Nuevos cuentos de pueblo /El heladero

Tiempo de lectura: 2 minutos

El “turco Julio” se había iniciado años atrás como heladero. En un viejo local con el sugestivo nombre de “La Gioconda” cerca del cementerio, había construido una bicicleta fija que mediante poleas y una larga cadena movía las paletas mezcladoras de una batea de doble fondo. En el espacio entre ambos cargaba hielo seco para el frio complemento del rápido batido de elaboración. Así que todas las noches montaba a pedalear allí arriba para en la mañana siguiente vender helados en el mostrador. El artefacto parecía una invención de Leonardo da Vinci, tal vez emulando a otro inventor del pueblo; Darío Guichón. Y por cierto no fue el único; poco tiempo después agregó dispositivos de reducción a un motor trasmitidos a una amasadora creada para su céntrica fábrica de pastas y facturas de harina.

Integrante de la notable comunidad del Cincuentenario de Guichon, Julio nos despertaba al amanecer de cada fecha patria con una salva de cohetes. Otro vecino, Pototo Pauletti con su altoparlante móvil recorría toda la planta urbana anunciando cada acto y desfile. El espíritu patriótico había calado tan hondo que nosotros, liceales aun, temblando de frio, amanecíamos haciendo guardia de honor, en el aniversario del natalicio, junto al monumento a Artigas.

Ya comerciante reconocido, con su amasadora a cuestas, una década después Julio se mudó a Montevideo con todos sus hijos. Seguramente fue “por” sus hijos. Puedo dar fe, pues conocí de cerca esa epopeya de trabajo y dedicación, que a la luz de lo que estos últimos fueron y son como profesionales y empresarios, ese fue su mejor invento.

A don Julio Moreira

Por Luis Fabre

La ONDA digital Nº 974 (Síganos en Twitter y facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.