El profesor y juez de Derecho Rubens Casara lo dice bien, en los bastidores de la entrevista: Se engañan los que creen que vivimos un período de excepción, que luego será superado por la “normalidad”.
Todos aquellos que citan la ‘democracia liberal’ como parámetro — o principios que la nortean, como la separación entre los poderes y el estado laico, por ejemplo — no se dieron cuenta de que hemos entrado en una nueva fase, la de la post democracia. Fue lo que me llevó a revivir un viaje que hice a Paquistán, para una serie de reportajes.
Desembarcamos en Karachi, una de las ciudades más violentas del mundo. Como uno de los temas sería una visita a un astillero donde los navíos son demolidos, pedí al productor local que marcase una entrevista con un sindicalista.
Terminamos en la sala de un líder sindical comunista. Él narro el profundo declive de la izquierda en Paquistán, pese a la profunda miseria y a la extrema concentración agraria a lo largo del rio Indo, el más importante del país.
El principal partido de izquierda, la llamada “coalición de la
desesperación”, formada justamente para enfrentar el aislamiento, no llegó al 1% de los votos en las elecciones generales del año 2013.
Por otro lado, el país tiene más de una decena de partidos religiosos, muchos de ellos con representación en el Parlamento.
¿Cómo explicarlo?
Según mi entrevistado, la falta de influencia de los partidos de izquierda podría ser atribuida a una miríada de razones, pero una importante es que los fundamentalistas islámicos ‘secuestraron’ el deseo de cambio y canalizaron la energía popular para el carácter religioso de la lucha contra la influencia extranjera en Paquistán.
En otras palabras, en vez de rebelarse contra el imperialismo de los Estados Unidos, de la India o de China, o contra la estructura económica que provoca desigualdad en Paquistán, los paquistaníes están mayoritariamente preocupados con la ‘decadencia’ de sus propios valores, causada por los impíos con inspiración extranjera — las películas ‘decadentes’ de Holywood, por ejemplo.
Le añade el sindicalista, que la élite paquistaní está más que satisfecha con el desempeño de los partidos religiosos, aunque por cuenta de eso haya tenido que aumentar la hipocresía (alcohol, sexo y otras ‘inmoralidades’ sólo en el escondrijo del lugar o en viajes al exterior, especialmente a los países del Golfo Pérsico).
Es que los partidos fundamentalistas cumplen el papel esencial de naturalizar la desigualdad y desviar el ímpetu por cambios para cuestiones no económicas, justamente aquellas que pueden amenazar a la élite.
Mi entrevistado recordó que la Hermandad Islámica, una fuerza por el cambio en Egipto, por ejemplo, tiene una política económica neoliberal. Los Hermanos practican el asistencialismo a gran escala, pero siempre condicionado a la pertenencia a la religión: las mezquitas funcionan como centros de distribución de alimentos y otras concesiones.
Por mi parte, destaca Casara, he vivido casi 20 años en los Estados Unidos, y le recordé a mi entrevistado paquistaní el papel esencial que los fundamentalistas cristianos tuvieron en la elección de Ronald Reagan, en 1980. El Partido Republicano, que hasta entonces no tenía militantes para enfrentar al sindicalismo, se valió de una coalición religiosa conservadora entre católicos, evangélicos y judíos.
Como testimonié, fueron todos a golpear de puerta en puerta para elegir y reelegir a Reagan.
Ligados a valores tradicionales y siempre poniendo énfasis sobre las cuestiones Morales, estos fundamentalistas tenían otra cosa en común: la defensa de una política económica neoliberal, algo natural para quien cree que el Estado laico es una amenaza a sus valores, entrometiéndose en la educación de los niños, enseñando la teoría de la evolución y privilegiando la Ciencia en detrimento de los libros religiosos.
Después de mi entrevista con el sindicalista, tuve la oportunidad de recorrer algunos vecindarios de Karachi. En los moldes de las milicias que asumieron el control de barrios do Rio de Janeiro, había muchas ‘fronteras’ en la ciudad. Sólo que las milicias de Karachi eran de carácter religioso.
Aquí mandaban los hombres de un determinado líder religioso fundamentalista, enseguida mandaban los de otro. Con todas las ventajas económicas derivadas de tal control geográfico.
También visité un trecho del valle del río Indo, donde era común que hombres tiraran ácido en el rostro de mujeres que desafiaban su poder en el ámbito doméstico.
Viajé con una mujer con el rostro deformado, que al descender en las ferias de las pequeñas ciudades nos alertaba: no puedo andar mucho con el rostro descubierto. Si alguien me viera con el rostro deformado, puedo ser denunciada y seremos linchados.
Incitados por líderes religiosos, los campesinos pobres veían mujeres fuera del padrón como sus principales enemigos, dejando en segundo plano el hecho de que una docena de familias controlan el 90% de la tierra y son beneficiarias de la desigualdad y de la miseria locales.
El fundamentalismo religioso, por lo tanto, no es una aberración, pero resulta ser adecuado a los tiempos en que el 1% controla el 90% de la riqueza del mundo.
Por Luiz Carlos Azenha*
*Periodista brasileño. Publicado en www.viomundo.com br
Artículo seleccionado y traducido por Héctor Valle para La ONDA digital.
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