Brasil: Arquitectura, el patrimonio oculto

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Hasta bien entrado el siglo XX no hubo en Brasil una reivindicación de la tradición artística, salvo honrosas excepciones.

Las alianzas actuales entre patrimonio, turismo e industrias culturales se asumen con naturalidad. Sin embargo, surgieron tras largas décadas de intenso trabajo por parte de personas enamoradas del acervo histórico y artístico de sus países.

marsolaire-quintana22Este proceso se dio con gran dificultad en América Latina y Brasil no escapó a este aletargamiento. Es sólo a partir del llamado Movimiento Modernista, en la segunda década del siglo XX, que hubo una valoración genuina hacia las artes y la arquitectura nacional.

Para explicar estas dilaciones debe entenderse que el proceso de conformación del estado-nación brasileño no fue similar al de sus vecinos. Brasil pasó por procesos de separación política bastante particulares. Por un lado, la independencia de la corona portuguesa y, por otro, la prolongada transición de sistema imperial a república federativa. Ese pasaje de súbditos a ciudadanos no fue tan sencillo de solventar.

La visión de los nuevos ciudadanos sobre su identidad estaba escindida: por una parte, había un rechazo a la tradición portuguesa y, por otro, una voluntad de proyección hacia el mundo moderno, con sus avances y progresos.

Tal afán se profundizó en la medida en que Brasil creció como productor de café, algodón y caucho. Esto puede evidenciarse en las reformas urbanísticas de Río de Janeiro, emprendidas por el alcalde Pereira Passos a principios del siglo XX e inspiradas por las del Barón de Haussmann en París. La apertura de la avenida Central, entre 1904 y 1906, arrasó sin resistencias con gran parte del antiguo núcleo colonial de la ciudad.

Hasta bien entrado el siglo XX no hubo reivindicación de la tradición artística. Sus raíces estaban difusas, fuere por antiguas disputas políticas o por el vértigo de los acontecimientos mundiales. Como siempre sucede, hubo honrosas excepciones que se transformarían, a la larga, en las voces pioneras de la preservación patrimonial: Ricardo Severo y José Mariano Filho, abanderados del estilo neocolonial.

Severo, ingeniero de origen portugués, se dedicó a sistematizar una de metodología de recolección de datos ornamentales en varias zonas del país. Para ello le encargó en 1918, al pintor José Wasth Rodrigues, un levantamiento iconográfico. De esta iniciativa se editó, tardíamente, el libro Documentario Arquitectónico en la década de 1940 cuya consulta aún es obligada entre investigadores.

El caso de Mariano Filho amerita unas cuantas páginas por su personalidad y apasionada obsesión por la arquitectura de Minas Gerais. Médico de profesión supo encauzarse en el coleccionismo, creó varios premios arquitectónicos y llegó a ser director de la Escuela Nacional de Bellas Artes desde donde promovió un homenaje al Alejaidinho en 1930, famoso artista minero del siglo XVIII. Su actuación permitió, entre muchas otras cuestiones, que Lúcio Costa recorriera en su juventud el norte de la nación e hiciera un levantamiento de edificaciones consideradas hoy patrimonio de la humanidad.

A seres devotos de la historia cultural debe Brasil su actual gestión del patrimonio. Aún así, la actual globalización ha ocultado tesoros locales que esperan por una revisión y una revalorización.


Marsolaire Quintana

Investigadora- ‎Escritora y Comunicadora – 247

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