Por la vida y el compromiso progresista

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Sobre finales de julio salió un libro, Los GAU, Una Historia del Pasado Reciente, Banda Oriental, 2018 (Ver LAONDADIGITAL TV.),  que repasa la historia de los Grupos de Acción Unificadora. Desde su creación buscaron nuclear a todas las fuerzas afines en la unidad de las organizaciones populares, democráticas y progresistas, de izquierda. Es por ello —por lo que toca a la memoria histórica— que quisimos traer a La ONDA la palabra de Enrique Rubio, uno de los referentes fundamentales de esa organización y hoy uno de los dirigentes de la Vertiente Artiguista. Para ello elaboramos un cuestionario con siete preguntas que fueron contestadas puntualmente.

Los GAU: Una historia del pasado reciente
El lunes 30 de junio se presentó el libro “Los Gau: una historia del pasado reciente (1967 -1985)” Escrito por Martín Ponce de León y Enrique Rubio ex dirigentes de los Grupos de Acción. Unificadora, es un libro publicado por Ediciones de la Banda Oriental.

Como lo indicaron en la presentación los autores el grupo tuvo un papel destacado por aquellos años en el movimiento sindical y también durante el  proceso que culmina en la creación del Frente Amplio.

También es un homenaje a todos los que fueron protagonistas y, con los que aún están desaparecidos y sus familiares durante la dictadura.

En un apretado resumen de las distintas intervenciones (que aquí consignamos en los videos respectivos), podemos indicar que en el inicio el director de Editorial Banda Oriental, Alcides Abella, señaló que desde hace sesenta años la editorial ha venido publicando sobre temas vinculados a la realidad, ya sea desde la literatura, lo social, lo histórico y lo político. Destacó que este libro es muy importante como valor documental de una época.

Javier Miranda, presidente del Frente Amplio, señaló que el libro rescata la dimensión humana de la política, y no sólo es un apartado testimonial de hechos vividos. Llamó la atención de que no hay que olvidarse de los desaparecidos, y que, por el contrario, hay que des-desaparecer, es decir, restituir la identidad de quienes lucharon por los ideales democráticos y progresistas.

Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT, habló sobre el papel fundamental de Héctor Rodríguez en la unidad primero de la CNT y luego del FA, y a este respecto hizo hincapié en que falta, actualmente, una política de cuadros que sea más activa y general. También dijo que este libro es importante por el rescate de la memoria de los hechos recientes, y que es para “que otros abran los caminos que otros soñaron”.

Graciela Borelli, de Familiares de Desaparecidos, dijo que sin justicia y sin verdad no hay la seguridad de que los hechos de la dictadura no se vuelvan a repetir, y llamó a continuar la lucha.

Gerardo Caetano, historiador y politólogo, señaló que esta es una historia de un colectivo político pero también de historia de las ideas, y que los GAU tuvieron una concepción de la política singular, desde su conformación como grupo e incluso con valores cristianos muy importantes. Entre los aportes positivos de los GAU está el impulso a la autonomía de los movimientos sociales, el metódico análisis ideológico y el factor catalizador que jugó en la unidad sindical y de la izquierda. Asimismo, afirmó la importancia de narrar los hechos pasados, de escribir la historia para que no se pierda.

El ingeniero Martín Ponce de León, visiblemente emocionado, dijo que la presentación de este libro era como parte de homenaje a la memoria de Héctor Rodríguez (que dentro de unos días harán cien años de su nacimiento), y sobre el libro señaló que aquí está la sustancia del papel político que jugaron los GAU, y en ese sentido es una historia militante, desgarrada, pero que tiene mucho de futuro. Sobre todo dijo que hay que destacar la importancia y el sufrimiento de los familiares de los militantes, cosa de la que por lo general no se habla. A su vez, señaló que desde la izquierda hay mucho para construir, mucho para corregir y para seguir hacia adelante haciendo que los sueños puedan fructificar lo más posible.

Por último, el historiador y ex senador Enrique Rubio, parafraseando a Antonio Machado, dijo que siempre hay huellas que quedan, “como estelas en la mar”, las huellas de las que nosotros (los GAU), así como otros como nosotros, compartíamos, para la transformación de la realidad. Y que si bien todo ese período fue trágico, doloroso, valió la pena por lo que hicimos y por lo que contribuyó a generar todo lo que vino después, que a pesar de ser poco ha sido bastante. Y la reflexión final fue que valió la pena haber vivido y seguir viviendo.(Por Sergio Schvarz)

Las respuestas nos hablan de la vida y compromiso de un revolucionario que plantea, para el nuevo tiempo, “renovar y replantear el proyecto progresista”.

Este cuestionario elabora un repaso personal pero también el de una generación que lo dio todo en pos de un futuro de esperanza para todos los habitantes de este país, y en especial para los que han sido postergados socialmente desde el inicio de nuestra historia nacional.

 1.- ¿Cómo fue tu infancia en Florida, la escuela, y la relación con el campo y la producción?
E.R. Mi primera infancia fue fundamentalmente en el campo, en el interior rural. Era hijo de un productor agropecuario mediano y concurrí hasta cuarto año en la escuela rural de Chamangá, en el departamento de Flores. Tengo hermosos recuerdos de esa época. Mi maestra de varios años, Glicina Álvarez, era una muchacha de Sarandí Grande, recién recibida, que puso todo su empeño e inteligencia en aquella tarea. Recientemente me ha saludado. Vive en Montevideo.

Luego debí completar la escuela en la ciudad de Florida, de donde eran mis padres y lugar en el que había nacido. Y de ahí en adelante, todos los estudios siguientes en la enseñanza media.

2.- ¿Cómo y por qué empezaste a militar? ¿Cuál fue la experiencia de los GAU? ¿Cuál era la situación político-económica y social en ese momento?
Comencé muy tempranamente, como secretario general de la asociación de estudiantes (ADELF). Más adelante, ya en la época de los estudios terciarios y después como docente de Historia, muy influido por la Teología de la Liberación, me embarqué en las luchas populares de los sesenta. Era la época de la crisis (económica, social y política) del Uruguay liberal y del posterior ascenso autoritario. El producto se había estancado desde mediados de los cincuenta y la derecha estaba operando en una redistribución negativa drástica en perjuicio de los trabajadores y jubilados. Ello provocó la resistencia social, fundamentalmente expresada en el movimiento sindical.

La violencia política, a su vez, comenzó a teñir el escenario. Desde la derecha, bajo el pachequismo (Pacheco heredó la presidencia con la muerte del General Gestido a fines de 1967), se comenzó a militarizar trabajadores (unos 50 mil lo fueron), se crearon escuadrones parapoliciales (el Escuadrón de la Muerte), se realizaron decenas de atentados a locales políticos de izquierda, se comenzó a tirar a matar contra los estudiantes movilizados, y a incidir progresivamente en la interna de las FFAA procurando imponer la doctrina de la Seguridad Nacional propiciada desde EEUU.

Desde la izquierda emergió una tendencia que se organizó como guerrilla y que tuvo su expresión más importante en los tupamaros (MLN) y sus acciones más espectaculares iniciales en los años 1968-70. Pero el proceso principal transitaba por otro lado. Principalmente por la unificación sindical en una sola central a mediados de los sesenta (constitución de la CNT) y por la unidad de la izquierda en un frente político a principios de los setenta (constitución del Frente Amplio).

En ambos procesos jugó un papel fundamental quien sería el líder de los GAU: Héctor Rodríguez. De esa manera se terminaba con décadas de esterilidad política y sindical, signadas por la atomización y la escasa incidencia en el país.

Yo me incorporé tempranamente a ese proceso, participé en la creación de los GAU en 1967/9, milité sindicalmente entre los profesores, y luego desde los GAU integré el proceso de creación y despliegue inicial del FA.

En los años siguientes (1971-73) prosiguió primero el ascenso autoritario y luego el gradualismo golpista que culminó en junio de 1973. En 1972 se dio la confrontación militar con la guerrilla y culminó con la derrota de ésta en noviembre de ese año.

Los GAU desarrollaron una acción importante a lo largo de todo el ciclo 1968-73.

3.- La experiencia de la cárcel y el papel de la mujer (de las parejas de los presos) como contención con la familia y apoyo al preso.
La cárcel fue una experiencia dura. Yo la tuve en Punta Carretas. Para todos fue decisivo el apoyo de los familiares y la buena convivencia entre los presos políticos. De lo primero, en mi caso, ha quedado el testimonio que escribiéramos con mi esposa, hoy recientemente fallecida, en 2017 (Luisa Manzanar y Enrique Rubio, Uno por Dos, editorial Rumbo; fue una tirada para familiares y amigos que no ingresó al circuito comercial). De lo segundo (sobre las parejas de los presos, a nivel general, y el apoyo a los detenidos así como a la contención familiar) hay referencias abundantes en el libro que acabamos de publicar con Martín Ponce: Los GAU, Una Historia del Pasado Reciente, EBO, 2018.

4.- El periodo de la recuperación de la libertad y la democracia. La nueva militancia.
En Montevideo participamos en las acciones e intercambios de recomposición del movimiento social y político en los años finales de la dictadura. Pudimos empalmar con la nueva militancia que había surgido bajo la dictadura, fundamentalmente con la llamada “generación 83”. Con parte de ella y con movimientos que se habían reorganizado fundamos la Izquierda Democrática Independiente (IDI) en 1984, y en el interior de ella disolvimos a los GAU en 1985. La idea era que los GAU no constituían un grupo más sino que se habían creado para propiciar y estimular organizaciones de mayor escala. Más adelante, a su vez, y reiterando la metodología, participamos en la creación de la Vertiente Artiguista en 1989, liderada por Mariano Arana. A partir de ella asumimos distintos cargos de representación parlamentaria (un período en Diputados y

tres períodos en el Senado) y en el Poder Ejecutivo (como Director de la OPP entre 2007 y 2009, integrando el Consejo de Ministros del Presidente Tabaré Vázquez). En 2015 decidí que la experiencia parlamentaria ya estaba agotada y que podía contribuir más al progresismo desde otros lugares.

5.- Características de la experiencia en el Poder Legislativo.
La experiencia parlamentaria fue muy enriquecedora. Primero como parlamentario de la oposición y luego del gobierno. Presenté distintos proyectos (sobre la usura, la investigación científica, por ejemplo) y adherí a numerosos proyectos de la bancada. Lo que más esfuerzo me demandó fueron las comisiones investigadoras que propicié: de la Terminal de Contenedores del Puerto de Montevideo en Diputados y de los Negocios de Ancap en la Argentina en el Senado, así como las distintas interpelaciones que realicé a lo largo de los años. También fueron muy importantes las experiencias en las comisiones de Hacienda, Presupuesto, Constitución y Legislación, Asuntos Internacionales, Ciencia y Tecnología y Educación.

6.- ¿Cómo fue el trabajo de la OPP?
El trabajo en la OPP fue el más interesante y desafiante. Esta Oficina, junto con el Ministerio de Economía y Finanzas y el Ministerio de RREE, realiza un corte transversal en todo el Estado. Tiene que ver con todo. Desde allí pudimos impulsar procesos de Reforma Democrática del Estado, la ley de descentralización (que elaboramos como mandato del Presidente), de regulación de los precios de productos básicos, de planificación del Uruguay con una mirada en las próximas décadas, de colaboración con las intendencias, de políticas a implementar por los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados, de fortalecimiento del cooperativismo o de cooperación internacional.

7.- ¿Cuáles son tus perspectivas de futuro (tanto en lo personal como en cuanto a tu visión del futuro del país y de la región)?
El principal desafío de esta hora pasa por replantear el proyecto progresista para un próximo período, fortaleciendo las principales políticas públicas desarrolladas en los últimos catorce años, superando las obvias debilidades de gestión en diversas áreas, y trazando nuevas fronteras para el futuro. Necesitamos renovar tanto la propuesta como los candidatos que la llevan adelante. Teniendo en cuenta el nuevo escenario internacional y geopolítico y los cambios culturales que se han producido, tanto en materia de integración social (con impacto negativo en la seguridad ciudadana), como de formas de comunicación interpersonal y de sistemas de valores. Uruguay tiene la oportunidad de inscribirse en la nueva ola de la revolución científico tecnológica (y no quedar como marginal y dependiente, como en las anteriores décadas), que pasa por la bioeconomía.

A todas estas cuestiones y a su instrumentación política y ciudadana dedicaremos nuestros esfuerzos en el futuro.


Por Sergio Schvarz
Escritor y periodista

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