El viernes 17 de abril hubo dos eventos relacionados con la memoria sobre los hechos del pasado reciente y la última dictadura cívico-militar. Fue en el local de la Federación Ancap en la ciudad de Minas sobre las cinco y media de la tarde.
Primero hubo una conferencia de prensa de la Comisión de la Memoria sobre la resolución de la
Junta Departamental de Lavalleja de colocar una placa de la memoria en el Cuartel de Infantería Nº 11, asentado en Minas, e inmediatamente se presentó el libro “Relatos desde la memoria. A 50 años de la agresión fascista”, de Luis Pais, dirigente sindical de la Federación Ancap y secretario general del Plenario Obrero Popular y Estudiantil de Minas en aquellos tiempos.
Sitios de la memoria
La Ley Nº 19.641, de 2018, declara de interés general la creación y protección de Sitios de Memoria Histórica del pasado reciente (1968-1985), reconociendo los lugares donde ocurrieron violaciones a los derechos humanos o actos de resistencia, y promueve la reparación, la memoria y la verdad. Para tal fin se creó la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria, que funciona bajo la órbita de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH).
El procedimiento para designar un lugar como Sitio de Memoria da comienzo por iniciativa de la Comisión Nacional Honoraria o a pedido de personas u organizaciones interesadas, y debe respaldarse con información sobre la ubicación, los hechos ocurridos, las fechas, las personas e instituciones vinculadas.
En el caso del Cuartel de Infantería Nº 11 se estima que pasaron por sus instalaciones alrededor de 150 presos, donde una tercera parte fueron mujeres, y abarcó la Región Militar 4, que comprende el Este del país: Cerro Largo, Rocha, Maldonado y Lavalleja.
En la conferencia de prensa, la Comisión de la Memoria de Minas en pleno, integrada por Raúl Vernengo, Cecilia Manzione, Leticia Burgueño, Ana Caballero y Pablo Leiva, hablaron sobre varios aspectos de la resolución votada por la Junta Departamental.
En primer lugar la colocación de la placa, que se haría efectiva a fines de mayo, recuerda a los
detenidos y a quienes sufrieron torturas en ese lugar. En ese sentido, Raúl Vernengo afirmó que “la memoria no pertenece a ningún partido político”, y debe ser para todos los uruguayos. Por eso agradeció al intendente del periodo anterior, el escribano Herman Vergara, así como a los ediles, incluso a los que votaron en contra por cuestiones técnicas pero que estaban de acuerdo en el fondo de la cuestión. Además, la Comisión de la Memoria se tomó el trabajo de hablar con todos los sectores de la sociedad, las iglesias, los sindicatos, etc. Y aseguró que esta acción no se hace “para herir a nadie”, en referencia a los militares, sino que, justamente, es parte “de la educación de los militares, para mantener su cabeza democrática”.
Cecilia Manzione reseñó el proceso que se llevó a cabo durante 2025 y 2026, donde se habló con dirigentes y referentes políticos y sindicales, y destacó que “nadie se opuso a la colocación de la placa”, y que esta es, sin duda, “símbolo de la reafirmación democrática”.

Al final, Raúl Vernengo hizo una reflexión sobre la memoria: “Si la memoria no fuera importante, no recordaríamos el Holocausto judío, el armenio…”, y otros. Y que la colocación de la placa de la memoria va en el sentido de insistir para que los más jóvenes puedan conocer los hechos del pasado reciente, para que estos no se vuelvan a repetir.
El desafío de construir memoria
En una presentación donde la treintena de participantes se sentaron en círculo, Luis Pais, ex dirigente sindical de la Federación Ancap durante buena parte de los años sesenta y principios de los setenta, habló, principalmente, sobre la importancia de la memoria y el avance del fascismo en el mundo y en la región.
Desde una oratoria cargada de anécdotas, provocando la atención concentrada del público presente, fue desgranando etapas de su propia vida y de su experiencia militante, donde su afán principal era buscar el camino “para superar el lugar cercado por los cerros”, y dar una esperanza de un futuro para los minuanos de aquel entonces, al igual que los de ahora.
En “el templo de los sindicatos minuanos”, como denominó al local de la Federación Ancap, Luis Pais aseguró que cuando fue detenido y llevado al Cuartel de Infantería Nº 11, en 1976, “pensé que no volvía”. Afirmó, categóricamente, en un acto de amor por el pueblo minuano, que “no me iría nunca de Minas”, pero que se tuvo que ir y llevar a su familia con él, pero que luego, al volver, “vine con mi familia”. Porque para Luis Pais, y eso se trasluce en las páginas del libro, la familia adquiere un papel principal. Luego, tras un exilio forzado por las circunstancias, se decidió a escribir esos recuerdos, donde, afirmó, “cuento lo que yo tengo en la memoria”, porque “hay que registrar las luchas” para que estas dejen enseñanzas.
Una memoria que funcione “hasta para hacerte feliz”, más allá del sufrimiento padecido en su momento. Una memoria que recupere las diferencias que había entre los militares del cuartel y que podían hacer encender una luz de esperanza. Una memoria que se debe transmitir, y que debe ser permanente, para que esos hechos no vuelvan a ocurrir.

Una parte importante de sus palabras fue lo relacionado a la historia del cemento en Minas, desde que la compañía alemana, tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, pierde el dominio de la misma y Estados Unidos se queda con la compañía, y que, tras el arribo de los norteamericanos, “se quiso imponer una cultura” que no tenía nada que ver con las raíces ni con las tradiciones de Uruguay.
Por último, Luis Pais felicitó a la Comisión de la Memoria porque ha realizado un trabajo importante y fundamental en pos del reconocimiento y la verdad, de reafirmación democrática.
Luego, en una interesante ronda de intercambio, se destacó, de sobremanera, la fuerza, la capacidad y la motivación del autor para mantener el recuerdo y la memoria de aquellos tiempos, para que no caigan en el pozo oscuro del olvido.
Por Sergio Schvarz
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