El gobierno de EEUU y también el estado alemán recibieron todas las comunicaciones encriptadas de la guerra sucia y no porque se las dieran, sino porque la CIA, junto con la inteligencia alemana BND, compraron clandestinamente una parte de la empresa que fabricaba las máquinas de encriptar, la suiza Crypto AG.
Va de suyo, en consecuencia, que la información sobre los enterramientos clandestinos de víctimas de la represión que hoy se le pide a las FFAA uruguayas, bien la pueden tener también EEUU y Alemania. A la información lograda a través de las comunicaciones encriptadas debe agregarse, naturalmente, la que lograban los servicios de inteligencia de EEUU y Alemania por su trabajo en el terreno.

Crypto AG, el fabricante líder de dispositivos de encriptación en 1970, fue fundada en la década de 1930 por el inventor sueco Boris Hagelin, y tuvo un «entendimiento de caballeros» con la Agencia de Seguridad Nacional que se remonta a principios de la década de 1950. La información fue dada por el Washington Post y el canal de televisión pública alemán ZFD, tras información original del Archivo de Seguridad Nacional de EEUU, según consta en https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/chile-cyber-vault-intelligence-southern-cone/2020-02-11/cias-minerva-secret .
La propiedad secreta de EEUU y Alemania les permitió manipular los dispositivos de la empresa para que pudieran descifrar fácilmente los códigos que también otros países usaban para enviar mensajes cifrados. Generaron así una gran cantidad de interceptaciones de inteligencia de países de todo el mundo, entre ellos Irán, Egipto, Pakistán, Arabia Saudita e Italia. En 1993, la CIA compró en secreto la participación del BND por 17 millones de dólares y fue dueña absoluta de Crypto AG hasta al menos 1997.
La información disponible reafirma que la Operación Cóndor realizó sus comunicaciones a través de dispositivos de encriptación fabricados por la compañía suiza Crypto AG, propiedad de la CIA y el BND, sin saber que Estados Unidos y Alemania podrían estar escuchando.
En el archivo de esa información, ya sea en Alemania o EEUU, se pueden encontrar al menos todos los hitos de la guerra sucia, de los cuales son sólo ejemplos el asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutierrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw: el asesinato en EEUU del ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronni Moffit, el atentado terrorista contra un avión de pasajeros de Cubana frente a las costas de Barbados en octubre de 1976; la revolución sandinista y la guerra de la contra en Nicaragua. Son solo ejemplos de la interminable lista de víctimas del terrorismo de Estado ejercido por ocho estados. Inicialmente fueron Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, y se agregaron Bolivia, Paraguay y el séptimo fue Ecuador. A ellos se sumaron todas las cúpulas de gobierno del continente, a excepción de Surinam, Guyana y Trinidad y Tobago.
Dado que las naciones Condor construyen toda su red de comunicaciones secretas alrededor de las máquinas Crypto AG, la comunidad de inteligencia de EEUU y la alemana también habrían podido monitorear los planes y misiones de Condor, incluidos múltiples complots de asesinato en la región, en Europa y Estados Unidos. La operación clandestina de recopilación de información inicialmente se denominó en código “Thesaurus” y luego se cambió a “Rubicon”. El nombre en código de Crypto AG era “Minerva”.
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