Elecciones en EEUU: ¿Qué le espera a América Latina?

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Como región, Latinoamérica no figura en la agenda de Estados Unidos salvo por temas puntuales. ¿Persistirá esta situación de ser reelecto presidente Donald Trump o habrá un acercamiento si triunfa el opositor Joe Biden?

Ni una sola vez, en sus casi cuatro años de mandato, Donald Trump ha realizado una gira por América Latina. Sólo viajó a Buenos Aires con motivo de la cumbre del G-20 en 2018. En contraste, Barack Obama hizo 15 viajes a distintos países latinoamericanos, incluido Cuba, y George W. Bush visitó la región 18 veces.

Desunión latinoamericana/
Predomina una visión centrada en la postura nacional y una tendencia hacia la demolición de las instancias de carácter regional, debilitando aún más los lazos intrarregionales, analiza nuestro medio asociado Deutsche Welle. Con la elección de Mauricio Claver-Carone el sábado pasado como el primer presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que no proviene de un país de América Latina y el Caribe, se ha dado un paso más en la desorganización entre los gobiernos latinoamericanos.

No fue posible lograr una candidatura de consenso: Brasil, Colombia, Uruguay, Paraguay y Ecuador se aliaron con el candidato de Washington. Pero la división latinoamericana se manifestó por igual en las pocas instancias de integración regional que siguen funcionando hasta la fecha: Argentina tuvo un voto diferente en el Mercosur frente a sus tres socios, en la Alianza del Pacífico; Chile y México pidieron la postergación de la elección; mientras Colombia optó por Claver-Carone.

De nuevo se hizo patente la ausencia de un mínimo de liderazgo por parte de Brasil y México para unificar posiciones y buscar consensos. Existe un vacío sensible de interés por lograr una voz común en los asuntos hemisféricos, al igual que a nivel global. Tradicionalmente se había visto como eje del debate la relación asimétrica entre EEUU y América Latina; hoy más bien aparece como más relevante la extrema fragmentación de la región latinoamericana, la cual no logra fraguar posiciones comunes.

Hoy, América Latina se presenta ideológicamente fragmentada, situación conocida de épocas pasadas, lo cual nunca había impedido el deseo de buscar conciliar los intereses en materia de política internacional. La región no solamente se mantiene al margen; peor, se juega su opción de ser considerada un actor relevante a nivel internacional.

Tanto Brasil como México han optado por retirarse por razones ideológicas de la política internacional, cada nación busca su propia suerte para salir de la pandemia. Las dos naciones renuncian de nuevo a su vocación coyuntural de solidaridad regional, también en términos políticos. Esto vale por igual para los grandes temas internacionales como en materia del cambio climático: México ha abandonado el tema y ha optado por la reprimarización de su política energética; Brasil se hunde en su política obstinada y al mismo tiempo desastrosa de la Amazonía.

Los demás países se mueven en sus coyunturas nacionales, entre las crisis fiscales, la contracción económica y la descomposición social. Por el momento no se vislumbran ni liderazgos ni iniciativas por reanimar formatos de cooperación, concertación e integración viables para cerrar esta creciente brecha entre discursos nacionales y nacionalistas y responsabilidad regional/global. Aparte del caso del BID se tiene que mencionar el avance en la destrucción del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, especialmente de la Comisión y de la Corte como partes esenciales de este ejemplar mecanismo de garantías de los derechos humanos.

La reciente decisión del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, de no renovar el mandato del brasileño Paulo Abrao como secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha hecho sonar campanas de alarma en la región, aunque Almagro aduce quejas por maltrato laboral. Los mismos gobiernos de la región parecen dispuestos a asumir la tarea de debilitar instancias regionales de reconocida reputación internacional, que han sido ejemplo para otras regiones a nivel mundial, motivados por un extremo afán soberanista.

Así se interpretan las mismas acciones del sistema interamericano como “intervención” de agentes externos en los sistemas judiciales nacionales. No hay duda que las sentencias y recomendaciones emanadas de la Corte y de la Comisión son incómodas y se refieren a temas políticamente sensibles, pero en décadas anteriores se habían considerado como un correctivo oportuno y hasta sano para el desarrollo de una veeduría regional en materia de derechos humanos.

Sin embargo, esta apreciación ha cambiado: Ya en abril de 2019, por ejemplo, los jefes de gobierno de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay redactaron conjuntamente una carta al presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en la que expresaban sus reservas sobre una restricción de la jurisdicción nacional. Exigieron que se preservaran la soberanía nacional y la discreción de los Estados y que el sistema interamericano desempeñara un papel puramente subsidiario. Otros Estados como Bolivia y Ecuador, bajo sus presidentes de izquierda, han considerado retirarse del sistema interamericano de derechos humanos; Venezuela ya lo ha implementado.

Los escenarios de un estancamiento o hasta declive de la relación birregional –no solamente en el contexto de la pandemia– no se encuentran fuera de la realidad. Se han desarticulado de alguna manera los referentes regionales de la UE en América Latina, las Cumbres de la UE-CELAC no han podido realizarse debido a la crisis venezolana. Sin embargo, Europa sigue siendo el mayor inversionista en América Latina y una contraparte comercial importante, pero el debate sobre las dificultades de la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur ensombrece más el panorama. Al mismo tiempo existen temas en los cuales podrían buscarse coincidencias con respecto al tratamiento de China, la autonomía estratégica, etc., que necesitaría de un nuevo clima de debate interregional.

“Esto es una muestra del poco interés de la presidencia de Donald Trump por la región”, dice a Deutsche Welle Roberto Russell, académico de la Universidad Torcuato Di Tella en Argentina. En opinión del experto en relaciones internacionales, la agenda de Trump hacia América Latina ha estado centrada en la seguridad, “con temas como migraciones y narcotráfico, los que han alcanzado dimensiones de política interna para Estados Unidos”.

“América Latina definitivamente no juega un papel relevante para los Estados Unidos”, coincide el politólogo Andrés Malamud, consultado por DW. El investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa considera que la región fue importante durante un tiempo por cuestiones que impactaban la política interna de Estados Unidos.

“Pero hoy las migraciones son menos peligrosas porque México actúa como tapón y la droga es menos relevante porque Estados Unidos la produce solo y tiene sus propios problemas. Si bien Latinoamérica sigue siendo relevante por el padrón latino en Florida, eso también es política doméstica, no política internacional”, sostiene Malamud.

América Latina tampoco es tema de debate electoral, como observa Russel: “No hay que extrañarse, es lo que suele pasar, salvo que haya una crisis que afecte intereses de Estados Unidos, como una revolución cubana o un Salvador Allende”.

Expectativas con Trump y Biden
¿Qué puede esperar América Latina tras las próximas elecciones presidenciales estadounidenses? “Si gana Trump va a seguir todo igual, con una política coercitiva, como en el caso de México con los aranceles, y dura hacia Cuba, y una menor relevancia relativa de toda América del Sur, lo que es una constante de la política de Estados Unidos, salvo en situaciones específicas que afecten sus intereses”, adelanta Russell.

“Con Joe Biden podemos pensar en un cambio en el enfoque. Él ha hablado de ayudar económicamente a los países latinoamericanos e idear planes conjuntos de desarrollo para evitar las migraciones masivas. Estuvo muy involucrado en esta temática cuando fue vicepresidente. También tratará de tener una relación más flexible con Cuba, siguiendo los lineamientos que estableció Barack Obama”, agrega Russell, quien es presidente de la Fundación Vidanta.

El experto también estima que, de ganar el candidato demócrata, habría un mayor compromiso con la defensa de la democracia: “Hay una ola de autocratización en todo el mundo y Estados Unidos vive este proceso de manera muy profunda. Va a haber un interés en lo interno, pero también en proyectar la imagen de país que vuelve a plantearse en nombre de los derechos humanos y de la democracia”.

Por su parte, Malamud distingue dos impactos principales en América Latina, según quién triunfe: uno genérico sobre el comercio y otro especifico, sobre la principal potencia regional.

“Los republicanos suelen ser más abiertos al libre comercio que los demócratas, aunque Trump no es un buen ejemplo, porque es un republicano proteccionista. Pero si América Latina necesita que le abran los mercados de Estados Unidos, los republicanos son más convenientes. El impacto más específico es sobre la estabilidad política de Brasil. Para el presidente Jair Bolsonaro, Trump es un referente importante y su derrota podría llevar a que la inestabilidad en Brasil resurgiera”, señala.

El factor China

“Hay un determinante más estructural que va a incidir mucho en la relación de Estados Unidos con América Latina, ya sea con Biden o Trump, que es el tema China. No hay mucha diferencia en el enfoque, gane uno u otro”, observa Russell.

Latinoamérica está cobrando interés para Estados Unidos debido a la competencia estratégica global con China, que tiene un componente geopolítico muy importante en esta región que ha sido hegemonía de Estados Unidos durante muchas décadas.

“Es la primera vez que tiene la competencia de un gigante como China y no se va a quedar de brazos cruzados. Éste es el factor central de lo que será la relación de Estados Unidos con América Latina en el futuro, que estará muy marcada por esta dinámica triangular”, sentencia Russell.

“Justamente América Latina recobra algún papel mínimo en la agenda de Estados Unidos porque China avanza. Pero China no avanza contra Estados Unidos, solo lo hace cuando éste se retrae. Cuando vuelve a avanzar un poquito con el BID y otras movidas, China espera su turno. No tiene prisa para entrar a América Latina”, analiza Malamud.

Sin cambios drásticos
A la luz de la reciente elección del presidente del BID, en la que el 80% de los países latinoamericanos apoyó al candidato de Trump y no hubo votos en contra, Malamud opina que “la mayor parte de los presidentes de América Latina quiere que siga Trump o por lo menos es lo que muestran en público. Y de ellos, López Obrador de México y Bolsonaro de Brasil, muy fuertemente”.

Un panorama muy distinto a lo que ocurría hace algunos años en esta región que hoy enfrenta grandes desafíos ante las crisis políticas y sociales, una creciente fragmentación y falta de multilateralismo. “El giro a la izquierda, la autonomía, la patria grande es hoy un eco lejano”, subraya el politólogo de la Universidad de Lisboa.

Si bien el previsible mayor compromiso del candidato demócrata con la defensa de los derechos humanos y la cooperación podría augurar una administración más cercana a América Latina, los expertos son cautos. “Algo puede cambiar, pero nadie piensa en un cambio drástico. Además, Estados Unidos tiene tantos problemas domésticos que buena parte de los esfuerzos estarán puestos en lo interno, salvo donde hay problemas específicos, como en México y el triángulo norte de América Central, lo que ya es tema de agenda local estadounidense”, estima Russell.

Malamud coincide: “Es difícil vislumbrar algún tipo de cambio, gane quien gane. Si sale Biden vamos a tener el típico proteccionismo demócrata con las excusas del medio ambiente y los derechos laborales, y si gana Trump tenemos el proteccionismo geopolítico con ‘America first’. Latinoamérica no debería esperar demasiados cambios, pero esto tiene que ver más con la irrelevancia de la región para Estados Unidos que con la similitud entre los candidatos”.

 

Por Matías Vega
Para biobiochilecl /La información es de Deutsche Welle

 

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