Los finlandeses están preocupados por su felicidad. Desde hace cinco años Finlandia encabeza la lista de los países más felices del mundo, y hay un intenso tráfico en las redes sociales con mensajes en los que se felicitan mutuamente y expresan orgullo de vivir y contribuir a una sociedad de personas felices. Pero los visitantes de Finlandia testimonian que esa felicidad no se ve, y es una observación correcta.
A esto, los finlandeses responden que esconden su felicidad para no irritar a los suecos, que son solo 7° en el ranking de felicidad. Hay una vieja rivalidad con sus antiguos ocupantes imperiales (con intermitencias, desde el año 1100) y el famoso diseño sueco tiene sus ocultas raíces en Finlandia. Pero es más común el argumento retórico de que “el índice de felicidad no mide la felicidad. “Es más bien medir la confianza que tenemos en nuestro futuro y hasta qué punto nos preocupamos por lo que pueda o no ocurrir en él”.

Esta situación en la que son y no son felices al mismo tiempo es materia de estudio: debería serlo y lo es. El carácter finlandés, afincado en su religión evangélico-luterana, hace que tiendan a ver el lado negativo de lo positivo. Usan una descomunal cantidad de antidepresivos: los toman 300.000 personas (en una población de 5,5 millones), según el Seguro Social, KELA.
También los deprime la posibilidad del agotamiento laboral, no ya el sufrirlo: Según una encuesta sobre las condiciones de trabajo realizada por Estadísticas de Finlandia en 2018, el miedo al agotamiento se duplicó entre 2013 y 2018. Hace cuatro años, el 15 % de los asalariados sentía que había un riesgo claro de agotamiento grave, en comparación con el 7 % en 2013. No es todo: agota a los finlandeses ser padres o madres: están 7° en el ranking de progenitores agotados de 42 países.
Los finlandeses son un pueblo sufrido desde hace muchos siglos, desde que se separaron las tribus que venían del centro-oeste de Siberia. Los después húngaros se quedaron en la calidez y fertilidad de las tierras del lago Balaton, hoy en el centro de Hungría. Solo conservan cinco palabras en común con lo que después se llamó pueblo Suomalaiset (y el nombre correcto de Finlandia es Suomi), que siguió su viaje hasta que se acabó el continente, y el clima en la región era lo que es hoy. Lo aceptaron, qué más remedio, y está en su cultura soportar las dificultades de una manera obstinada, silenciosa, remota e individualista. Ahora, tantos años después, las dificultades son considerablemente menores, pero el enfoque sigue siendo el mismo en muchos niveles. En esas condiciones es que se consideran felices.
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