Jaime Pérez y una política sin memoria

Tiempo de lectura: 5 minutos

En un reciente homenaje a Jaime Pérez coincidiendo con la fecha en que cumpliría 90 años, Gerardo Caetano – que siempre tiene la valentía y la inteligencia de hacer aportes, de incorporar nuevos enfoques – habló del grave peligro de una política sin memoria. Es una de las realidades dominantes hoy en la izquierda en el mundo. Obvio que la derecha, no le interesa en absoluto tener memoria. Casi nunca la tuvo.

Pero hay algo peor que no tener memoria, es mentir, es deformar la realidad, consciente o inconscientemente, adaptar los hechos, los personajes, los procesos al propio relato a como de lugar. Es más grave que la falta de memoria, es la mentira, la falsedad.

En el caso de Jaime Pérez es un riesgo muy grande, como lo ha sido con muchos de los principales dirigentes de la izquierda histórica. Jaime Pérez fue uno de los principales artífices de los cambios positivos, democráticos y avanzados que le permitieron a la izquierda alcanzar las diferentes instancias de gobierno en Montevideo y en el país. Y no todos lo saben ni lo reconocen.

Voy a tomar este caso, para no hablar de situaciones generales que muchas veces pueden resultar imprecisas y fáciles de modelar.

Si Jaime Pérez no hubiera ocupado la Secretaria General del PCU en el año 1989, no se podría haber realizado la campaña electoral que llevó adelante la 1001, que no fue innovadora solo desde el punto de vista publicitario y propagandístico, sino político, con dos candidatos independientes ocupando los dos primeros lugares de la lista al senado de la 1001, Danilo Astori y Germán Araujo. Nunca antes había sucedido nada parecido desde la creación del Frente Amplio. Y esos dos cargos en el senado los pagó esa lista, es decir mayoritariamente la votación del Partido Comunista.

Sin Jaime Pérez, Tabaré Vázquez no hubiera sido el candidato a Intendente de Montevideo por el Frente Amplio, porque el PCU tenía suficiente peso en la estructura a todos los niveles como para tener un papel decisivo en ese tipo de definiciones. Y tuvo un papel fundamental en la elaboración programática del FA en ese momento tan particular y difícil.

Ni el acento principal en la campaña electoral de la 1001 hubiera sido en la disputa de la Intendencia de Montevideo, ante la total ausencia de una campaña con ese tema por parte del Frente Amplio.

Sin Jaime buena parte de la campaña se hubiera orientado contra los que se habían ido del FA, en particular contra Hugo Batalla. Y no estoy especulando, recuerdo perfectamente los primeros actos políticos, en particular el del Cerro. Y no fue así por una evaluación política correcta pero, también por una sensibilidad humana y democrática, Jaime valoraba a Batalla y no aceptó que esas diferencias políticas se transformaran en una guerra. Y eso hubiera sido además de una gran fragilidad democrática.

Fue Jaime que antes de las elecciones se la jugó a fondo por la democracia como valor fundamental para la izquierda y opinó contra todas las dictaduras, contra cualquier tipo de dictadura, incluso la del proletariado en el poder en todo el mundo socialista y piedra angular de la teoría marxista-leninista. Y lo hizo de manera pública, en un canal de televisión.

Fue la figura de Jaime Pérez con su ejemplo, con su sacrificio, con su vida que le dio una enorme fuerza a ese mensaje democrático, que tenía – y debemos asumirlo – un profundo sentido autocrítico para los comunistas y para la mayoría de la izquierda. Pero en su caso no era teoría, era vida, era su propia y dramática experiencia humana.

No todo es lineal, si queremos tener memoria en serio, también recuerdo que Jaime hizo una definición de la existencia del aparato armado del PCU con la que no solo no coincido en absoluto, sino que las definiciones estratégicas y teóricas del Partido Comunista, no eran en absoluto correspondientes con esa posición. Fue cuando afirmó que el aparato había sido creado en lo fundamental para dar la batalla ideológica entre los jóvenes con el MLN. Eso no fue así y su afirmación fue un error. No hay que tener una memoria selectiva y parcial.

Pero, toda su batalla a partir de la caída del socialismo real, de la URSS y de toda la Europa del este tuvo una gran coherencia, no se entregó, no quedó boquiabierto esperando los acontecimientos, trató de evitar que la ola que estaba devastando los partidos comunistas en el mundo, aquí en el Uruguay tuviera una alternativa y surgieron el «Ocaso y la esperanza» y las tesis del 22 Congreso del PCU. Era tarde y la diáspora ya era incontenible.

Lo difamaron, lo insultaron, lo agraviaron un grupo de sus propios compañeros, incluso algunos que mejor no revisar ni sus méritos ni sus comportamientos durante la dictadura. Fue fiel hasta el final a su visión de izquierda, frenteamplista y siguió luchando y aportando. Hasta que una cruel enfermedad de la memoria lo atacó y le impuso un doloroso final.

Nadie, absolutamente nadie tiene derecho a venir a decirnos que es lo que Jaime Pérez estaría haciendo ahora, nadie puede adueñarse de su historia y torcerla a su antojo, ocupen las posiciones del poder que ocupen.

Nadie tiene derecho a decir que Jaime le diría al poder actual sus críticas en el oído, porque no lo hizo con temas mucho más profundos y que estaban en la raíz de su vida, cuando hablo de forma pública promovió el debate ideológico y no se atuvo a los «oídos» del centralismo democrático. Es precisamente esa visión desde el poder como el privilegio de escuchar al «oído» las críticas que se debilita una visión auténticamente democrática. Estamos hablando de la vida de la gente, no de los equilibrios del poder. Tanto cuando hablamos de la dictadura del proletariado, como cuando valoramos los aciertos y errores de este gobierno.

Y Jaime hubiera tratado de mantener un diálogo permanente y abierto con un gobierno de izquierda, no tengo ninguna duda, pero no se hubiera callado, ante el desbarranque ni las inmoralidades en la gestión de una empresa del estado, ni ante la mentira, ni ante la paralización y la flotación sin claridad que nos amenaza. Los que realmente conocimos a Jaime, sabemos perfectamente que esa actitud se basaba precisamente en la más férrea defensa de la unidad, pero de la unidad para luchar por la gente, no para proteger a los encumbrados o a los funcionarios.

Cuando Jaime afirma que el camino tradicional en los partidos comunistas, en un Comité Central donde el 90% de sus integrantes tenían – con matices – una posición, hubiera sido expulsar a los fraccionalistas y que él nunca quiso recorrerlo y que prefirió ser víctima y no victimario, estaba dando una definición política, ideológica y moral muy profunda. Que para algunos sigue totalmente vigente y para otros es una frase más.

El poder nos ha entrado tan hondo en el alma, ocupa un espacio tan grande y definitorio de nuestra identidad que para muchos es la referencia principal, casi única. Aún con matices.

Ya no son los matices los que definen la unidad, son las diferencias de fondo, las que hacen de Jaime un ejemplo de izquierda, de su capacidad crítica pagada al enorme precio del insulto de algunos de sus ex compañeros y de algunos miserables, que siguieron después tan campantes ocupando los más altos cargos de gobierno. Yo no olvido, tengo memoria.

Si puedo decir que Jaime Pérez, por su firme posición ideológica y política, pero también humana en defensa de la democracia, jamás habría apoyado al régimen asesino de Maduro o de los Ortega, como hacen algunos «unitarios» que se llaman frenteamplistas. Y si alguien quiere discutir sobre ese y otros temas sería muy bueno, la memoria no es propiedad de nadie, es el resultado de una construcción consciente, crítica y colectiva. Pero no es tampoco la vía del centro, un batido de conveniencias.

Aunque algunos, aprovechen una conmemoración para pasar avisos oficiales, la verdad seguirá siendo esa esquiva materia cuyo principal instrumento de búsqueda sigue siendo la memoria crítica.

Por Esteban Valenti
Director de la agencia de noticias  Uypress

La ONDA digital (Síganos en Twitter y facebook)

 

 

 

 

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.