El Frente Amplio nace en 1971 en una etapa de crisis económica, social y política del Uruguay. El contexto internacional se caracterizaba por dictaduras en Argentina y Brasil, pero con gobierno socialista en Chile y aún, con influencia de la revolución cubana. Nace con mucha fuerza, con la influencia de la unidad del movimiento sindical concretada años antes, con comités de base relativamente creativos, donde se forja la unidad de la izquierda y con muy amplia movilización social. El acto final del FA para las elecciones de 1971, fue de tal magnitud, que generó un gran susto en los partidos tradicionales. Tal vez, los votantes del FA habían concurrido todos a ese acto final.
La primera situación difícil para el FA deriva del golpe de estado de 1973. Los principales dirigentes fueron presos, otros quedaron en la clandestinidad y otros salieron al exilio. Se cerraron los locales y todas las reuniones se realizaban en la clandestinidad. Fue un momento muy complicado para la
continuidad de la fuerza política, para poder mantener el alto grado de unidad, indispensable para otorgarle la continuidad al Frente Amplio.
Las propias dificultades de la situación se manifestaron nítidamente en las elecciones internas de 1982. Desde el exilio, con influencia de la convergencia democrática, se propugnaba por una votación a favor de las listas internas del Partido Nacional que representaban el pensamiento de Wilson Ferreira Aldunate. Por otro lado, Seregni desde la prisión era absolutamente contrario a esa posición y solicitaba el voto en blanco. Era una demostración que la dictadura nos había afectado.
La salida de Seregni de su prisión y el inolvidable discurso desde el balcón de su casa, seguramente permitieron retomar la confianza frentista para nuevas movilizaciones, que se venían concretando con el acto del Obelisco en 1983. Las elecciones de 1984 nos vuelven a encontrar unidos, pese a la prohibición de que Seregni fuese el candidato a la presidencia. Esta proscripción se efectiviza junto a la de Jorge Batlle y Wilson Ferreira. Se reinstalan los comités de base y vuelven las grandes movilizaciones sociales. En dichas elecciones la lista más votada, dentro del FA, es la del Partido por el Gobierno del Pueblo, liderada por Hugo Batalla.
Pero en 1989 se produce una gran escisión. Batalla aspiraba a la candidatura a la presidencia de la república, pero el candidato natural era Seregni, proscripto en la elección anterior. Se fueron del FA el Partido por el Gobierno del Pueblo y el Partido Demócrata Cristiano. Fue una situación muy compleja y muy difícil, porque se rompía un principio básico, que era la cultura de la unidad, esencial para este movimiento de izquierda. Se escindían del FA partidos que casi habían obtenido el 50% de los votos frentistas en 1984. Sin embargo, en las elecciones de 1989 no le fue tan mal al FA, a tal punto que se ganó la Intendencia de Montevideo, con Tabaré Vázquez como candidato a Intendente.
Muchos de los que se retiraron del FA en 1989 volvieron. Otros desaparecieron de la vida política. En las elecciones de 1994 hay una especie de triple empate, Por primera vez se rompe el bipartidismo. El FA, aunque sale tercero, lo hace muy cera del triunfador Partido Colorado. Los partidos tradicionales sienten que se acercan las posibilidades de que el FA sea el ganador de las próximas elecciones y proponen y obtienen, un cambio constitucional, incorporando el ballotage. En 1999 el Frente Amplio ya es la primera fuerza política del país, aunque luego pierde el ballotage.
Desde 2005 el Frente Amplio gobierna el Uruguay e inicia un proceso de transformaciones en beneficio de los más vulnerables, de los sectores de menores ingresos. La sociedad uruguaya pasa del pesimismo al optimismo. Hasta 2013 hay un fuerte crecimiento económico, con ayuda de altos precios internacionales de los productos de exportación. Dicho crecimiento ayudó a la significativa mejora del empleo. La política económica generó avances hacia la igualdad, con baja de la pobreza e indigencia, elevados aumentos de los salarios reales e incrementos significativos del gasto público social. Se avanza en el tema de los derechos ciudadanos con la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y la reglamentación de la producción y el consumo de marihuana, que es un ejemplo para el mundo internacional.
Pero en estos dos últimos años se pierde el optimismo y se pasa a un pesimismo moderado. Se siente el descontento entre los frentistas. En las últimas encuestas el FA ha perdido alrededor de 10 puntos porcentuales. Pero los partidos tradicionales no mejoran en las encuestas, sino que crecen significativamente los indecisos. No sabemos exactamente las causas del descontento, pero en todas las encuestas la inseguridad y los problemas económicos tienen predominio. El tema nos preocupa, paro además cuanto juegan las disputas internas, las que no se discuten en los ámbitos internos, las que surgen por declaraciones de dirigentes frentistas a los medios de comunicación, que estos agrandan y muchas veces tergiversan. Esta situación sin ninguna duda está afectando profundamente al Frente Amplio.
El episodio Sendic es el que más nos afecta en estos días, en estas semanas, en estos meses. Más allá de los errores de Sendic, no hay una dirección política para tratar el tema internamente y tomar unitariamente una decisión. Las declaraciones y controversias de los dirigentes frentistas por los medios de comunicación y las filtraciones nos hacen enorme daño y estos medios, .junto a la oposición política, se siguen haciendo la gran fiesta. Creo que estamos viviendo una de las crisis más profundas en la historia del FA. Los frentistas sienten que no hay credibilidad política, que se pierde la confianza. En este tema las diferencias internas son centrales.
Por ello, reitero mi propuesta de notas anteriores, de reuniones extra estatutarias, donde se junten los principales referentes de los distintos grupos del FA con representación parlamentaria, para debatir, para confrontar, pero sobre todo para encontrar salidas y mantener la unidad de acción y un relato común sobre este tema. No encuentro otra salida para restablecer la confianza política y la credibilidad imprescindible para el futuro fortalecimiento del FA.
Por Alberto Couriel
Economista y ex senador
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