La otra guerra de Rusia

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

En mi libro La guerra impensable (Editorial Adarve, Madrid) cito a una politóloga que sostiene una tesis que, con el paso del tiempo, parece ganar fuerza: la guerra no terminará con la victoria decisiva de ninguno de los dos contendientes.

Tampoco considera probable que un simple cese al fuego resuelva el conflicto. Su hipótesis es otra: un armisticio semejante al de la península de Corea.

Vale la pena recordar que la Guerra de Corea nunca concluyó jurídicamente. En 1953 se firmó un armisticio, no un tratado de paz. Más de setenta años después, las dos Coreas siguen técnicamente en guerra, aunque el armisticio ha impedido una nueva confrontación militar de gran escala.

Muchos analistas consideran que Ucrania podría desembocar en una situación semejante: una frontera altamente militarizada, sin reconocimiento mutuo de las reclamaciones territoriales y con una paz armada, siempre amenazada por el riesgo de una nueva escalada. Otros hablan de una paz por agotamiento, distinta en sus causas, pero con resultados muy similares: ninguna de las partes obtiene plenamente sus objetivos y ambas aceptan detener la guerra porque continuarla resulta demasiado costoso.

Mientras ese desenlace llega —si es que llega— existe otra guerra que se libra paralelamente y que ya está modificando nuestra manera de entender los conflictos contemporáneos: la guerra cognitiva. Su principal arma ya no son únicamente los tanques o los misiles, sino la información. O, más exactamente, la desinformación.

La slopaganda.- En los últimos años, especialmente con la irrupción de la inteligencia artificial generativa, ha aparecido un término que resume este fenómeno: slopaganda.

La palabra nace de la unión de dos vocablos ingleses: slop y propaganda. Tradicionalmente, slop significa bazofia, mazamorra o comida aguada para animales. Por extensión, designa algo mal hecho, de baja calidad, producido sin cuidado. Y, propaganda en inglés es casi exclusivamente para contextos políticos, ideológicos y religiosos.

De allí surgió primero la expresión AI slop, utilizada para describir textos, imágenes, vídeos o música generados automáticamente, en enormes cantidades, baratos, repetitivos y con escaso valor informativo o artístico.

El paso siguiente fue casi inevitable: slop propaganda, o simplemente slopaganda. Es decir, propaganda basura.

La propaganda tradicional buscaba persuadir. Sus mensajes eran cuidadosamente elaborados, apelaban a las emociones y pretendían convencer al receptor de una determinada interpretación de la realidad.

La slopaganda funciona de otra manera. No intenta convencer mediante un relato sólido. Su objetivo consiste en saturar el espacio informativo con miles de mensajes mediocres, contradictorios o completamente inventados, hasta hacer casi imposible distinguir entre lo verdadero y lo falso. Cuando eso ocurre, la víctima no necesariamente cree la mentira; simplemente deja de confiar en cualquier verdad.

Un ejemplo revelador

La siguiente historia es, paradójicamente, verdadera y falsa al mismo tiempo.

En una intervención televisada el 28 de junio de 2026, Vladimir Putin afirmó que cinco mil soldados ucranianos habían quedado cercados en la margen izquierda del río Stary Oskol. Explicó que la 144.ª División estaba cerrando el cerco sobre la localidad de Rubtsi y que el ejército ruso estaba a punto de conquistar ese nuevo punto estratégico.

Era un relato impecable para la audiencia rusa. Como en toda propaganda eficaz, el presidente parecía dominar cada detalle: nombres de pueblos, unidades militares, ejes de avance y hasta el número de viviendas pendientes de ser tomadas.

El relato parecía coherente.

Solo tenía dos inconvenientes.

Rubtsi no estaba rodeada.

Y nadie combatía junto al río Stary Oskol.

Por una razón muy sencilla: el río Stary Oskol no existe.

La historia estaba construida con detalles precisos para otorgarle credibilidad, pero el escenario central era ficticio.

Los datos cotejables.- La realidad militar es bastante menos espectacular.

Las proyecciones del Institute for the Study of War (ISW) muestran que durante el primer semestre de 2026 Rusia avanzó, en promedio, apenas 2,8 kilómetros cuadrados por día, alrededor de dos veces y media menos que el ritmo registrado el año anterior.

Por su parte, el Center for Strategic and International Studies (CSIS) estima que, desde el 24 de febrero de 2022, la guerra ha provocado alrededor de 1,4 millones de muertos, heridos y desaparecidos entre ambos bandos.

Las cifras describen un conflicto estancado. Los grandes avances territoriales son cada vez más escasos. La guerra ha cambiado de naturaleza. Hoy ya no predominan las ofensivas mecanizadas, sino los ataques de largo alcance con drones, misiles y artillería de precisión. En ese terreno, Ucrania ha logrado una capacidad ofensiva que sorprende incluso a muchos especialistas.

La realidad desaparece.- El historiador Ian Garner ha llevado esta reflexión un paso más allá al teorizar el concepto de slopaganda.

Según su planteamiento, la propaganda clásica pretendía que la población creyera una determinada versión de la realidad.

La slopaganda persigue un objetivo diferente. Produce un flujo incesante de relatos incompletos, exagerados, contradictorios o completamente inventados hasta disolver la idea misma de que todavía pueda existir una realidad compartida.

No se trata de un fenómeno inocente ni de un simple exceso de información. Sus consecuencias pueden ser letales.

Porque surge entonces una pregunta inquietante: ¿qué ocurre cuando quien fabrica el relato termina creyéndolo?

¿Cómo puede conquistarse un río que nunca existió?

El historiador Rick Perlstein recuerda una anécdota atribuida a Nikita Jruschov durante una conversación con Richard Nixon.

«Si la gente cree que existe un río invisible, no les digas que el río no existe. Construye un puente invisible sobre ese río invisible.»

Probablemente la frase sea apócrifa. Pero ilustra con precisión el funcionamiento de la propaganda contemporánea.

Durante mucho tiempo se creyó que las víctimas de la propaganda eran quienes aceptaban la existencia de ríos imaginarios.

En la era de la slopaganda algo ha cambiado profundamente.

Ya no es únicamente el público quien termina viendo el río inexistente.

Es también quien diseña el puente imaginario quien acaba cruzándolo. No solo Putin cruza el puente inexistente, Trump lo hace a diario.

El peligro.- La guerra del siglo XXI ya no se libra únicamente sobre el terreno. También se combate por el dominio de la percepción, de la memoria y de la verdad. La guerra cognitiva busca conquistar las mentes antes que los territorios, porque quien logra imponer el relato condiciona las decisiones políticas y militares. El mayor peligro de la slopaganda no es que consiga convencernos de una mentira, sino que nos haga renunciar a la posibilidad misma de distinguir entre la verdad y la ficción. Y cuando una sociedad pierde esa capacidad, la primera víctima ya no es la información, es la libertad.

 

 

 

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.