La esperanza no se construye con odio

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Hace unos seis años atrás, trabajé en un proyecto educativo para muchachos entre 14 y 17 años, no formal, vinculado a la UTU de La Teja.

Si bien mi función era básicamente aproximarlos a los contenidos básicos de la lectura y la matemáticas los docentes tenemos la enorme posibilidad de acercarnos mediante otros vínculos con los alumnos. De ahí aprendí que estos muchachos y muchachas eran muy poco escuchados, por diversas razones, y consideré importante hacerlo en los momentos oportunos.

Un día se acercó Carlos y me dijo: ayer fui a la marcha de los desaparecidos.

Se refería a la marcha que desde hace 25 años, mayo a mayo, los 20, se hace bajo un silencio abrumador en la Avda 18 de Julio.

Alicia Jaime

_ Ah, si, le respondí . Yo también estuve allí. No caminé mucho, quedé parada cerca de la vereda. Siempre me impacta ver el enorme cartel trasladado por la primera fila con la consigna que varía año a año, donde sobre salen las cabezas y los brazos en alto mostrando el cartel con la foto de esos rostros tan lindos y tan jóvenes transportandos por sus familiares, inmortalizados en una foto.

_ Usted tiene algún familiar desaparecido, me preguntó Carlos.

Cuando leí la lista de alumnos de ese grupo su apellido me resultó conocido, lo escuchaba año a año cuando muestran la foto de la persona y dicen su nombre y los demás contestamos Presente.

-No, Carlos, no tengo ningún familiar desaparecido, le dije.

– Entonces para qué fue, me contestó entre sorprendido y un poco molesto.

Quedó más tranquilo cuando le dije que iba porque aunque no tuviese lazos de sangre con ellos éramos hermanos. Hermanos en la lucha por lograr una sociedad más justa.

_ Yo voy todos los años con mi padre, el desaparecido es mi abuelo.

Y la conversación se fue desvaneciendo.

Yo sabía, que su abuelo había desaparecido en Buenos Aires, que había sido salvajemente torturado
frente a su esposa y a sus hijos.

Luego no lo vieron más.

Ella volvió al Uruguay con sus hijos pequeños e hizo mil sacrificios para criarlos.

Ahora, se han casado y tienen hijos. Una de las muchachas murió dejando una hija pequeña al cuidado de su abuela. Mil sacrificios.

Siempre guardé ese momento. Siempre lo tengo presente y me alegró generar esa confianza para que ese adolescente pudiese hablar francamente conmigo de algo tan doloroso como lo que había pasado en su familia.

Los detalles no los sabía, era suficiente conque su padre le hubiese contado que su abuelo había muerto y desaparecido.

Muchas veces evito escuchar las ofensivas palabras de los partidarios de la derecha, llevo muchos años haciéndolo y cada vez las aborrezco más.

Pero en estos días que se hizo tan presente el momento legislativo dónde se pedía el desafuero del General para que compareciera ante hechos acaecidos durante la dictadura me detuve a escuchar los argumentos.

En un momento de su intervención dice que todos los familiares que buscan a los desaparecidos han desperdiciado su vida porque la han llenado de odio.

De odio? . Ese señor asesino sabe lo que es el odio, porque cuando lo formaron como militar le enseñaron a odiar a cualquiera que pensara distinto que él, en su pensamiento fascista existe otro camino. No le tembló la voz cuando apoyó y protegió a otros militares que confesaron los más horrendos crímenes cometidos, torturas, desapariciones, participación en los vuelos de la muerte.
Solamente los indiferentes a todos pueden decir que aquí no pasó nada y si pasó fue porque lo buscaron.

Cuántas familias desechas, cuántos niños crecieron sin padres, sin abuelos, desolados.

Y este señor se atreve a decir que vivieron fomentando del odio. Qué absurdo, qué falta de ética.

La consigna todos somos familiares amparó a un inmenso colectivo de gente que protegió al otro, que lo cuidó en su dolor, que le dio una mano en su desesperanza, que lo acompañó paso a paso en las muchas recorridas para encontrar una señal que generara esperanza y las miles de veces que tuvieron que retroceder engañados.

Por eso, quien utiliza la palabra odio es porque lo conoce, nada más lejos de la realidad. Carlos, sos muy joven, te tocó pertenecer a una familia que supo desde hace mucho tiempo atrás lo que es el sufrimiento en los términos más profundos.

Como sociedad, debemos comprometernos día a día, a no olvidar. Y convencernos que en algún momento de tu vida sabrás con certeza qué le pasó a tu abuelo.

Estoy segura que a los que te rodean no los mueve el odio.

Quizás la sociedad más justa y solidaria por la que tu abuelo dejó su vida sea el merecido premio a tanto
dolor. Queda en tus manos no perder la esperanza.

Por Alicia Jaime Pérez
(Comienzo de la primavera del 2020)

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