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Después de ver y escuchar el primer discurso del presidente de los Estados Unidos ante el Congreso, no resistí la tentación de hacer alguna comparación.

Salvando las diferencias de volumen y roles del presidente de la todavía primera potencia global, (a pesar de encontrarse en un período de fin de ciclo hegemónico), y nuestro presidente, el que se autodenomina “líder mundial”, los contrastes son tan clamorosos que resulta oportuno señalar algunos de ellos.

Joseph Biden ejecutó un plan de ayuda a los sectores de menores ingresos cuyo volumen es el mayor de la historia de su país. Luis Lacalle Pou dispuso la asistencia a los sectores vulnerables más baja de toda America Latina.

Biden propone gravar a las grandes fortunas para financiar la asistencia , Lacalle Pou lo hace con los sueldos de los funcionarios públicos sin pedirle nada a los que más tienen.

Biden afirma que su país fue construido por la clase media, y la clase media por los sindicatos, no por la gente de Wall Street. Y anuncia una nueva ley de estímulo y protección al derecho de sindicalizarse. Lacalle Pou afirma que a los más ricos, a los que llama los “malla oro”, no hay que gravarlos, porque son los que sacan adelante al país (cuando la historia enseña que en las crisis los ricos se hacen más ricos y no ayudan a nadie)

Biden aumenta el salario mínimo. Lacalle Pou bajó los salarios.

Biden expresa su dolor por las consecuencias trágicas de la pandemia, que está en proceso de disminución sostenida de contagios y fallecimientos en su país y asume toda la responsabilidad del gobierno en el combate a la misma. Lacalle Pou afirma que no es una cuestión de “números”, y que la responsabilidad es de la gente. Si la “libertad responsable” no funciona, “fracasa la humanidad”, no el gobierno. A pesar de tener una de las peores cifras de contagiados y fallecidos por millón de habitantes del mundo. Hoy, cuando se registraron casi 3000 contagios y 65 muertos, miembros de su gobierno hablan de la reducción de casos y del “aplanamiento de la curva”. Además anuncian disminución de medidas de limitación de la movilidad en lugar de tomar más medidas para disminuir los contagios y las muertes.

Biden habla de encontrar acuerdos cuando hay discrepancias entre el gobierno y la oposición.

Lacalle Pou contesta: “no, ¿para qué?” cuando le preguntan por la propuesta de una mesa de diálogo nacional para atender la emergencia sanitaria, económica y social.

Biden habla de perfeccionar los derechos de la agenda LGTB. De mejorar las leyes de igualdad de género y de igualdad salarial para mujeres y hombres. Varios socios de la coalición de Lacalle Pou expresan las posiciones más reaccionarias y discriminatorias sobre dicha agenda de derechos.

Es recomendable ver la presentación de Biden al Congreso de su país. Todos los uruguayos, cualquiera sea su posición político partidaria o ideológica, encontrarán abismales diferencias de contenido, de tono y de actitud entre ambos. Nadie pretende desconocer que la administración Biden encabeza una política exterior imperialista, que continúa utilizando mecanismos de dominación sin límites de tipo alguno. Peor aún, se registran signos de endurecimiento de la agresividad ante la ya desplegada competencia por la hegemonía global. La nueva “guerra fría” entre Estados Unidos y la alianza chino – rusa, acelera la carrera armamentista y aumenta las tensiones y los conflictos en el mundo.

Pero resulta una triste comparación la que surge nítidamente entre ambos mandatarios en la política interna de los dos paises.

La soberbia, la actitud de jactancia y de arrogancia de nuestro presidente es muy lamentable. Su negacionismo ante la dolorosa tragedia que vivimos, su negativa a tomar nuevas medidas de restricción de la movilidad ante las terribles cifras de contagios y muertos por el Coronavírus, es condenable. Restricciones que sin duda alguna, hubieran evitado muchos fallecimientos y evitarían tantos más en las próximas semanas. Esto genera indignación.

La misma que genera su ideología ultraneoliberal, que lo hace responder con miserables medidas a las consecuencias económicas y sociales de la pandemia.El hambre y la pobreza volvieron con la pandemia y la ausencia de respuesta del gobierno. Recuerdan al Uruguay de la crisis de principios de siglo. Las ollas populares, respuesta de solidaridad social con un estado prácticamente ausente , hacen que nuestro país sea portada en periódicos y cadenas informativas de difusión global. Nunca imaginamos que una comparación entre el presidente del país donde “nadie debería ser más que nadie” y el presidente del imperialismo yanqui arrojara estos resultados.

 

Por Carlos Pita
Médico, político, ex embajador uruguayo en EE.UU.

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