Mesa Representativa YA!!!

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Por 54 votos en 97 la Cámara de Representantes dio media sanción a un proyecto de ley con el objetivo de limitar los territorios destinados a la producción forestal en el país. Esta iniciativa se concretó mediante una alianza entre el Frente Amplio (FA), Cabildo Abierto (CA) y el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI). La coalición de blancos y colorados quedó en minoría.

La construcción de acuerdos puntuales -a partir de este episodio- perece levantarse como un esquema que variará sustancialmente la potencialidad de las alianzas preelectorales para conformar coaliciones. Esta evidencia pone virtualmente en jaque a un sistema que va de derechas a izquierdas del espectro político uruguayo.

Nadie se salva. Sólo mediante el diálogo constante en una mesa representativa, podrían generarse las «perilla» que oficien de garantías para la paz interna en los gobiernos. La realidad es que el reparto político del Estado dejó en clave de «riesgo» a una coalición donde sus componentes no han visto colmadas sus expectativas de participación, y donde la fracción mayoritaria nacionalista, vinculada al «herrerismo», ha venido planteando una supremacía directriz aplicando freno al impulso político de sus socios, por un lado, y por el otro, mediante procesos colaterales, le pasó por encima a principios y bases programáticas de sus socios ante el argumento de que no constituían asuntos con previo acuerdo.

Esto es como si la Ley de Urgente Consideración que la coalición multicolor apoyó orgánicamente es el único instrumento válido para la unión. De ser así, habrá ministros interpelados por sus propios partidos, dado que la conducción política del Estado vía Consejo de Ministros podrá decir cosas muchas veces distintas de las que legítimamente pensaba cada uno cuando en sus tiempos de «solteros» y no después de comprometerse a ser un conjunto de conceptos con adhesión a un Gobierno. Resulta claro que en este contexto es más grande la carpeta de asuntos sobre los que no hay acuerdos, que sobre los que sí los hay.

Sólo por eso la reivindicación de lo pactado no puede ser el único sustento para la coalición de gobierno. Los argumentos a la hora de votar este proyecto fueron que existe urgencia por aprobarse una normativa ante los crecientes permisos que se otorgan a nivel departamental para forestar en distintas áreas del país. Blancos y colorados cuestionaron que no se realizó el debido tratamiento del proyecto que es modificativo de la Ley Forestal de 1987.

Esa norma implicó el impulso de la producción de ese rubro en Uruguay, y constituyó una política «exitosa» que perdura intacta hasta nuestros días. Blancos y colorados cuestionaron que el proyecto de ley había ingresado al Parlamento un mes antes y pidieron que volviera a comisión, pero la moción fracasó. En los hechos se votó un proyecto de ley –hoy con media sanción- no habiéndose políticamente discutido sino que afue acordado entre cuatro paredes.

En concreto, el proyecto limita la plantación de bosques a los suelos de prioridad forestal y establece que las superficies de bosques en el país no pueden superar 10% de la superficie nacional bajo explotación agropecuaria. Además, se indica que la superficie destinada a bosques de servicio en predios agropecuarios sólo podrá alcanzar 8% de estos en suelos en los casos que se ubiquen por fuera de los suelos de prioridad forestal.

Si bien la sesión tuvo ribetes interesantes que por sí solos bastarían para una columna de opinión, en este caso no pretendemos incursionar por ahí, sino transitar sobre cómo debió incorporarse este asunto a la agenda política una vez asumida la voluntad por unos y por otros, para constituir el «todos» que constituye una coalición de partidos en la sana búsqueda de las mayorías parlamentarias que permitan cambios en el país.

Muchos años atrás el diputado colorado Washington Cataldi decía sabiamente: «hay un momento para hablar y otro para votar». Lo que sucede es que en democracia, tal y como la concebía Cataldi, en el tiempo de «hablar» eso era lo que se hacía, porque no hacerlo constituiría una traición inadmisible a la hora de «votar» sin haberse dado los tiempos suficientes para arreglar adentro de su propia burbuja política, algo que se salió a pactar en el océano de las divergencias.

 

Por César García Acosta
Editor de OPINAR Técnico en Comunicación Social

Fuente semanario OPINAR

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