El gimnasio estaba lleno, alegría, reencuentro, caras alegres, a muchas «se les escapaba un lagrimón», no eran algo corriente, las mesas largas llenas de familia.
Luego de la oratoria de Juan Pedro Ciganda, se estaba en el momento previo a degustar el asado hecho por UN MAESTRO de la cocina, de la parrilla y por qué no, de la vida.
«Alberto Romero de Armas, el hijo de doña Juana», así se presentaba aquel hombre golpeado, torturado, cuando había sido detenido, tiempo atrás en el local de AEBU de
Maldonado y rebelde y orejano se tiró de un camión del ejército y dio su cara contra el pavimento, aquél que cuándo
tomaba el 130 de madrugada para volver a Las Piedras, donde vivía, en pleno 1977! Le pedía al canillita, con un grito desde el fondo del coche, ¿TIENE «EL POPULAR»?
Se festejaban los 35 años de AEBU
En momentos de comenzar a cortar el asado, irrumpen por todas las puertas, las boinas verdes que secundan un operativo dirigido por el comisario Víctor Castiglioni, todo se transformó en un caos.
Entraron al gimnasio Armas en manos, porque tenían información de que allí había dirigentes requeridos, (en ese momento había más de una decena de bancarios en la clandestinidad.
Mientras Castiglioni, al frente de sus hordas hacía reconocimiento silla por silla, el INEFABLE, «Fono» Fuentes, con algunas » con limón» arriba, se colgaba del brazo del comisario, mientras le decía » DÉJESE DE JODER DON VICTOR ACÁ SOMOS TODOS AMIGOS». Eran conocidos de Defensor.
Mientras eso ocurría en el gimnasio, allá en el fondo de la cantina, se escuchaban golpes como de machete, era Alberto que golpeaba la tabla con la cuchilla, rodeado, » de botones» como dice el tango, mientras decía en voz alta,
«Se me quema el asado, hace 5 horas que estoy acá»
Uno de los efectivos, le decía tranquilo señor, y él le contestaba, «por lo menos déjame mover las cenizas» a lo cual el efectivo le respondía «órdenes son órdenes»
Los que estábamos al rededor, no nos podíamos mover, Alberto me miraba y yo le hacía seña con las palmas hacia abajo, (tranquilo).
Terminada la requisa, se llevaron a Inmer Prada, Secretario General del Sindicato.
En un momento, reciben la orden de comenzar a retirarse y Alberto, saltó sobre la parrilla a mover la ceniza, diciendo «Espero que estos milicos de mierda, no me hayan hecho quemar el asado.
Según el telefonista, Castiglioni, pidió el teléfono y dijo «SAQUEN EL DIARIO, NO HAY NOVEDADES.
¡EL PAÍS PRIMERO SIEMPRE!
Por Esteban Nuñez
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