/ Hace poco más de una semana un plomero trató de matar a dos turistas en Miami disparándoles 17 balazos. Esto apenas habría sido comentado por los noticieros locales porque fue uno de los cientos de los tiroteos que ocurren en Estados Unidos semana tras semana. Pero la noticia recorrió el mundo, probablemente porque tanto el atacante como sus víctimas eran judíos y porque parecería que una imaginación sobresaltada o un daltonismo étnico impidieron interpretar correctamente lo que estaba sucediendo.
El atacante -un plomero nativo de Florida-fue rápidamente detenido por la policía y confesó sin demoras que había asesinado a dos palestinos. Estaba doblemente equivocado, porque sus víctimas no eran árabes, sino judías y no habían muerto, sino que apenas habían sufrido heridas leves.
Las víctimas fueron presentadas por la prensa estadounidense como dos israelíes en viaje turístico, un padre y su hijo, sin aclarar si eran árabes (uno de cada cinco israelíes es árabe) o judíos. La prensa judía en cambio, igual que la prensa israelí y buena parte de la prensa internacional, informó que tanto el atacante como los atacados eran judíos.
Una parte de esta saga de datos incompletos y espejismos étnicos permaneció oculta varios días hasta que el periodista Jonathan Ofir reveló, en el sitio web Mondoweiss, el contenido de un mensaje que una de las víctimas había publicado en redes sociales. El mensaje escrito por la víctima comenzaba afirmando que había sufrido un atentado antisemita y terminaba haciendo un llamado genocida, invocando la consigna “Muerte a los árabes”.
Por Rafael Cantera
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.