Termine o no la guerra, el mundo ya no es el mismo / (Nota 3 de 4)
La guerra ha tenido un impacto significativo en la economía mundial, con el aumento de los precios de la energía, la interrupción de las cadenas de suministro y la inflación. Se debe agregar el alto costo, que afecta sobre todo a Europa, de la crisis humanitaria: millones de personas desplazadas de sus hogares, sobre todo mujeres, niños y viejos. EEUU, el otro actor, ha recibido cerca de 80.000 de los aproximadamente 8 millones de ucranianos que están refugiados en Europa, incluso en países como Polonia y Hungría, que supieron cerrar sus puertas en la crisis de 2015 con la avalancha humana de refugiados de Siria pero esta vez las abrieron porque “son como nosotros”, al ser más cercanos a los EEUU.
Estados Unidos ha tenido tradicionalmente vínculos estrechos con los países de Europa del Este, que antes formaban parte de la Unión Soviética. Estos países son los que generalmente más apoyan la política exterior de EEUU. Los otros países europeos tienen una historia más larga de independencia y cuidan más sus propios intereses.
Los más incondicionales socios de los EEUU en Europa son Letonia, Lituania y Estonia, le siguen
Polonia y la república Checa. Los suspicaces son Hungría, Bulgaria, Eslovaquia y Rumania; además, Hungría es el socio díscolo de la UE: está más cerca a Rusia, aunque pertenece a la alianza defensiva atlántica.
No hay que olvidar que la UE es una entidad compleja que no llega a ser una federación, y por eso no tiene una política exterior común. En la UE conviven países con una amplia gama de puntos de vista, que a veces coinciden y otras no.
Lo que une a EEUU y Europa es la “condición democrática”, por eso se explica la alianza que ayuda a Ucrania contra la invasión rusa. La ecuación es simple: Ucrania quiere ser una democracia y pertenecer al sistema llamado “occidental”, ese hecho une a Washington con Bruselas en defensa de Ucrania. Y separa de ellos a Rusia por su carácter autoritario y cuasi dictatorial, en tanto celebran elecciones cada vez menos democráticas, e imperialista.
La alianza occidente-ucrania puede debilitarse en el transcurso del tiempo. Si la guerra continua hasta las elecciones presidenciales de EEUU (2024), puede producir el voto a favor del “nacionalismo trumpista” con Trump o sin él. Lo mismo puede ocurrir en Europa donde se celebrarán elecciones en Polonia, España, Turquía y Grecia. Finlandia dio una señal negativa: el último resultado electoral arrojó la victoria de las dos derechas (la vieja conservadora y la nueva identitaria) que decidieron formar gobierno rompiendo una vieja tradición de gobiernos de gran coalición.
Francia puede dar un giro a la derecha, con Le Pen, o a la izquierda, con Mélenchon; ambos extremos son menos amigos de Ucrania. Mélenchon decididamente anti-OTAN y anti-EU igual que Le Pen, aunque esta última tiene el ejemplo de su colega Giorgia Meloni de la derecha italiana, que se ha replegado y cambiado el tono anti UE.
Alemania igualmente puede cambiar de opinión: hay un porcentaje muy alto de alemanes que no está de acuerdo con el rearme y tampoco con la ayuda militar a Ucrania.
La unión occidental en contra de Rusia tiene, como se escribe líneas arriba, la “condición democrática”, como elemento unitario. Los lazos militares con la OTAN podrían modificarse porque ya se advierte, no un choque, sino más bien diferentes traspiés (UE-China) que deben producir el esbozo de un plan B que aparentemente la UE todavía no tiene. Y no lo tiene porque no es una Federación, sino una unión de países soberanos.
La alianza de los EEUU y la UE es una calle de doble sentido. Washington se beneficia de la cooperación europea en temas como el comercio, la seguridad y el cambio climático, pero se advierten los desacuerdos.
La guerra en Ucrania, al margen de sus raíces de seguridad y la indivisibilidad de ésta, es la prueba fehaciente de que la interdependencia económica inhibe y retrasa el conflicto hegemónico, pero no lo anula.
El interés mayor de los EEUU es perjudicar a China, que no es lo mismo que competir. Sin embargo, Washington y Beijín son socios comerciales y mantienen una compleja red de vínculos económicos. Hay quienes sostienen que EEUU no puede darse el lujo de romper completamente sus lazos con China. Esa “amistad” es de doble vía; permitirá cooperar en algunos rubros y enfrentarse en otros. En este tira y afloja, las potencialidades políticas ya no son las mismas que antes de la guerra.
EEUU ya no es lo que era en la década del 60, pero aún sigue siendo la primera potencia militar. Si la nueva geopolítica de Washington apunta al Asia, Europa puede quedar sola, con el peso de ser la muralla de contención de las ambiciones rusas, aunque disminuidas respecto a antes del 24 de febrero del 2022.
Hoy, la relación o la no relación entre los EEUU y China sigue siendo la variable fundamental, a pesar de Putin y su interés expansionista.
Rusia no creyó que la guerra iba a ser tan larga. Ese hecho no calculado implica un desgaste no sólo político, sino económico, con las sanciones y el gasto público. Y también un debilitamiento: de su condición de “potencia”, lo único que le queda es el arma nuclear.
Con guerra o sin ella, Rusia se ha debilitado y ya no es el socio hegemónico en su relación con China. Ese rol lo tiene Beijín. La economía china además es mucho más grande que la rusa. La guerra de Ucrania ha empequeñecido a Rusia y su alianza con China es la confirmación de su debilidad. El país asiático entendió el fenómeno, por eso propone un plan para negociar la paz; son doce puntos, aunque escorados hacia Moscú. No deja de ser un plan discutible, por lo menos así lo han dicho dos presidentes europeos (Pedro Sánchez, de España, y Emmanuel Macron, de Francia); además, el presidente francés Macron y la presidenta de la UE Ursula von der Leyen han estado en Beijín. Según expertos, el plan chino tiene puntos interesantes que pueden servir de una base de discusión futura entre China y la UE primero y después con EE. UU.
En este contexto, es importante la actitud china. Henry Kissinger advirtió alguna vez: “Humillar a Rusia es arrojarla a los brazos de China, enemigo geopolítico central de los EEUU.”
Me atrevo a disentir con Kissinger, pues, “arrojar a Rusia a los brazos de China” es una redundancia, China y Rusia son amigos desde la desaparición de la URSS. Ayer la relación era inversa: el coloso era la URSS y China era un amigo débil. El “triángulo de Kissinger” estaba bien en aquel momento. Hoy no hay ideología, el enfrentamiento es entre democracia, llamando a tal al libre comercio, y dictadura, que procura también un libre comercio pero controlado por el Estado. Así es la economía y el comercio los que dictan las nuevas reglas. Y las formas de implementar la política.
Hoy, el socio fuerte radica en Beijín y el socio que necesita ayuda por su debilidad habita en Moscú. Para evitar el mayor fortalecimiento de China de cara a occidente este es el momento para sentarse a la mesa de negociaciones y no seguir soportando el peso –que es para todos los actores– de una guerra prolongada.
De esa manera se puede esbozar un plan de coexistencia pacífica entre los nuevos bloques, sabiendo que existe la tendencia declarada de cambiar el eje del poder mundial y trasladarlo del Mediterráneo al Pacífico.
En este contexto, en verdad aumentan los desacuerdos entre la UE y EEUU. Una muestra de los desacuerdos tiene su origen en la economía. Los entuertos comerciales de estos últimos tiempos entre la UE y los EEUU, son el rompimiento de un multimillonario contrato entre Australia y Francia para la compra de submarinos. Australia decidió optar por navíos estadounidenses de propulsión nuclear, luego de la creación de una alianza militar con EEUU y el Reino Unido. La pérdida para la industria francesa fue multimillonaria.
Algo parecido podría ocurrir con los vehículos de la nueva generación. Ursula von der Leyen (UE) y otros líderes europeos han expresado su oposición a los incentivos de la Ley de Reducción de la Inflación que Biden promulgó en agosto de 2022 y que favorecen a los vehículos eléctricos de fabricación estadounidense. La ley estipula que, para que los consumidores estadounidenses puedan optar por una deducción fiscal de hasta 7.500 dólares por la compra de un vehículo eléctrico, la batería de éste debe contener en su mayor parte minerales procedentes de Estados Unidos o de un país con el que Estados Unidos tenga un acuerdo de libre comercio.
Además, el 50% de los componentes de las baterías deberán haber sido fabricados o ensamblados en Norteamérica antes de 2024, porcentaje que aumentará gradualmente hasta alcanzar el 100% en 2028.
Según sostenía Trump desde la presidencia, la UE no puede ser aliada de EEUU, porque es una enemiga comercial y económica. Para Trump, Europa era mejor tomarla país por país; es decir, debilitada y mejor aún sin Unión. Trump fue uno de los impulsores de la salida del Reino Unido de la UE.
Cabe preguntarse si la tesitura de Trump, es la de EEUU. Probablemente. Trump tiene una lengua suelta; otros, como Biden, no lo dicen. Pero, en su afán de mantener el liderazgo mundial, prefieren una Europa aliada pero no demasiado fuerte; y además, cuando menos compacta, mejor. Los ejemplos de los submarinos franceses y los vehículos de la generación eléctrica son pruebas del choque de intereses.
Oficialmente se sigue reconociendo la “hermandad atlántica” y no falta razón desde el punto de vista económico. Biden, que no es eterno en la Casa Blanca, reconoce que entre EEUU y la UE hay intereses económicos y estratégicos en común. Ha señalado áreas como el terrorismo, el cambio climático y la proliferación nuclear, pero, admite que también surgirán momentos en que los intereses sean diferentes o encontrados, “en ese caso defenderé los intereses de mi país”, que es EEUU.
Las cifras confirman la alianza atlántica como estable, pero con grietas. El Real Instituto Elcano de España sostenía el 2007: “La producción combinada EEUU – UE ascendió a más de 23.000 millones de euros, y en esa ocasión la UE superó en 2 mil millones de euros a EE. UU.”
Estas cifras se han modificado por la pandemia y aún no hay evaluaciones después del inicio de la guerra en Ucrania. Si tomamos en cuenta la misma cifra de 2007, resulta ser el 60% del PIB mundial. Además, ambas regiones son responsables de aproximadamente el 60% del comercio global. En ellas se generan más del 75% de las inversiones directas extranjeras mundiales.
La variable fundamental del comercio mundial es China; eso no debe perderse de vista. Todo dependerá de la relación que tengan o no Washington y Beijín. En un texto escrito por Josep Borell, el alto representante de la UE para la política exterior, se afirma: “Debe quedar claro que Europa sigue teniendo un interés duradero para colaborar con China – aun cuando resulte difícil – en una serie de cuestiones mundiales en que esta última desempeña un papel fundamental. China tiene que formar parte necesariamente de soluciones mundiales a problemas de escala planetaria, como la lucha contra COVID- 19 o la mitigación del cambio climático”
El texto de Borell se publicó antes de la guerra en Ucrania, por eso me atrevo a agregar que el plan chino de cara a la guerra debe convertirse por lo menos en una hoja de ruta a discutir. Todo dependerá de la solución de la variable fundamental que, sin querer queriendo, remplazaría a la geoestrategia bélica de Putin.
La gran ventaja de Europa es su proyecto de sociedad, cada vez menos socialdemócrata o socialista o demócrata cristiana, pero, a pesar de los quiebres autoritarios que ejemplifican Polonia, Hungría e Italia, sigue siendo un continente que goza de libertades que son resultado de su sistema.
Después de este primer año con guerra, los polos que parece que quedarían en pie, si la guerra continua, son el occidental formado por EEUU – UE, y el liderado por China acompañado de una Rusia debilitada. Los países de la periferia, como los de América latina, podrían desarrollar sus propios proyectos en base a la “diversificación de la dependencia”, o sumarse a los polos existentes, lo que implicaría seguir siendo dependientes.
La OTAN extendida al patio trasero de Rusia fue la preocupación principal de Moscú y el motivo de su invasión a Ucrania; hoy en plena guerra, la OTAN ya está en la puerta de entrada del Kremlin. Los tres países del Báltico, Finlandia y Suecia son socios de la OTAN.
Como escribía Eric Hobsbawm “Nuestro mundo corre riesgo a la vez de explosión y de implosión; por eso debe cambiar”.
Carlos Decker-Molina
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.