Insight Crime – Los candidatos presidenciales de Ecuador provienen de un amplio espectro ideológico, pero en lo que respecta al crimen organizado, sus campañas —y su supervivencia política— dependerá de que se presenten como candidatos de mano dura. El 9 de febrero, este domingo, el país votará en lo que se espera que sea la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La segunda está programada para el 13 de abril. Las encuestas, y la historia reciente, prevé que los dos candidatos con mayores posibilidades de llegar a segunda vuelta son el actual presidente, Daniel Noboa, del partido Acción Democrática Nacional (ADN) y Luisa González, del partido Revolución Ciudadana (RC), quien quedó en segundo lugar en las elecciones extraordinarias de 2023, que ganó Noboa.
Ni ellos, ni los otros 14 candidatos presidenciales, han ofrecido mucho más allá que los típicos discursos de los políticos: militarizar las prisiones, puertos, y oficinas de aduanas, entre otras instituciones gubernamentales; llamados a endurecer las penas contra criminales de todo tipo; afirmar que van a construir más cárceles (incluyendo en “alta mar”); abogar por nuevas leyes que faciliten juzgar a menores de edad como adultos, y asegurar que ellos serán los que por fin pondrán freno a la corrupción.
Durante sus 13 meses de gobierno, Noboa ha aplicado una versión de mano dura. Las autoridades arrestaron a más de 60.000 presuntos criminales en 2024, y el gobierno incautó 280 toneladas de drogas ilícitas, un incremento del 29% en comparación con 2023. Los homicidios treparon de 73 en 2018 a 731 en la actualidad.
A lo largo de este periodo, Noboa también ha mostrado una inclinación por construir una narrativa de línea dura contra el crimen. Pocos eventos ejemplifican esto mejor que su visita a Durán en julio de 2024, un municipio ubicado en la costa pacífica del país, que se ha convertido en la imagen del descenso del país en una espiral de violencia y crimen organizado.
Vestido con un chaleco antibalas y un casco de las fuerzas armadas que eclipsaba su cabeza, Noboa recriminó a sus rivales por no visitar el asediado municipio. “Nunca les ha llegado un político que se amarra los pantalones y les vuelve la paz a los ciudadanos”, le dijo a la escasa multitud, en su mayoría compuesta por militares. “Este es el nuevo Ecuador, uno que se juega la vida cada día por recuperar la tierra que amamos”.
Mientras hablaba, Noboa estaba acompañado por dos miembros de su equipo de seguridad, que sostenían lo que parecían ser escudos sobre sus cabezas para desviar posibles disparos de francotiradores. A su alrededor estaban los miembros de su pregonado Bloque de Seguridad.
“No vinimos a Durán solo un día”, declaró. “Estaremos aquí el tiempo necesario para acabar con las mafias”.
Noboa tiene una punta de lanza. Es el Bloque de Seguridad, una unidad conjunta de la policía y el ejército que el presidente ha enviado a zonas azotadas por el crimen para mermar los enfrentamientos y, aunque ha funcionado, no lo ha hecho por mucho tiempo. En Durán, por ejemplo, la violencia disminuyó tras el despliegue regular de militares y policías, pero pronto volvió a subir, y el municipio cerró el 2024 con un récord de 476 homicidios.
La administración de Noboa ha dado un tratamiento similar a la crisis en las prisiones. El ejército tomó el control en algunas de las cárceles más infames del país y realizó varios allanamientos en un intento inútil de sacar a las bandas carcelarias de sus fortines. Noboa también ha afirmado que construirá nuevas prisiones, pero no ha atacado los problemas de base —como la corrupción endémica, políticas punitivas, y fuertes economías criminales dentro de las prisiones— que llevaron a la crisis del sistema penitenciario en primer lugar.
Aun así, para muchos ecuatorianos, estas muestras de poder parecen ser importantes. Pero Katherine Herrera, una politóloga y especialista en temas de seguridad, afirma que la administración está más preocupada con vender una estrategia de seguridad que con implementarla. “No es tanto de interés del gobierno de Noboa desarrollar una política pública de seguridad, sino más bien tener eventos coyunturales en donde se vea la todo el aparataje de la fuerza pública”, dijo. “Esto es utilizado como un marketing comunicacional político, que se vea la presencia, pero no da una solución estructural”.
El 8 de diciembre, una patrulla militar detuvo y mató a 4 de 11 adolescentes que regresaban de jugar un partido de fútob; los restantes escaparon. Durante una discusión con uno de los demás candidatos sobre lo que pasó a llamarse El caso Malvinas, el candidato desafió a Noboa a decir los nombres de las víctimas en voz alta. En lo que se convirtió en el momento más recordado de un debate poco memorable, Noboa se negó. La candidata Luisa González también tuvo problemas para decir los nombres de los cuatro niños.
Pero los intercambios dejaron ver algo más: aunque atacaron a Noboa, ninguno de los candidatos mencionó a las fuerzas armadas o al ejército. Al contrario, pidieron “justicia” o se refirieron a la muerte de los menores como un “crimen de Estado”. Lejos de condenar a los militares, los candidatos usaron gran parte de su tiempo afirmando que los militares deberían usarse más, no menos.
Durante las elecciones, Noboa ha aprovechado los supuestos vínculos ideológicos entre Correa, Venezuela y Nicaragua. El analista Luis Córdova Alarcón describe la estrategia de Noboa como una escalera que ha utilizado para ascender en la opinión pública. Uno de los escalones es la retórica que conecta a Correa con Ortega en Nicaragua y con Nicolás Maduro, el presidente autoritario de Venezuela, que ha estado estrechamente vinculado con actividades criminales transnacionales.
“Para ellos hay un cordón umbilical: populismo de izquierda, narcotráfico, crimen transnacional”, le dijo Córdova Alarcón a InSight Crime. “Esa forma de vincular ideológicamente resulta muy rentable electoralmente”. El otro escalón, dijo, es lo que llama el enfoque tradicional de la “guerra contra las drogas”. “Reformas a la ley penal para aumentar las penas, para sancionar menores, etcétera”. Estas medidas son fáciles de entender para el electorado, agregó, y ya les ha ganado aliados como el gobierno de Estados Unidos.
Sin embargo, ambos candidatos parecen tener tendencias autoritarias. Mientras que a muchos en el electorado les preocupa que González pueda subvertir la separación de poderes, Carrión dice que Noboa ignora las medidas por las que votó en su vida anterior como representante del Congreso, incluida una que daría a las autoridades penitenciarias más poder para gobernar el sistema carcelario.
“Es un demagogo”, dijo Carrión. “Es un gobierno populista, demagógico, muy improvisado, sin estructura”.
En cierta forma, la militarización de las prisiones y las calles ordenada por Noboa ha funcionado, con la disminución de los asesinatos en las prisiones. Pero, por otro lado, la estrategia ha contribuido a la evolución del conflicto. El 12 de noviembre, un pequeño grupo criminal conocido como Los Duendes emboscó a otro grupo conocido como los Freddy Kruegers dentro de la prisión del Litoral. Al menos 17 personas murieron.
El Litoral es la prisión más grande y peligrosa del país. Por mucho tiempo estuvo dividida entre los grupos criminales más infames de Ecuador, cuyas luchas se centraban en controlar el tráfico transnacional de drogas. Pero, según las autoridades, la disputa de noviembre, fue por el control de la distribución —formal e informal— de la comida, que es una de las economías ilegales al interior de la prisión.
La masacre también ilustró un problema adicional: las bandas se están fracturando rápidamente, empeorando una situación que ya de por sí es difícil. Las alianzas entre las bandas también se han roto, dice Rivera-Rhon, entre ellas las de Los Choneros, Los Tiguerones y Los Chone Killers. El resultado, afirma, es que el gobierno es más un espectador que un protagonista en la seguridad ciudadana.
“Nosotros cada vez creemos que la reducción o el incremento de la violencia no depende de políticas estatales, sino de acuerdos entre organizaciones criminales”, dijo, refiriéndose a él y su equipo en el observatorio.
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