilidades globales para las que no está preparado.

La tibia respuesta de China a la guerra en Irán —el diálogo diplomático, los llamamientos a un alto el fuego y la evitación de la intervención militar directa— no refleja indiferencia ni oportunismo. Se trata de un esfuerzo deliberado por gestionar el riesgo sistémico, preservar las condiciones externas necesarias para el comercio y el flujo de capitales, y salvaguardar los cimientos del ascenso de China a largo plazo. Por lo tanto, el desafío de China no es simplemente ascender dentro del sistema global, sino sobrevivir a su desintegración. En un mundo cada vez más marcado por la disrupción que por la planificación, la mayor amenaza para las ambiciones de China podría no ser la fortaleza estadounidense, sino la inestabilidad de Estados Unidos.

Existe un antiguo proverbio chino para los tiempos de agitación: ni siquiera la madera más resistente puede sostener un palacio en ruinas. En Pekín, las autoridades se apresuran a apuntalar la estructura, mientras que en Washington derriban muros para construir un salón de baile.

 

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