Walter Cruz: «El Sabalero» y su bolsita de los recuerdos

Tiempo de lectura: 8 minutos

por Walter Cruz

José Carvajal – mas que como cantautor- se auto define como un narrador de historias y dice que su fuerte es escribir, «contar el cuento». Nació hace 59 años en el barrio «Las casillas » de Juan Lacaze en «La Casa Encantada» frente a la ex textil Campomar & Soulas, donde trabajó él y toda su familia. Con un tono intimista «El Sabalero» va desgranando recuerdos. Cree que un golpe de suerte lo llevo a poder vivir de lo que le gusta. Habla con admiración de sus padres, con un dejo de nostalgia por lo hermanos idos y con alegría de Teresa – su hermana que vive en Australia- y de Anke su compañera holandesa, y de sus hijos Antolin y Catalina.

Susana y Alejandro provienen de su anterior matrimonio y son uruguayos. José Carvajal compone en Holanda y actúa en Uruguay, aunque sus giras lo llevan también a otros países de nuestro continente.

Su memoria es prodigiosa y en dialogo con La ONDA digital nos traza un recorrido por la vida de aquel niño de pantalón cortito al adulto de hoy.

Los viejos, los hermanos, la vida de la gente trabajadora de Juan Lacaze

 

– Nos gustaría que primero nos hables de tu familia
– Es gente común de mi pueblo. Mi vieja laburaba en los gabinetes higiénicos de la fábrica Campomar, mi viejo, mis hermanos, Ricardo, Teresa y yo lo hacíamos en el mismo lugar.

En mi casa todos laburábamos. Por eso es que a veces somos un poco exigentes con algunas cosas, porque nos criamos en un ambiente sano.

-¿Cómo era doña Carmen y don Ramón?
– Mis viejos no eran muy exquisitos, pero muy derechos y decían las cosas como deben decirse.

-¿Tus hermanos?
-Ramón, “El Negro” o “El Oso”, comenzó a cantar antes que yo y llegó a grabar algún disco. En esa época era conocido como “El Chango de la Baguala” y yo que era más chico lo acompañaba en sus aventuras y en algunas licencias de la fábrica, e iba con él a Rivera y a un montón de lugares

Ricardo cantaba poco: algún tango nomás.

-¿Eran todos cantores en tu familia?
-Ariel y Teresa no, pero mi vieja cantaba bastante lindo.

-¿Doña Carmen cantaba?
-Sí, sí. Mi viejo en cambio tenía bastante creatividad. Me acuerdo que cuando era chico me inventaba cuentos y cosas. Era una maravilla. Más que un padre parecía un abuelo. La relación con él me enriqueció muchísimo, me dejó cosas.

Después con los años escribiendo las fui aplicando, me acuerdo de lo que él me decía, que me contaba. Hoy le debo mucho de lo que soy.

-¿Por qué la canción que le dedicaste a Ariel se llama “no te vayas Pedro?”
Si, si …..( pausa). Vos sabes que cuando Ariel se suicidó yo era un chiquilín de 14 años y la compuse cuando tenia 17 o18. ¿Vos te imaginaras lo que sufría mi madre?. En esa época la muerte era más brutal, ahora estamos más acostumbrados. La otra vez explotó una nave espacial y lo vimos en directo. Hoy la guerra se televisa. Pero aquello de mi hermano fue un drama en todo el pueblo y para no herir a mi madre le puse Pedro. Al azar, por que así nomás. No podía cantar un tema delante de mi madre que dijera Ariel.

En realidad se llamaba Alcides, pero no sé por qué a todos los conocían por el segundo nombre.

Ramón, “El Negro” era Leonidas, el primer nombre de Teresa es Milka. Ahora si a mí me llaman por el segundo nombre me matan, porque soy José Maria (risas)

Ahora cuando estuve con mi hermana Teresa en Australia hablamos mucho de estas cosas, de cómo nos criamos, de que linda gente eran los viejos.

Cuando los barrios eran como una familia

¿Y los vecinos?
También, claro. Vos té acordas que antes los barrios eran como una familia.

Los vecinos te cuidaban. La madre de este vecino cuidaba a la del otro. Era como tener una cantidad de madres y de padres y un montón impresionante de hermanos.

Era lindísimo y además se compartía todo. No era una pobreza extrema en Juan Lacaze porque todo el mundo laburaba, pero tampoco había riqueza, abundancia.

Me acuerdo los días de lluvia el olor a tortas fritas. Si no hacían en tu casa aparecía algún vecino con un platito con una servilleta encima y alguna torta frita.

Si precisabas un poquito de café, de yerba, de azúcar se iba y se pedía prestado.

Los almaceneros te daban libreta inmediatamente. Te das cuenta ¡Libreta!. En los lugares donde he vivido no hay más. Yo de Juan Lacaze perdía la Libreta (risas)

Era todo muy lindo, se creía en la gente. Y todo muy sencillo: las chiquilinas, las novias, los bailes,…

Andábamos en la barra todos juntos: “El Quilda” Vidart, “El Burrito” Anza, Alfredo Aicardi y otros.

Hasta teníamos un cuadro de básquetbol, pero yo no jugaba mucho. Era medio vago, mas bien retraído y me gustaba leer, encerrarme, más que el deporte. Y eso me pasa hasta hoy en día. No va más que algún paletazo en un frontón….

Pero, esperá ¿esta nota no es para La ONDA?

-Sí la revista digital.
La gente que no es de Juan Lacaze, ¿entenderá algo? Porque te estoy hablando de mi barrio, de mis amigos…

– Sí Don José Maria Carvajal Pruzo, te van a entender.
– (Risas) ¿Te parece?

– Sí me parece y seguimos
Estudios y Trabajo

– Contame algo de tus estudios
– Hice solo primer año de liceo. Y allí tenia al profesor Ricardo Voelker que estaba encantado con “Sí vieras tu”, “Laguna azul”. Ricardo me estimaba mucho y me aconsejaba; “José tenés que seguir escribiendo”. Yo era el único que hacía canciones para Juan Lacaze y nombraba gente del pueblo. Entre tanta cosa Argentina que se cantaba en aquellos tiempos yo era medio desubicado, me sentia ridículo (risas).

Sin embargo eso fue lo que me permitió seguir viviendo de lo que me gusta. Creo que fue una acertada, como meter la bolita en el hoyo hacerles canciones al pueblo.

Te me estoy yendo por las ramas. Sigo con mis estudios. Después de mi primer año de liceo entré a la textil Campomar y entonces fundamos el liceo nocturno con otros muchachos. Pero lo hicimos libre. Y después nada más.

Soy autodidacta un tipo que se la pasa leyendo. Cuando entré a la fábrica empecé a comprar muchos libros en cuotas.

Me acuerdo que mi vieja se ponía malísima, porque cuando venían a cobrar era un platal “¿Para qué queres tantos libros José?”, me decía.

Y andaban los libros por debajo de la cama, por todos lados (risas)

Compré una enciclopedia, las obras completas de Shakespeare. Leía, me gustaba, pero era un niño y no entendía.

Pero aunque no lo creas esas cosas se te meten en la cabeza, más a esa edad en que uno asimila todo.

Y después aunque escribas Villa Pancha por algo te sale, en algún lado tenés que haber mamado eso. Te da una manera de escribir, una sensibilidad.

-¿En que sección trabajaste en Campomar & Soulas?
– En los telares seis años. Entré junto con César Morales que es primo mío, con un botija Janavel, con José Betarte, que murió, y con otros cuantos.

Primero fui anudador y después tejedor. Fue en el 58 y tenia 14 años.

Uno después con los años piensa la cantidad de botijas que podrían haber estudiado. Pero estaba marcado: 14 años, la fábrica, adentro y se terminaba.

Los únicos que tenían la posibilidad eran los hijos de los comerciantes que podían pagarles un lugar para vivir en Montevideo. Pero fueron los menos.

A la textil no la conozco solo por trabajar ahí. Me crié ahí, nací enfrente. Todos los días entrábamos a hacer los mandados, a ir a ver a la vieja. La conozco como la palma de mi mano,

Me acuerdo que hace unos años vine porque quería hacer un video y no me dejaron.

Pero había unas ventanas con vidrios rotos, metimos por allí la videograbadora y nos afanamos unas tomas (risas)

Después la segunda vez me dejaron entrar porque hablé con Pedro Campra, que es el jefe de personal.

Y mira vos como es la vida: ahora se termino la fábrica.

– Antes me hablabas de Villa Pancha. ¿Cuánto viviste en ese barrio de Juan Lacaze?
– De casado con la madre de Susana y Alejandro. Antes no. Lo que pasa es que mi viejo y Ariel tenían dos terrenos pegados. Mi viejo hacia quinta y yo – que era chico- lo ayudaba o molestaba. (risas)

También hacíamos ticholos, construimos un galponcito. Allí en Villa Pancha casi no había casas. Iba cuando tenia 6 años y hace 53 era un campo. El “campo fiscal” le decíamos.

Había algunos vecinos cono “Amorcito” García, aquel viejo enamorado, sabandija (risas), “El Negro” Itza, que se mató en la continua de la fábrica de papel, y algún otro. Era una impresión muy fuerte la de la muerte. Me acuerdo cuando murió la hermana del “Cenizo” Quintana. La mató el novio y después se suicidó él. Yo era muy chiquito cuando eso y no pasaba más por el lugar. Nos daba impresión, no nos animábamos.

Carlos “Arandela” Alcaire, Roberto Cabrera y el Rancho Macario

– ¿Cómo se te dió por el canto, por la música?
– En realidad a mí me gusta más escribir que cantar. No toco la guitarra, rasco un poquito nomás. Lo mío es contar el cuento y con el tiempo he dejado de hacer canciones y hago relatos. Capaz que es la herencia de mi padre.

A mí se me dió la oportunidad de ir a otros lugares, me escucharon y pude grabar un disco simple. Y bueno, de ahí arranqué con esto como un trabajo.

– En es disco que estaba la canción “Sabalero”, que así le dicen a la gente de Juan Lacaze, y “Pichonero” que es el nombre que les dan a los de Rosario.
¿Por qué “el sabalero” cantó un tiempito “Sabalero” y después nunca más?
– Es verdad soy “El Sabalero” pero la canción no la conoce mucha gente. Fue mi primer disco y en esa época usaba muchos diminutivos, era muy naif. Es una canción facil, podría arreglar un poquito la letra porque hay partes que no me convencen. Ser más concreto en la palabra, darle un poquito de continuidad, era la más precaria porque yo no tenia formación. No sé, capaz que algún día la puedo regrabar. Y sí, tendría que hacer eso.

– ¿Acompañante y primer profesor de guitarra?
-A mí el que me acompañó fue Roberto Cabrera y mi profesor de guitarra fue Carlos “Arandela” Alcaire.

– ¿Qué daba clases en la Agremiación textil de Juan Lacaze?
– Claro, claro. Éramos una cantidad. Había todo un movimiento, una cantidad de gente con ganas de hacer canciones.

Estaba el rancho de Macario (Pereyra). Íbamos toda la barra: Ricardo Collazo, “El Flaco” Stempelet, Luciano Rodríguez, Ramón Páez, Nestor, el peluquero, que era flor de chismoso y se pelaba con el Luciano (risas)

Son cosas lindísimas. Yo me enrosqué con eso de ir al rancho de Macario a tocar la guitarra y seguí también con “Arandela”, pero nunca tuve condiciones de guitarrista. Hacia alguna melodía chiquita, lo que me saliera.

Tuve suerte porque “Pantalón Cortito” es una melodía que pegó.

– Que en realidad es “Chiquillada”
– Me han cambiado el nombre a muchas canciones. A “La sencillita” le dicen “Villa Pancha”; “A mi gente” la llaman “Sentados al cordón de la vereda”; a “Ya comienza” le pusieron “Yacumenza”. Y “Yacumenza” es un candombe de Manolo Guardia.

“Borracho pero con flores” le encanta a la gente, pero si me ven tomando un pomelo como ahora… (risas)

Porque tenes fama de borracho
Ahora tomo muy poco, casi no fumo. Soy muy responsable en mi laburo. Estoy más veterano, no puedo pasar vergüenza, ser un viejito gil haciendo pavadas. Hay que hacer las cosas con dignidad.

Amor en Holanda, casamiento en Uruguay

-¿A Holanda te llevó un amor?
-Exactamente: me enamoré de Anke. Me fui con ella para allá y enseguida a México.

Era estudiante y nos fuimos a ver qué pasaba. Empecé a laburar inmediatamente.

Estaba Alfredo Zitarrosa- que se portó fenómeno conmigo y con los Olima- y nos hizo todos los contactos. Después nos vinimos a Uruguay con Anke , con la que hace 24 años estamos juntos y 24 años con una doña te abraza no solamente a un país. Te abraza a una vida entera. Tenemos dos hijos: Antolín (17 años) y Catalina (13 años)

– Con Anke se casaron en Atlántida en el minuto exacto que comenzaba el año 2000
– Si, si y que lindo fue eso. Que vinieran de Juan Lacaze a casarnos Blanca “La Cututa” Germano, que estuvieran amigos.

-¿Cómo es tu vida en Holanda?
– Muy tranquila y a la vez muy agitada porque ando mucho de giras. Me levanto a las seis y media de la mañana para llevar a los botijas a estudiar.

Me siento un rato en la computadora, trabajo un cacho, soy el cocinero de la casa.

Mi señora es profesora en comunicaciones y por la universidad donde trabaja viaja mucho también. Hace poco fue a un congreso en Cuba, va a los Estados Unidos, a todos lados.

Entonces nos dividimos los tiempos para no dejar a los hijos muy solos.

Ahora – por ejemplo – ella llegó un jueves y yo me vine un martes para Uruguay.

Es un matrimonio perfecto. Anke me dice, “ pero si ni nos vemos, no tenemos tiempo ni para pelearnos” (carcajada).

-¿Y entonces?
– “Me vuela el corazón” es mi próximo disco.

 

Publicada por primera vez en La ONDA digital

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