Israel es una potencia atómica

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/ La cúpula defensa que Israel entendía inviolable, fue penetrada por un dron el 18 de julio, que viajó dos mil kilómetros para entregar un mensaje explosivo de los hutíes en el centro de Tel Aviv, a poca distancia de la embajada de EEUU, matando a una persona e hiriendo a cuatro, según información israelí. Bien podría haber transportado una pequeña bomba atómica, si los hutíes la tuvieran. Israel la tiene, y solo dejó trascender que posee un arsenal de ellas, por su potencial disuasivo.

El poderío nuclear de Israel es un parteaguas en la situación de Medio Oriente, y una presencia vergonzosamente no especificada, al menos por Occidente, en los análisis regionales. En ella se apoya, sin dudas, la derecha israelí, y ella le permite las medidas antidemocráticas de su gobierno, que EEUU insiste en que es la única democracia de la región. O sea, es una región a civilizar, a sojuzgar, a encarrilar. En eso están.

En 2010 hicieron algo parecido a admitirlo. El primer ministro de Israel, Yair Lapid, afirmó durante la ceremonia de cambio de guardia en la jefatura de la Comisión de Energía Atómica de Israel el 22 de agosto: “El escenario operativo en la cúpula invisible sobre nosotros –dijo el primer ministro– se basa en capacidades defensivas y capacidades ofensivas, y lo que los medios extranjeros tienden a llamar otras capacidades”. Y agregó: “Esas otras capacidades nos mantienen vivos y nos mantendrán vivos mientras nosotros y nuestros hijos estemos aquí”, en Israel.

Su predecesor, Naftali Bennett, también participó del evento, y no pudo evitar mentir. “Hace un año tomamos una serie de decisiones cuyo objetivo era mejorar nuestra preparación para enfrentar el problema nuclear iraní”. En consecuencia, “asignamos grandes recursos para cerrar las brechas que nos estaban quitando el sueño”. La cadena CNN comentó el “raro” mensaje del primer ministro en su alusión al “ampliamente sospechado” arsenal nuclear israelí.

Mintió, en tanto la historia en relación al poderío nuclear israelí se remonta a la fundación misma del país. El sistema nuclear israelí comenzó “modestamente” con científicos judíos europeos buscando uranio en el desierto del Negev en 1949 por órdenes del prócer David Ben-Gurión.

La adquisición del conocimiento nuclear por parte de Israel se remonta a fines de la década de 1940 y principios de la década de 1950. Durante esos años, Israel estableció un programa nuclear secreto con la ayuda de científicos y tecnología extranjeros. A principios de la década de 1960, se cree que Israel había logrado desarrollar su primera bomba atómica.

Según un primer informe de SIPRI, Israel poseía ochenta bombas nucleares en 2010, de las cuales aproximadamente treinta eran “de gravedad”, es decir, para ser lanzadas desde un avión. Las cincuenta armas restantes eran cabezas para ser lanzadas por misiles balísticos de mediano alcance Jericho II que, “se cree, tienen su base con sus lanzadores móviles en cuevas en una base militar al este de Jerusalén”, afirma el SIPRI.

En un email obtenido por el grupo hacker ruso Fancy Bear y difundido a través del website DCLeaks, el ex secretario de Estado, general Colin Powell comentaba con un amigo el discurso del 7 de noviembre de 2010 del primer ministro Benjamin Netanyahu, al Congreso de Estados Unidos para alertar sobre los peligros del programa nuclear iraní. Powell expresó sus dudas sobre las verdaderas intenciones de Irán de usar una bomba nuclear contra su enemigo, porque “los muchachos de Teherán saben que Israel tiene 200, todas dirigidas contra Teherán, y nosotros tenemos miles”.

En su discurso, Netanyahu citó el Libro del Deuteronomio, 25:17: «Cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides». La represalia será un hecho.

Es que, junto a los supuestos Jericho almacenados en las cuevas de Judea, al este de Jerusalem, los israelíes se ocuparon de desarrollar la famosa capacidad de “segundo ataque”, con misiles nucleares a bordo de submarinos de la clase Dolphin. Se asegura así la capacidad de represalia, y con ella, la mutua destrucción asegurada.

El gobierno Israel mandó a construir los Dolphin en astilleros de Alemania, aliado de hierro de Jerusalén, en especial en temas militares. Cuenta la leyenda que los ingenieros alemanes se sorprendieron cuando sus colegas israelíes les pidieron tubos más anchos para el lanzamiento de misiles desde los submarinos. Obviamente, la razón era (y es) que esos tubos presuntamente sirven para disparar otro tipo de proyectiles, capaces de transportar cabezas nucleares.

“Los necesitamos más anchos para que puedan usarlos los buzos” para salir a las aguas, aseguraron los israelíes. Los alemanes hicieron como que les creyeron, y los submarinos súper silenciosos cuentan -se supone, porque estas cosas no se confirman ni desmienten- con tubos más anchos para “buzos”.

Mientras Israel engrosaba su arsenal atómico, su estrategia desde hace décadas ha sido evitar que otros países “enemigos” obtuvieran el arma nuclear, como ahora está haciendo con Irán. Su estrategia desde hace décadas ha sido evitar que otros países “enemigos” obtuvieran el arma nuclear, como ahora está haciendo con Irán. En 1981, su aviación destrozó un reactor en Irak que consideraba una amenaza ; y en 2007 penetró en Siria para destruir un reactor donde el régimen de Bachar al Asad preparaba un arma nuclear de plutonio, mientras Israel se oponía al acuerdo en materia de energía nuclear con Irán que se intentaba.

Al parecer, la adquisición del conocimiento nuclear por parte de Israel se remonta a fines de la década de 1940 y principios de la década de 1950. Durante esos años, Israel estableció un programa nuclear secreto con la ayuda de científicos y tecnología extranjeros. A principios de la década de 1960, se cree que Israel había logrado desarrollar su primera bomba atómica.

Uno de los eventos cruciales que ayudó a Israel a obtener la tecnología necesaria fue la colaboración con Francia en la construcción de una planta de reprocesamiento nuclear en Dimona, en el desierto de Negev. La construcción de esta planta se llevó a cabo en secreto y fue uno de los pilares fundamentales para el desarrollo del programa nuclear israelí.

El desarrollo de la bomba atómica por parte de Israel ha sido un tema delicado y políticamente sensible en la región del Medio Oriente. La política oficial de Israel sigue siendo la de «no ser el primero en introducir armas nucleares en la región», lo que implica que Israel no realizará declaraciones oficiales sobre el tema. Eso incluye no haber firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Atómicas (TNP). El hecho es que Israel es el único país de Medio Oriente con capacidad nuclear, y eso sobrevuela y subyace en toda negociación en la región. Excepto, claro, en ataques como los de Hamas, y represalias de aniquilación como la que sigue en desarrollo en Gaza.

 

 

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