
El 30 de abril de 1945, Adolf Hitler se suicidaba, junto con su esposa Eva Braun y su perra Blondi, en las profundidades de su bunker bajo las ruinas de Berlín en medio del derrumbamiento absoluto del Tercer Reich. Sin embargo, ocho décadas después de la desaparición de uno de los principales responsables del periodo más destructivo de la historia humana, el nazismo, que fue la forma de fascismo que promovió la Segunda Guerra Mundial, el holocausto y el más terrible proceso de muertes y sufrimientos parece tener émulos en la actualidad entre quienes dicen representar a una etnia que fue víctima preferente del exterminio nazi .
Las razones por las que puede hablarse con propiedad de judíos nazis en la actualidad es lo que trataremos de dilucidar en esta nota. En primer lugar es necesario considerar cuales son los rasgos fundamentales del nazismo, no tanto como una concepción ideológica o un Zeitgeist (el clima intelectual y cultural de la época) sino por sus notorias características operativas.

Los rasgos de la bestia
El nazismo es ultra nacionalista, chovinista, fanático, jactancioso e irracional apoyado en un orgullo que lleva a considerar a un pueblo, una etnia, como una raza elegida o superior y a otros grupos como subhumanos que deben ser exterminados.
Ese nacionalismo es un supremacismo que se apoya en la creencia que un grupo de seres es superior, fuerte, virtuoso y moralmente habilitado para someter a otros grupos que considera débiles, inferiores, indignos. La historia (y no solamente la del fascismo y el nazismo) ha demostrado que el supremacismo adopta muy rápidamente un carácter criminal porque se transforma en eliminacionismo, dado que los seres inferiores son culpables de todos los males y deben ser eliminados, expulsados o exterminados.
Ese supremacismo es inevitablemente racista. Sus antecedentes se han inspirado siempre en el racismo . En 1928 Hitler admiraba a los estadounidenses que habían eliminando a balazos a millones de pieles rojas reduciéndolos a unos pocos cientos de miles.
Según James Q. Whitman (“Hitler’s American Model: The United States and the Making of Nazis Race Law”), en Mein Kampf, Hitler elogia a los Estados Unidos como el único Estado que había avanzado hacia una concepción primordialmente racial de la ciudadanía excluyendo a ciertas
razas de esa condición. Aunque aludir a esta influencia del racismo estadounidense sobre el nazismo es tocar un tema que muchos eluden resulta claro que el odio genocida que hizo erupción en la Alemania nazi tenía antecedentes y, como veremos, tiene sucesores, ahora en Israel.
Tampoco es casual el reverdecimiento del racismo en los Estados Unidos, bajo la forma adoptada por Trump y su séquito que busca borrar la conquista de derechos por los afroamericanos, y el apoyo que el gobierno estadounidense proporciona al genocidio que Israel está cometiendo en Gaza y Cisjordania.
A su vez, el racismo y el supremacismo forman parte de un conjunto de “justificaciones” no necesariamente patrióticas pero siempre dogmáticas, incluso religiosas o pseudocientificas que tratan de sustentar el odio y la violencia que son los ingredientes fundamentales e invariables de estas acciones.
El discurso nazi suele preceder a las acciones nazis. El discurso de Javier Milei, el Presidente argentino, que alude a la eliminación de quienes presentan parásitos mentales es un discurso nazi que – por ejemplo – puede ser precursor de actos nazis generadores de violencia y crímenes de odio.
El racismo y el supremacismo van juntos con el colonialismo y el imperialismo. Las principales diferencias entre estos dos últimos términos son las siguientes: en el colonialismo una nación más fuerte ejerce un control total sobre una nación o un territorio ajeno y más débil. El colonialismo suele establecer una estructura política autoritaria para regir al país colonizado y eliminar su autonomía. En el imperialismo, el imperio puede influir a la nación más débil para favorecer sus intereses mediante un control directo o indirecto pero sin que necesariamente se suprima la autonomía del gobierno sometido.
Demás estaría señalar que el colonialismo puede adoptar formas diferentes. Los ejemplos típicos son el colonialismo británico en la India que sometió a los pueblos para explotarlos, sustituyendo a una parte de la clase dominante por autoridades virreinales, o el colonialismo estadounidense en el Oeste que adoptó un carácter eliminacionista desplazando o recluyendo en “reservas” a los pueblos indígenas al tiempo que promovía la esclavitud de los africanos en el Sur.
El colonialismo sionista en Medio Oriente se asimila a la modalidad estadounidense del siglo XIX porque prescribe la expulsión o la segregación de la población árabe y otras minorías no judías de la región y el establecimiento de asentamientos israelíes permanentes en territorios ocupados por la fuerza.
Imperialismo y colonialismo han adoptado características muy similares de conquista territorial, desde el Destino Manifiesto, el Lebensraum nazi, el Eretz Israel hasta el Make America Great Again de Trump. Baste por el momento destacar dos características fundamentales del nazismo hitleriano y el de los judíos nazis: racismo y colonialismo.
La conexión MAGA
Ahora podemos volver a algunos de los antecedentes del nazismo alemán sin necesidad de remontarlo al antisemitismo de Lutero o a las elucubraciones del conde de Gobineau (el compinche de Tocqeville) en el siglo XIX. Algunas influencias que tuvo el movimiento eugenésico estadounidense y británico en las concepciones del nazismo han sido estudiadas. Los nazis prestaron mucha atención a los antecedentes estadounidenses.
La esclavitud de los afroamericanos constaba en la Constitución de los Estados Unidos. Thomas Jefferson, uno de los padres de la patria se refirió a la necesidad de eliminar o extirpar a los nativos norteamericanos. Además sus actitudes como dirigente político, propietario de esclavos y padre de muchos hijos concebidos con su esclava Sally, siguen siendo motivo de discusión, en pro y en contra, por parte de los historiadores .
Lo que no cabe duda, más allá de su supuesta benevolencia, es que consideraba que los negros eran seres inferiores y que se avergonzaba de ser esclavista (hasta el punto de que trazó un camino nuevo para llegar a su mansión de Monticello de modo que sus visitantes no vieran las chabolas de sus esclavos).

Philip Sheridan, el famoso general que llegó a Comandante en Jefe del Ejército, al cabo de su participación en la Guerra de Secesión y en las guerras contra los pieles rojas, promovió la aniquilación, la obliteración o la completa destrucción de los indígenas.
Algunos jefes militares eran más benévolos e historiadores contemporáneos como Edward B. Westermann, al comparar la guerra en el Este de Hitler con las guerras indias en los Estados Unidos sostuvo que como el gobierno estadounidense nunca promovió oficialmente el aniquilamiento físico de las poblaciones nativas por motivos raciales, el exterminio de los pieles rojas no puede compararse con la Shoa.
Sin embargo, el hecho es que entre fines del siglo XVI y principios del XX, la población indígena de los Estados Unidos cayó de varios millones a menos de doscientos mil individuos. En la primera mitad del siglo XIX se había producido una sistemática remoción de pueblos indígenas desde el Este hacia el Oeste de los Estados Unidos. En la segunda mitad de ese siglo tendría lugar el exterminio que promovía Sheridan
Hitler tomó como ejemplo (y lo dijo) el alegato estadounidense respecto a la inocencia del gobierno en las muertes masivas de indígenas. Con frecuencia mencionaba al Far West en los primeros meses de la Operación Barbarroja (la invasión a la URSS). El Volga será nuestro Mississippi, decía. Europa y no América será la tierra ilimitada. Polonia, Bielorrusia y Ucrania será poblada por millones de familias arias de agricultores-soldados, las autopistas atravesarían vastos trigales y decenas de millones de los actuales ocupantes eslavos de esas tierras serán exterminados sometiéndolos al hambre, agregaba el Führer .
En un sentido estrictamente legal, las llamadas Leyes de Jim Crow, que establecieron la segregación más brutal en los Estados del Sur después de la Guerra de Secesión (que rigieron hasta 1965), fueron observadas atentamente por los nazis que las admiraban. La segregación establecía impedimentos y limitaciones a los negros estadounidenses, en todos los espacios públicos y servicios, desde la educación, el transporte, las relaciones humanas, el voto, etc. Esas leyes racistas fueron la inspiración de las llamadas Leyes de Nuremberg promulgadas en setiembre de 1935.
Se trataba de la “Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes” y la “Ley de ciudadanía del Reich”. La primera prohibió el matrimonio entre judíos y alemanes no judíos, criminalizó las relaciones sexuales entre ellos y prohibió a los judíos contratar como sirvientas a mujeres alemanas menores de 45 años. La segunda de las leyes definía a quienes se aplicaba la primera ley.
Solamente las personas de sangre alemana o afines podían ser ciudadanos. Los judíos fueron privados de la ciudadanía alemana y considerados como “súbditos del Estado”. Se definió como judío a aquel que tuviera tres o más abuelos de origen judío, incluidos los conversos al cristianismo y los hijos y nietos de tales conversos. A esas primeras leyes siguieron otras y más de 120 decretos que perfeccionaron el sistema.
Había grandes similitudes entre la legislación y las medidas locales del racismo estadounidense y la legislación nazi, como también la hay entre muchas medidas del régimen racista del apartheid sudafricano y las medidas y normativas racistas aplicadas por Israel en Medio Oriente. Todas estas normas afectan profundamente la vida cotidiana de las personas hasta en los niveles más íntimos.

En Estados Unidos, como en la Alemania nazi y actualmente en Gaza y en los territorios ocupados por Israel, se ha dado lo que el historiador alemán Hans Mommsen calificó como “radicalización acumulativa” refiriéndose al Tercer Reich. Por este fenómeno sucede que las empresas, los organismos y servicios públicos y privados, los colectivos profesionales e incluso barrios y poblaciones rebasaron lo indicado por las leyes racistas y excluyeron a los negros, a los judíos o a los árabes de las sociedades en cuestión o agregaron limitaciones y humillaciones adicionales que “no están previstas en la letra de la ley”.
Los eugenistas anglosajones, especialmente los estadounidenses, nunca ocultaron sus objetivos racistas. Lothrop Stoddard (1883-1950) un historiador, periodista y supremacista estadounidense que fue miembro del Ku Klux Klan, promovía la eugenesia, la “higiene racial” y el “racismo científico”.

En 1920 publicó “The Rising Tide of Color Against White World-Supremacy” que establecía una jerarquía racial que debía defenderse mediante layes contra el mestizaje .En 1922 produjo “The Revolt Against Civilization: The Menace of the Under-man”. Ambos libros fueron de cabecera de los nazis y este último se incorporó directamente al léxico de estos porque introdujo en la terminología predilecta del Tercer Reich la palabra Untermensch (subhumanos) aplicable a los eslavos, los judíos, los gitanos y a todos sus opositores políticos.
Además, el concepto de “la marea de la gente de color” que ahogaría a la supremacía de los blancos es un concepto plenamente redivivo actualmente en las manifestaciones de la ultraderecha racista y xenófoba en Europa y los Estados Unidos que promueven la teoría conspirativa de extrema derecha sobre el reemplazo de la población blanca por los inmigrantes de Asia y África.
El programa de esterilizaciones forzadas de California – por ejemplo – se desarrolló en distintas etapas. La primera fase fue la Ley de Eugenesia que estuvo vigente en ese Estado entre 1909 y 1979 con su aplicación más intensa en la década de 1930. La pretendida mejora de las características genéticas de la población mediante la reproducción y las esterilizaciones selectivas fue el modelo que siguieron los nazis para la ley de 1934 que promovía esterilizaciones y que fueron el preámbulo de la eliminación de seres humanos cuyas vidas “no valían la pena” (el programa Aktion T-4) que a su vez fue el ensayo de los campos de exterminio del Tercer Reich activos desde 1941.
Según Alex Ross hay otras similitudes siniestras, aunque atribuibles a simple coincidencia, entre las tecnologías para la muerte de los Estados Unidos y de la Alemania nazi. En 1924, la primera ejecución de un preso en una cámara de gas se produjo en Nevada. Por otra parte un experto que estudió el uso de las cámaras de gas indicó que el Zyklon-B cuya licencia la I.G. Farben alemana había cedido a la American Cyanamid fue considerado como un agente letal poco práctico aunque se lo usó para desinfectar a los inmigrantes latinoamericanos en El Paso, Texas. Pero el químico alemán, Gerhard Peters, que proporcionó una versión modificada del Zyklon-B para las cámaras de Auschwitz había tomado buena nota del uso estadounidense.

El dispositivo para dejar caer las pastillas de Zyklon-B en las cámaras de gas a través de un tubo y una trampilla fue una innovación estadounidense. Earl Liston, quien inventó el procedimiento dijo que levantar una palanca para matar a alguien era un trabajo duro mientras que echar ácido por un tubo era más fácil para los nervios; “era como regar las plantas”, dijo.
Ese método fue adoptado por los nazis en los campos de exterminio ( Chelmno, Sobibor, Belzec, Treblinka, Auschwitz-Birkenau y Maidanek). El elogio que hizo Hitler de la Ley de Inmigración a los Estados Unidos de 1924 apuntaba al sistema de cuotas por naciones que impedía el ingreso de asiáticos. Para los observadores nazis estas medidas eran indicio de que los Estados Unidos iban en dirección correcta a pesar de sus declaraciones públicas acerca de la libertad y la igualdad.
Además, en su momento, la Ley de Inmigración y sus cuotas contribuyeron al holocausto porque miles de judíos (incluida Anna Frank y su familia) no pudieran ingresar a los EUA. En 1938, Roosevelt convocó a una conferencia internacional para tratar la cuestión de los refugiados europeos pero esto no arrojó ningún cambio en las restricciones. Mientras tanto los nazis señalaron que era sorprendente que hubiera países que les criticaban por el trato que aplicaban a los judíos pero que se negaban a recibirlos en su territorio.
La intolerancia hacia los judíos persistió incluso entre famosos jefes militares estadounidenses finalizada la guerra. George S. Patton, que se destacó por combatir eficazmente contra la Wehrmacht no solamente proponía atacar a la Unión Soviética para acabar con el comunismo sino que criticó a quienes se preocupaban por las personas desplazadas y los refugiados sobrevivientes del holocausto. “Es un error creer que una persona desplazada es un ser humano – dijo – y esto se aplica particularmente a los judíos que están por debajo de los animales”.
En la actualidad, desde que Donald Trump se dedicó a la política y especialmente al haber llegado a la presidencia de los Estados Unidos por segunda vez, ha sido comparado con Hitler en varias oportunidades. El despliegue del supremacismo blanco, el chovinismo y la catarsis racista de sus campañas y sus presentaciones públicas, las campañas de odio y desinformación que las apoyan, y su estrategia de promover las rivalidades entre los miembros de su equipo establecen cierta semejanza entre los procedimientos de Trump y los de Adolf Hitler.
Ambos jerarcas dispusieron de numerosos colaboradores y financistas, políticos derechistas que no eran necesariamente sus correligionarios y ambos consiguieron el apoyo entusiasta de muchos millones de personas. Las diferencias también son obvias: Trump es menos coherente y más errático de lo que fue Hitler y los contextos, aunque lleguen a poner en riesgo la paz mundial e incluso la existencia misma de la humanidad, no pueden someterse a analogías simplistas.
Sería un error reducir el análisis a los personajes, sin embargo y al mismo tiempo hay que establecer que los genocidios, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra, las campañas de odio son más parecidos que diferentes; contienen ingredientes comunes: el racismo, el supremacismo y el colonialismo como vectores.
Trump con su MAGA no está cometiendo genocidio directamente pero, en este momento, está patrocinando el que el gobierno israelí está llevando a cabo en Gaza y Cisjordania.

Jabotinsky, el sionista fascista
El sionismo es un nacionalismo bastante primitivo que nació en la Europa de fines del siglo XIX y si bien, en algunas etapas podría considerarse que existió un sionismo de izquierda, un nacionalismo no chovinista, eso ha cambiado radicalmente. Aunque el gobierno actual de Israel no es homogéneo y en general la política israelí, en particular desde la proclamación del Estado de Israel en 1948, ha sido cambiante, sin embargo el carácter colonialista y expansivo de ese Estado siempre estuvo presente.
En las últimas décadas, especialmente desde que el laborismo israelí perdió el poder, en 1977 y muy especialmente desde el asesinato de Isaac Rabin por un fanático ultraderechista, en 1995, el gobierno israelí y en general su orientación política se han vuelto abiertamente colonialistas, extremistas y criminales. Pero volvamos a los orígenes en el siglo pasado.
El sionismo y sus aliados ultraortodoxos han desarrollado, desde el siglo XX, una serie de mitos junto con un gigantesco aparato de propaganda y desinformación para justificar las políticas racistas, el abuso de la historia y el colonialismo eliminacionista en Medio Oriente.
Los perpetradores han tenido éxito al presentarse a como víctimas, han ocultado sus orígenes terroristas y su carácter represivo; han construido un sistema de segregación racial y limpieza étnica; han desconocido sistemáticamente las resoluciones de las Naciones Unidas; han recurrido a los asesinatos y represión a las poblaciones civiles (incluyendo la financiación y apoyo original a los terroristas de Hamás para sabotear las conversaciones de paz) y han sido los principales promotores de la prolongada tragedia que viven todos los pueblos del Medio Oriente, incluyendo al pueblo israelí.
Como este artículo no pretende sino esquematizar esta historia, para poder identificar a quienes, por sus actos, han sido calificados como judíos nazis, remitimos al lector al politólogo judío estadounidense Norman G. Finkelstein para una consideración profunda y documentada de la política israelí .
Entre los antecedentes de los actuales judíos nazis es inevitable citar a Vladimir Zeev Jabotinsky, nacido en Odesa en 1880, adoptó su segundo nombre Zeev (lobo) cuando se radicó en Palestina. En cierto sentido era su sobrenombre de guerra, que tal vez por pura coincidencia era igual al sobrenombre preferido de Hitler (Wolf).
Jabotinsky fue un propagandista, escritor y combatiente intenso de ultra derecha. Se contó entre los fundadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Integró la organización paramilitar y terrorista Irgún. A principios de la década de 1920 hizo una alianza con Simón Petliura para oponerse a los bolcheviques. Petliura fue un político y militar ucraniano, nacionalista de ultra derecha, ferozmente anticomunista pero también antisemita.
Durante el gobierno de Petliura en Ucrania (1918-1919) sus tropas llevaron a cabo numerosos pogromos contra los pobladores judíos (se estima que llegaron a cometer unos 200.000 asesinatos). Petliura consideraba que esas atrocidades eran actos de venganza porque los judíos habrían apoyado a los bolcheviques y ascendió a los responsables de esas matanzas. Cuando se supo que Jabotinsky había hecho alianza con Petliura fue abandonado por muchos de sus seguidores.
En 1923, para oponerse al sionismo laborista creó la Nueva Organización Sionista y el movimiento juvenil Betar. En 1932 celebró el Congreso Sionista Revisionista en Milán porque había establecido una alianza, esta vez, con la Italia fascista. En ese congreso, Jabotinsky proclamó como objetivo la creación del Imperio Judío, el Eretz Israel, que abarcaría Palestina, Transjordania, Egipto hasta incluir el canal de Suez e Irak. En 1934, con el apoyo de Mussolini estableció la Academia Militar Judía en Civitavecchia. A partir de 1936, cuando Italia cerró filas con el Tercer Reich, Jabotinsky empezó a alejarse del Duce.
Jabotinsky murió en 1940 en un campamento de Betar cerca de Nueva York. A pesar de la importancia de la colectividad judía en Estados Unidos no trató de extender allí la influencia de su sionismo revisionista porque se dice que le repugnaba el racismo de los blancos estadounidenses y comparaba el linchamiento de los afroamericanos con los pogromos que sufrían los judíos en Europa.

David Ben Gurión, contemporáneo de Jabotinsky, sionista laborista que fue el Primer Ministro de Israel en 1948, llamaba a Jabotinsky “Vladimir Hitler”. Por su parte, otro contemporáneo, el rabino estadounidense progresista Stephen Samuel Wise decía que Jabotinsky construía un movimiento fascista.
Indudablemente Jabotinsky fue un rancio derechista, anti izquierdista y nacionalista chovinista pero sus actos que pueden encuadrarse como fascistas no llegaron a configurar una afinidad con el nazismo. Los nazis, a su vez, consideraban a los sionistas de derecha como fascistas judíos y “muchachos que jugaban con esvásticas y lucían un uniforme con camisa marrón”, como ellos.
Jabotinsky promovía la creación del Estado de Israel por la fuerza de las armas y estaba convencido de que su país debía ser una nación militarista y contar con el respaldo de un potencia europea. No preconizaba la expulsión de los árabes pero si la segregación “detrás de una pared de hierro”. En todo caso, la visión que Jabotinsky tenía de lo que debería ser el Estado judío se parece al Israel actual.
Su derechismo es una huella que conduce hasta Menachem Begin y desde este hasta Netanyahu (el padre de Netanyahu fue secretario personal de Jabotinsky). Zeev es el padre ideológico del Likud, lo que pasa que es que las generaciones actuales lo han sobrepasado y ahora comparado con los fanáticos religiosos y los ultras belicistas, su orgía de odio y violencia hace aparecer a Jabotinsky como un moderado.

Kahane, el nazi judío
El 5 de noviembre de 1990, Meir Kahane un rabino ortodoxo nacido en Brooklyn, Estados Unidos, que se había transformado en el político israelí de extrema derecha, salía de un hotel en Manhattan donde había dado una conferencia y fue baleado por un pistolero estadounidense de origen egipcio. Avraham Burg, un parlamentario laborista israelí dijo que Kahane tenía la concepción de que había que matar a sus oponentes y murió a manos de otro que tenía esa misma concepción .
Kahane tenía un pasado tormentoso y criminal en los Estados Unidos. En 1968 fundó la Jewish Defense League, que se presentaba como una organización paramilitar con el objetivo de combatir a los “Panteras Negras” y otras organizaciones afroamericanas que consideraban antisemitas. Se dedicaron a cometer atentados con bombas contra instituciones y personas y fueron perseguidos como organización terrorista.
Los dirigentes de las organizaciones de la colectividad judía estadounidense consideraban a Kahane y los suyos como una banda de matones y vándalos. En julio de 1971 fue condenado por violar la Ley de Armas de Fuego a cinco años de libertad condicional y por esa razón se fue a Israel con toda su familia.
Desde su llegada, Kahane se dedicó a promover una chocante mezcla de violencia, nacionalismo racista, exterminacionismo y apocalíptico fundamentalismo religioso. Sostenía que la violencia era un valor del judaismo y un mandato divino. Reclamaba la expulsión de los palestinos de todos los territorios bajo control israelí y el partido político que fundó, el Kach, se basaba en su ideología nacionalista ortodoxa (desde entonces conocida como kahanismo) que pugnaba por restaurar el Reino Bíblico de Israel, la implantación de la halajá como la única ley del Eretz Israel, la destrucción de la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén.
En 1984 consiguió ocupar un puesto en el parlamento, la Knéset, y desde allí reclamó la prohibición de matrimonios entre judíos y árabes y la criminalización de las relaciones sexuales entre judíos y no judíos. También propuso que se considerara ilegal el insultar al judaísmo, que la observación del Sabbath fuera obligatoria y que todas las instituciones educativas y públicas, incluyendo las playas, fueran segregadas de forma étnico-religiosa.
En 1988 su partido fue prohibido por su propaganda racista y aunque su prédica exaltada le había proporcionado cierta notoriedad y algunos seguidores fanáticos se encontraba arrinconado en el panorama político. Cuando fue asesinado el Kach estaba al borde del colapso, con graves problemas económicos, observado por las autoridades y aparentemente condenado a desaparecer.
Sin embargo, el kahanismo no murió. Durante unas cuantas décadas, el sistema político israelí había establecido una barrera sanitaria para mantener al margen a los partidos o grupos kahanistas del parlamento y el diálogo político pero a fines de la década del 2010 esa barrera resultó perforada. Como resultado de sucesivas guerras en Gaza, veteranos militantes kahanistas con frondosos prontuarios criminales empezaron a aparecer en televisión.
Las expresiones de racismo vulgar que en una época habían sido tabú empezaron a aparecer con frecuencia en los medios. El apoyo a la expulsión de los palestinos dejó de ser un tema marginal y se transformó en tópico del debate político. En el año 2022, Benjamin Netanyahu formó una coalición de gobierno con partidos cuya participación se había considerado peligrosa hasta ese entonces.

Itamar Ben-Gvir, un agitador kahanista de vieja data y criminal condenado se convirtió nada menos que en el Ministro de Seguridad Nacional, responsable de la policía. Más adelante volveremos a encontrarlo.
Desde el 7 de octubre del 2023, el kahanismo es la modalidad desarrollada para la deshumanización de los palestinos, la concepción acerca de la superioridad de la vida de los judíos sobre todas las otras y por ende la ideología que habilita la limpieza étnica.
El Likud, el partido de Netanyahu, ha sufrido un proceso de kahanización casi total y ni que hablar de los grupos de colonos ultraderechistas. En enero de este año, el veterano periodista Gideon Levy, escribió en Haaretz que los acontecimientos posteriores al siete de octubre son la “primera guerra kahanista”. Todo se ha hecho para satisfacer a la extrema derecha fascista, racista y partidaria del desplazamiento de poblaciones. Joshua Leifer dice que en el último año y medio a menudo parece que el fantasma maligno y vengativo de Kahane hubiera sido convocado para borrar a Gaza del mapa.
Como no es un tema de etiquetas puede decirse con propiedad que Kahane fue un judío nazi. Pero también hay que señalar que sin los Estados Unidos no habría kahanismo porque el mismo Kahane trasplantó el racismo, la intolerancia y la violencia del país donde nació al Medio Oriente. Un racismo que no era desconocido en Israel pero al que Kahane le dio una formulación explosiva y virulenta. Encabezó marchas de odio y provocación por pueblos palestinos y barrios de Jerusalén Oriental, atacando comercios, golpeando y amenazando a las personas, coreando “muerte a los árabes”, al mejor estilo de los pogromos y de la noche de los cristales rotos.
Kahane preparó atentados para volar mezquitas tratando de desatar una guerra religiosa. La limpieza étnica era un mandato religioso: la presencia de no judíos – alegaba – degradaba la Tierra Santa y retrasaba la Redención. Además esgrimía las razones “demográficas” los árabes iban a superar a los judíos y por esa razón la democracia no servía para Israel.
Kahane desarrolló varias campañas políticas en la década de los 70 y no tuvo éxito electoral pero consiguió algún apoyo en las calles. Comprendió el potencial explosivo de la transgresión y el potencial revolucionario de las divisiones sociales internas en Israel.
Para los políticos israelíes de entonces, Kahane aparecía como un maligno trasplante extranjero, con su hebreo de acento neoyorkino y su tartamudeo, pero él se dio cuenta que ser un outsider era una ventaja política al transformarse en el dirigente de lo que sería el primer movimiento de protesta de extrema derecha.
Cuando recorría los pueblos pobres y ciudades periféricas, se presentaba como el vocero de los israelíes olvidados: los trabajadores descendientes de los judíos provenientes del Oriente y del Norte de África, los inmigrantes rusos y los ultra ortodoxos empobrecidos, todos castigados por el neoliberalismo y desilusionados de la democracia israelí.
Además agitaba un relato, entonces incipiente pero hoy ampliamente aceptado, en el sentido de que la elite de judíos ashkenazi (europeos) no religiosos, había traicionado a los auténticos judíos del país para apaciguar a los árabes y también al judaísmo. Salvadas las distancias un mantra repetido como el de “la casta” que usó Javier Milei en la Argentina.
Como antecedente, en la República de Weimar, el mito de “la puñalada por la espalda” – el ejército alemán no había sido derrotado durante la Primera Guerra Mundial sino que había sido traicionado en la retaguardia por los políticos de izquierda – fue un ingrediente fundamental para preservar al agresivo militarismo alemán y para preparar el clima que permitiría el desarrollo del nazismo.
En Israel, la teología radical de la venganza de Kahane jugó el mismo papel para la proliferación de los judíos nazis. Para el rabino agitador la venganza – nekama en hebreo – significaba, al mismo tiempo, una concepción del mundo, una consigna terrorista, una estrategia política y un mandato religioso.
El partido de Kahane obtuvo casi 26.000 votos en las elecciones de 1984 que le bastaron para conseguir una banca en el parlamento que él ocupó. En ese entonces tenía detractores y apoyos. El Presidente de Israel de aquel entonces, Chaim Herzog, dijo que era una desgracia que en el Estado judío hubiera alguien que presentaba un programa muy similar a las leyes racistas de Nuremberg que establecieron los nazis.
Naturalmente el kahanismo no había surgido de la nada sino que era fruto del sionismo revisionista (ultra derechista) de Jabotinsky y de la violencia racista y anticomunista en los Estados Unidos de la Guerra Fría. Precisamente, recién llegado desde Nueva York, Kahane había arremetido contra los judíos negros (pequeñas comunidades de judíos etíopes que habían sido acogidas por los patriarcas religiosos israelíes) pero rápidamente se dio cuenta que su odio contra los negros no era rentable en Israel y enfocó su campaña contra los árabes y los drusos.
Además, Menachem Begin y Yitzhak Samir, que había sucedido a Begin como dirigente del Likud, alentaron a Kahane. Begin le ofreció un puesto en las listas de su partido pero el rabino agitador lo rechazó. En su impulso mesiánico (otra similitud con Hitler) no quería ser un subordinado sino que aspiraba al papel de jefe máximo.

Hace 40 años, un grupo de intelectuales israelíes, encabezados por el teólogo izquierdista Aviezer Ravitsky, analizó los riesgos que Kahane representaba para el país e hizo sugerencias respecto a las medidas a tomar (A.Ravitsky <1986>“The Roots of Kahanism: Consciousness and Political Reality”. Universidad Hebrea de Jerusalén). En la actualidad ese trabajo parece una sombría y terrible premonición.
Yehuda Bauer, el célebre historiador del holocausto, sostenía que “el kahanismo, el cielo no lo quiera, parece ser la punta de un iceberg muy grande que amenaza a nuestra sociedad”. Ravitsky, por su parte, señalaba que el kahanismo, a diferencia de otras ideologías extremistas que habían arraigado en Israel, era mucho más peligroso porque todas las barreras que contenían al odio y la violencia, incluso entre israelíes, habían sido superadas porque un demagogo carismático había propuesto abiertamente un genocidio redentor contra los palestinos y una guerra civil entre judíos para purgar a los herejes, los humanistas, los izquierdistas y los que simpatizaban con los árabes.
Un antiguo jefe de los servicios de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) advertía que que el kahanismo era un fenómeno que se había desarrollado a partir de la ocupación de la Ribera Occidental y de Gaza desde la guerra de 1967 porque sin esta ocupación no habría ganado adeptos.
En su estilo maníaco, Kahane difundía lo que, en su momento ningún político israelí, de izquierda o de derecha, estaba preparado para admitir: que Israel no podría mantener el control sobre millones de palestinos en los territorios ocupados sin poner en riesgo la mayoría judía y el carácter democrático de su Estado. Para los extremistas israelíes que no aceptaban la devolución de los territorios ocupados la única solución era la limpieza étnica, la expulsión de los palestinos.
En lo que los observadores consideraron una reacción natural en un sistema político sano, los partidos de izquierda, de centro y de derecha, se pusieron de acuerdo en 1985 para adoptar una modificación en la ley básica (esa especie de constitución de Israel) mediante la cual se prohibía a cualquier partido o político que apoyara al terrorismo violento contra el Estado, incitara al racismo o rechazara la existencia de Israel como un Estado judío democrático.
En aquella época era un tópico corriente la necesidad de proteger al sistema democrático de las fuerzas extremistas que pudieran aprovechar las libertades del mismo para subvertirlo. Además de prohibir al Kach, que no pudo presentarse a las elecciones de 1988, se desarrollaron cursos sobre valores democráticos en las escuelas, en las FDI y se tomaron medidas para bloquear las propuestas de Kahane. Este no tenía espacios en la TV y radio oficiales y cuando tomaba la palabra en la Knéset todos los parlamentarios abandonaban la sala y lo dejaban solo (incluyendo a los extremistas de derecha como Shamir que era el líder del Likud).
Kahane decía que la democracia y el judaísmo eran incompatibles y acusaba a sus detractores de fascistas porque la policía le impedía, a pesar de su inmunidad parlamentaria, hacer sus incursiones provocadoras y de incitación a la violencia en barrios palestinos.
Esta “barrera sanitaria” operó porque era políticamente conveniente para la derecha. El Likud sabía que Kahane era capaz de sustraerle partidarios de sus bases porque como señalaban los observadores era llevar a su extremo lógico lo que era la sabiduría corriente a partir de Begin.
Kahane nunca se recuperó de la prohibición de su partido y de hecho, desde 1988 hasta su muerte dos años después, lo que hizo fue radicalizar aún más su propuesta. Para que Israel fuera un verdadero Estado judío proponía reemplazar el parlamento por un rey mandatado por la Torá y un Sanhedrín o suprema corte rabínica. En sus últimos meses de vida adhirió a un movimiento separatista de extrema derecha que planteaba establecer el Estado Independiente de Judea en la Ribera Occidental.

Desde la muerte de Kahane sus seguidores se dedicaron a la oposición más violenta contra los acuerdos de paz con los palestinos. Se retiraron a los asentamientos o colonias ultra radicales de Kiryat Arba, cerca de Hebrón, y a Kfar Tapuach, en el norte de los territorios ocupados, encabezados por su hijo Binyamin Ze’ev Kahane. Desde esos enclaves, los kahanistas se dedicaron a promover la violencia política mediante atentados terroristas y provocaciones.
El 25 de febrero de 1994, el médico Baruch Goldstein, un kahanista nacido en Brooklyn y establecido en Kiryat Arba, causó la masacre de Hebrón al entrar en una mezquita y asesinar con su fusil de asalto a 29 palestinos de los que oraban en la mezquita de Ibrahim y dejar más de cien heridos. Goldstein fue muerto a golpes por los atacados. Dos meses después el grupo islamista palestino Hamás lanzó el primer ataque suicida contra civiles israelíes en una ciudad de Israel, Afula, en venganza por la masacre de Hebrón . En años anteriores ya había efectuado atentados terroristas suicidas en la Ribera Occidental.
La masacre provocada por Goldstein llevó al gobierno de Rabin a prohibir el accionar del Kach y del Kahane Chai. El mismo día del atentado terrorista perpetrado por Goldstein, un estudiante de derecho de 25 años, Yigal Amir, que estaba haciendo estudios talmúdicos en la Universidad Bar-Ilan, concibió la idea de asesinar al Primer Ministro. El 4 de noviembre de 1995 mató de dos disparos a Rabin en el centro de Tel Aviv cuando este se retiraba después de celebrar un acto multitudinario promoviendo la paz en Medio Oriente.
Según Joshua Leifer, los discípulos de Kahane llevaron a cabo otros devastadores actos de terrorismo en las dos décadas siguientes pero señala que en la medida en que la extrema derecha floreció a principios de los 2000, alimentada por la violencia de la Segunda Intifada, no actuaron solos.
De hecho, como consecuencia de la retirada unilateral de la Franja de Gaza, ocupada militarmente desde 1967, surgió una nueva generación de fanáticos colonos sionistas religiosos que se radicalizaron. Mientras que la generación de sus padres había procurado que el Estado protegiera y asegurara los asentamientos judíos en los territorios ocupados, esta nueva generación se había vuelto contra el Estado porque consideraba que la retirada de Gaza era una traición imperdonable.
La tendencia principal del sionismo religioso ultra derechista tradicionalmente había apoyado las acciones violentas como un medio para alcanzar un fin pero los colonos radicalizados asumieron el terrorismo como un fin en si mismo. Eran los llamados Jóvenes de las Colinas, mucho más numerosos que los kahanistas, que no solamente dirigieron sus acciones violentas contra los palestinos sino contra otros judíos.
Juventud como la de los nazis
Los Jóvenes de las Colinas se manejan como fanáticos religiosos sionistas que teóricamente se dedican al cultivo de la tierra (agricultura orgánica), a la construcción y al estudio de la Torá. Son alentados por varios rabinos prominentes y el resultado es una mezcla de desconfianza hacia el gobierno israelí y la intención de restablecer el Reino de Israel como en la antigüedad por medios violentos y criminales.
Son participantes regulares de acciones vandálicas violentas contra las escuelas y mezquitas palestinas. Realizan ocupaciones ilegales de tierras y atacan a los campesinos palestinos. Roban y matan los animales domésticos, roban las cosechas y destruyen los olivares. Esta última acción ha sido justificada por el rabino Mordejai Eliyahu: “la tierra en la que se plantan los árboles es la herencia del pueblo judío, así como el fruto de las plantes sembradas por los goyim en una tierra que no es de ellos”.

Este movimiento, promovido originalmente por Ariel Sharon a fines de la década de 1980, cuenta con un núcleo duro de activistas, que no son precisamente jóvenes, con el apoyo de los partidos de derecha y con un lobby rabínico que se mueve para liberarlos cuando son detenidos. Desde el 7 /10/2023 las acciones de estos grupos se han vuelto más violentes, mortíferas y frecuentes. Desde el punto de vista doctrinario no invocan a Kahane ni a otro alguno, el objetivo fundamental es una especie de revuelta contra cualquier autoridad que no sea la de su interpretación de la Torá.
Idan Yaron, sociólogo y antropólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que ha estudiado los movimientos ultra derechistas, compara a los Jóvenes de las Colinas con otros movimientos de resistencia similares, que aparentan ser espontáneos, sin líderes ostensibles y que operan como autoconvocados a través de las redes, con Al Qaeda.
Para identificar a un articulador de estos grupos terroristas hay que apuntar a Meir Ettinger, nacido en 1991 (el próximo 4 de octubre cumple 34 años). Desde su juventud, Ettinger ha estado promoviendo una revuelta destinada a destruir el Estado de Israel para sustituirlo por un Reino Bíblico del que todos los no judíos deben ser muertos o expulsados. Este joven nazi judío sigue en sus fantasías la tradición familiar puesto que es uno de los 37 nietos de Meir Kahane.
El gabinete de los judíos nazis
En la medida en que los israelíes se inclinaron hacia la derecha y Netanyahu transformó al Likud en un partido derechista autoritario, la ideología nazi se volvió normal. Es decir que el racismo chovinista, el supremacismo judío, la limpieza étnica, el genocidio y los crímenes de lesa humanidad se volvieron tolerables. Sus representantes que durante décadas se habían movido en la oscuridad ocuparon lugares destacados en el gobierno.
Yaron sostiene que la barrera sanitaria para mantener a los nazis alejados del poder comenzó a ser

perforada y uno de los mayores fallos se consumó cuando la Corte Suprema israelí, en el 2019, impidió que kahanistas como Benzi Gopstein y Baruch Marzel pudieran presentarse para ser electos para la Knéset pero le dieron via libre a Itamar Ben-Gvist y su lista de Poder Judío (Otsmá Yehudit).
Para apuntalar su coalición de gobierno, Netanyahu suscribió un acuerdo para acumular votos con Poder Judío (el pequeñísimo partido sionista ultraderechista religioso) que a duras penas reunía el 1% de los votos y no había llegado al parlamento. Sin embargo, en las cinco elecciones nacionales que tuvieron lugar entre el 2019 y el 2022, Poder Judío no consiguió los votos para acceder a la Knéset.
Para conseguir las curules que necesitaba para su gobierno de mayoría derechista, en el año 2022, Netanyahu convenció a Ben-Gvir, el líder de Poder Judío y a Bezalel Smotrich del Partido Sionista Religioso, un grupo extremista de los territorios ocupados, para formar un “bloque técnico” que juntaba votos para las elecciones y se separaba después para actuar en el parlamento.
La jugada dio resultado, la unión de Poder Judío y el Partido Sionista Religioso consiguió 14 lugares y se transformó en la tercera fuerza política de Israel. Ambos judíos nazis ocuparon cargos en el gabinete. Itamar Ben-Gvir como Ministro de Seguridad Pública y Bezalel Smotrich como Ministro de Finanzas.
Ben-Gvir nació en mayo de 1976 en un asentamiento a 10 kilómetros de Jerusalén. Es hijo de inmigrantes provenientes del Kurdistán iraquí y se formó en la Yeshivá (seminario) establecido por Kahane en el borde de Jerusalén Oriental. A diferencia de los seguidores más recientes de Kahane, Ben-Gvir parece haber leído los copiosos escritos de su maestro cuyos volúmenes exhibe en su residencia junto con los de comentarios del Talmud y la Torá.
El actual Ministro vive en el asentamiento ilegal que es bastión kahanista, Kiryat Arba, establecido en la década de 1970 junto a la ciudad palestina de Hebrón en territorio ocupado. Los colonos israelíes han mantenido un conflicto permanente con los palestinos, con atentados terroristas de parte y parte. El caso más resonante fue la masacre que perpetró Baruch Goldstein en 1994 en la mezquita de Ibrahim. Durante años Ben-Gvir mantuvo un retrato de Goldstein en la sala de su casa (lo bajó en el 2022).
Ben-Gvir quitó el retrato pero no ha abandonado sus ideas kahanistas respecto a los árabes pero en los últimos tiempos se ha presentado como alguien más conciliador con los judíos que no comparten sus ideas. Hace años era un homófobo virulento pero esa faceta también la ha amortiguado. Durante la campaña electoral del 2022, cuando en los actos sus partidarios coreaban su “muerte a los árabes” Ben-Gvir los exhortaba a corear “muerte a los terroristas” (sin perjuicio de que sus declaraciones indican que considera a todos los árabes como potenciales terroristas).
Al ocupar un cargo en el gabinete introdujo otros cambios cosméticos en sus posturas. Por ejemplo, ya no promueve la sustitución del actual Estado por un reino teocrático. Mientras Kahane promovía ese cambio en forma inmediata y por medios violentos, Ben-Gvir se preocupa por mejorar su imagen y su poder presentándose como hermano de todos los judíos. Sus planes políticos respecto a Gaza y Cisjordania promueven en cambio la expulsión de todos los palestinos y la anexión definitiva de sus tierras.
El otro personaje que acompaña a Netanyahu es Bezalel Yoel Smotrich, nacido en febrero de 1980 en los Altos del Golán ocupados por Israel. Se crió en un asentamiento ilegal en Palestina y vive allí cerca de Nablús. Es el principal líder de su Partido Sionista Religioso de extrema derecha que propone la anexión definitiva de las tierras ocupadas por Israel y la expulsión de todos los palestinos. Desde luego es un fanático religioso y homofóbico militante.
El 10 de junio de este año, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega sancionaron a Ben-Gvir y a Smotrich por incitar a la violencia y por abusar de los derechos humanos de los palestinos con una congelación de sus activos en esos países y con prohibición de ingresar a los mismos. El 29 de julio pasado el gobierno de los Países Bajos se sumó a la sanción a los dos ministros nazis.
Esta tardía sanción refleja la trascendencia que han tenido las acciones de ambos hombres desde hace años. En febrero del 2022, La Junta de Diputados de los Judíos Británicos (la principal organización de la colectividad judía que data de 1760) les mandó un mensaje rechazando su presencia y diciéndoles que regresaran por donde habían venido.
El record de Smotrich es especialmente llamativo. En julio del 2015 promovió en el parlamento una norma para prohibir la venta de viviendas a los árabes. También propuso la prohibición de los matrimonios mixtos y del matrimonio igualitario. A los diputados árabes de la Knéset les dijo que el error de Ben Gurión era no haberlos expulsado a todos en 1948. Calificó a los desfiles del “orgullo gay” como abominaciones y “desfile de bestias”. Promovió la segregación racial en las salas de maternidad de los hospitales. Estableció que terrorismo es solamente la violencia llevada a cabo por los enemigos contra los judíos, mientras que la de estos está plenamente justificada. En noviembre de 2023 impulsó la creación de “zonas tapón” para impedir que los árabes accediesen a sus tierras para la cosecha de las aceitunas. Finalmente en las últimas semanas ha declarado que el bloqueo de la ayuda humanitaria a Gaza por las fuerzas israelíes está moralmente justificado incluso si provoca la muerte por hambre de dos millones de personas.
Con más poder que nunca antes en manos de la extrema derecha nazi en Israel las medidas más terribles pueden tener lugar. Claramente desde marzo de este año, cuando Netanyahu rompió unilateralmente la tregua que preveía el intercambio de rehenes por presos palestinos, quedó claro que el rescate de los secuestrados por Hamás el 7/10/2023 ha sido completamente desechado por el gobierno israelí.
En los meses que siguieron al ataque de Hamás, los kahanistas y los colonos extremistas vieron una oportunidad porque en las creencias delirantes de los fanáticos religiosos el requisito para el advenimiento del Mesías es precisamente una guerra apocalíptica que debe purificar a la Tierra de Israel de la presencia de no judíos. En julio de 2024, un parlamentario del Partido Sionista Religioso dijo que los días de guerra eran como un periodo milagroso para cumplir la orden divina de conquistar la totalidad del Eretz Israel y tal vez para librar la guerra que terminaría con todas las guerras. Por eso el gobierno israelí no tiene interés alguno en la paz sino en la continuación de la guerra.
Los planes de “transferencia de poblaciónes”, es decir de la limpieza étnica total están a la orden del día. Pocos días después del ataque de Hamás del 7/10, los servicios de inteligencia de Israel prepararon un informe que recomendaba expulsar a la población de Gaza hacia el desierto de Sinaí.
Después de que Trump expusiera su plan para hacer de Gaza un balneario desplazando a los dos millones de residentes, el gobierno de Netanyahu transformó la limpieza étnica (transferencia poblacional) en su política oficial. Medios estadounidenses señalaron que Estados Unidos e Israel habían mantenido contactos con Sudán y Somalía en busca de potenciales destinos para los palestinos a expulsar de Gaza.

En las profundidades de la derecha israelí aparecieron fantasías de exterminio aún más violentas. Nissim Vaturi, un parlamentario del Likud – Vicepresidente del parlamento – dijo en una entrevista en la radio Kol Ba Rama que Gaza debía ser quemada, que las tropas israelíes debían separar a las mujeres y los niños y eliminar a los hombres adultos. Agregó “estamos siendo muy considerados”.
También se refirió a Cisjordania y afirmó que la ciudad ocupada de Jenin “pronto se convertirá en Gaza”. Además sugirió que los presos palestinos liberados como parte de la tregua para intercambio por rehenes deberían ser trasladados a Jenin para ser “eliminados más adelante”. Borren Jenin sugirió Vaturi “no pierdan tiempo buscando terroristas. Si hay uno en un edificio destrúyanlo con él adentro”.
Un testigo excepcional como el mismo Joshua Leifer ha referido una escena que presenció hace unos meses durante un acto de colonos derechistas radicales que se estaban preparando un retorno inminente para ocupar Gaza. En el estacionamiento de la estación ferroviaria Sderot, cerca de la frontera gazatí, una multitud de estudiantes religiosos ondeaban banderas con la leyenda “Gaza es nuestra para siempre” y cantaban Zochreini Na, una canción del músico kahanista Dov Shurin que se ha convertido en un himno de la extrema derecha israelí .
La letra de la canción proviene de un versículo del Libro de los Jueces (16:28) que relata como el héroe bíblico Sansón, antes de su muerte, le ruega a Dios “ ¡Yahveh!, te lo suplico, acuérdate de mí. Dame fuerzas sólo una vez más, y de un solo golpe me vengaré de todos los filisteos”. Haciendo fuerza sobre las columnas, añadió: “Muera yo con los filisteos”. En la tradición habitual del kahanismo los filisteos son sustituidos con los palestinos.
Leifer dice que, en su fervor, los manifestantes se olvidaron (o tal vez eliminaron a propósito) el final del relato. Sansón, el héroe, derribó el Templo de Dagón aplastando a los filisteos que estaban allí ofreciendo un sacrificio pero también pereció aplastado. Este Terminator bíblico mató a más personas al morir que las que había matado durante toda su vida pero su acto fue un suicidio. Un suicidio muy parecido al del bunker en Berlín.
- Aunque los términos tienen significados algo diferentes y supremacismo es el de uso más La determinación de la cantidad de muertes que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial sigue siendo materia de estimaciones, muchas veces imprecisas, por parte de los expertos. Una cifra tentativa refiere a 100 millones de muertos, la mayoría de los cuales civiles, es decir personas no combatientes. Existe coincidencia en que la Unión Soviética fue la nación que sufrió la mayor cantidad de muertes (más de 25 millones). Polonia perdió un 20% de la población que tenía en 1939 (unos 6 millones) incluyendo los millones de sus ciudadanos judíos asesinados en los campos de exterminio. Alemania perdió entre 4 y 10 millones de vidas entre militares y civiles. Hay cifras tramposamente no contabilizadas como los dos millones de muertos provocados por la hambruna que se produjo en Bengala a causa de la guerra. Japón tuvo más de 2 millones de muertos y un millón cuatrocientos mil desaparecidos. Las víctimas judías del holocausto han sido cifradas en seis millones pero también fueron eliminados la casi totalidad de los gitanos europeos y millones de prisioneros de guerra. Hungría perdió 750.000 vidas muchas de ellas judías. Italia y Francia tuvieron unos 600.000 muertos cada una, Inglaterra 450.000. En África murió medio millón de personas. En todos los países europeos, en Asia y Oceanía hubo cientos o decenas de miles de muertos. China sufrió una pérdida de vidas difícil de estimar pero se considera superior a los 12 millones debido a la larga y mortífera invasión japonesa. En la India murieron 87.000 soldados y 3 millones de civiles. Estados Unidos tuvo menos de 300.000 muertos. En general hubo muchos millones de desaparecidos y los heridos y mutilados se estiman en más de 35 millones.2) reciente, aunque se remonta al “racismo científico” del siglo XVII, los utilizaremos corrientemente en conjunto como ingredientes del fascismo y el nazismo del siglo pasado o de la actualidad. En tal sentido el supremacismo es la ideología que afirma el predominio de un sector social sobre el resto, generalmente por razones de raza, sexo, origen o nacionalidad.
3)Ross, Alex (2018) “How American Racism Influenced Hitler. Scholars are mapping the international precursors of Nazism”. New Yorker, 30/4/2018. Estados Unidos. Asequible en: https://www-newyorker-com.translate.goog/magazine/2018/04/30/how-american-racism-influenced-hitler?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
4) La teoría eugenésica nazi se desarrolló a partir de dos precursores principales: el británico Francis Galton y el francés Joseph-Arthur de Gobineau. Desde fines del siglo XIX y principios del XX los alemanes consideraron que el progreso de su nación podía ser impulsado mejorando al pueblo a través de un control gubernamental de la reproducción humana. En 1904, los biólogos y eugenistas alemanes crearon en Berlín la Sociedad de Higiene Racial. Ya en 1899, un inglés que admiraba a Alemania, Houston Stewart Chamberlain, había publicado su libro “Los fundamentos del siglo XIX” que sostenía que todos los avances de la civilización europea se debían a los alemanes, miembros de una raza aria saludable y muy capaz. Como opuestos a los alemanes ubicaba a los judíos que, según Chamberlain, eran el producto de impuro de mestizajes en poblaciones del Medio Oriente.
5)Un historiador y periodista estadounidense, Henry Wiencek, que se ha dedicado a estudiar a los Padres de la Patria norteamericanos, señaló que Jefferson había tratado de proteger su prestigio como fundador de la nación ocultando su esclavismo. Wiencek decía que las respuestas ambiguas que Jefferson les daba a los abolicionistas eran para que se le considerara como un opositor a la esclavitud. Sin embargo, a pesar del gran poder político que tuvo no hizo nada para aliviar los sufrimientos de los esclavos a lo largo de su larga carrera como diplomático, secretario de Estado, vicepresidente y dos veces Presidente electo de su país.
6) Cfr. Jahoda, Gloria (1995) The Trail of Tears. The Story of American Indian Removals 1813-1855. Wings Books, Nueva York. (para la primera mitad del siglo XIX).
Cfr. Fast, Howard (1954) La última frontera, Siglo XX, Bs.As. Esta novela históricamente rigurosa expone la decisión de los 300 cheyennes que, en 1878, decidieron abandonar la reserva desértica en que estaban recluidos en Oklahoma, sometidos a hambruna y enfermedades, para dirigirse al Canadá. Eludieron y enfrentaron a todo el ejército estadounidense movilizado para detenerlos y consiguieron su objetivo.
El 29 de diciembre de 1890, los 500 hombres del 7º de Caballería perpetraron la masacre de Wounded Knee contra la tribu Lakota (en el tiroteo los cañones y los fusileros abatieron a 120 hombres, la mayoría ancianos, y a 230 mujeres y niños, además de 25 de sus soldados). Los militares que mataron más indígenas fueron premiados con la Medalla de Honor del Congreso. La última masacre de las Guerras Indias tuvo lugar en febrero de 1911 en Nevada cuando exterminaron a los shoshones.
7) No era contradictorio que los nazis usaran como propaganda una vieja visión romántica de los nativos norteamericanos, de modo que uno de los esquemas de Goebbels incluía conferirle el estatus de “arios honorarios” a las tribus de pieles rojas con la esperanza de que desenterraran el hacha de guerra para levantarse contra sus opresores.
8) Finkelstein, Norman G. (2015) Imagen y realidad del conflicto palestino-israelí. Akal, Madrid.
Finkelstein, Norman G. (2000) La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. Akal, Madrid.
Finkelstein, Norman G. (2019) Gaza. Una investigación sobre su martirio. Siglo XXI, Madrid.
Finkelstein, Norman G.(2008) Beyond Chutzpah. On the Misuse of Anti-Semitism and the Abuse of History. Univ. Of California Press. Oakland.
9) Leifer, Joshua (2025) “Kahane’s ghost: how a long-dead extremist rabbi continues to haunt Israel’s politics”. The Guardian, 20/3/2025; Londres. Asequible en: https://www.theguardian.com/news/2025/mar/20/meir-kahane-israel-kach-ben-gvir-long-dead-extremist
10) Según el general israelí Yitzhak Segev, Hamás fue ayudado por Israel, de quien recibió un apoyo activo, para luchar contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) al estilo de lo que hizo Estados Unidos con Osama Bin Laden y los talibanes para luchar contra la Unión Soviética. Se trataba y se trata de un movimiento de inspiración religiosa cuyo fanatismo derechista debía ser usado contra la OLP de carácter secular.
11) Dov Shurin es un veterano propagandista, guitarrista y cantautor ultra derechista (nació en Brooklyn en 1949 y tiene 76 años). En apariciones mediáticas se ha presentado con una biblia en una mano y una metralleta en la otra.
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.