Réquiem

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Durante la tormenta de Fin de Año, mientras intentaba restablecer el servicio eléctrico reparando un cable averiado, el obrero de UTE Jorge Donno cayó de la escalera sufriendo fracturas que ocasionaron su deceso a poco de ingresar al Sanatorio del Banco de Seguros del Estado.

Estaba afectado a la sección que se ocupa del mantenimiento de la red de tendido eléctrico y su trabajo implicaba, justamente, que saliera a reparar los cortes en los cables, ya fuese en tiempo calmo o, como era lo más frecuente, cuando una tormenta ocasionaba la interrupción.

AUTE, su sindicato realizó un paro pero, atento a lo vital de su servicio, mantuvo guardias gremiales “para no dejar a la gente tirada” según expresara textualmente su vocero.

Aquí termina la escueta información que la opinión pública ha recibido al respecto. Creo, pese a no estar seguro, que por algún medio se informó que tenía alrededor de cuarenta años y contaba con varios de experiencia en su función.

Tuvo mucho más cobertura de prensa el fallecimiento de Timmerman, ex Canciller argentino que el accidente fatal.

Por supuesto, no pretendo que la noticia compita con las que tienen que ver con los pases y renovaciones del mundo del futbol.

¿A quién se le puede ocurrir semejante pretensión?

Nadie, por lo menos, nadie cuya información llegue al común de la gente, nadie, repito, informó si el obrero tenía o no familia y con serenidad el Sindicato no se pronunció acerca de si se habían cumplido con todas las normas de seguridad o no ya que es una cuestión a averiguar.

El hecho es que un obrero, afectado a una tarea de riesgo que se acentúa cuando se cumple en medio de una tormenta, sufrió un accidente en cumplimiento de su deber. Un accidente cuyas probabilidades eran mayores que el promedio ya que su deber implicaba trabajar en altura, con corriente eléctrica y en medio de tormentas.

Sean estas de la intensidad que sean. Si fue o no avisada diez minutos antes de que se desencadenara o una hora antes se ha debatido culpando al INDUMET por lo tardío del aviso pese a que se sabe que este tipo de eventos se generan con pocos indicios previos y de que sucedió a las tres de la mañana.

Se ha dedicado más espacio a eso, a la cantidad de árboles caídos y a una voladura de techo que a esta muerte.

Por supuesto, el que el temporal haya volado dos o tres chapas de la fachada del Antel Arena mereció hasta foto.

No sé si las autoridades del Ente o si alguien del gobierno dijo algo. Realmente, es una desgracia perder la vida en un accidente de trabajo justo antes de Primero de Año.

Tampoco dijo algo el  Comandante en Jefe del Ejército, que se ha adjudicado por si, y ante sí, para las Fuerzas Armadas la exclusividad del “Servicio Heroico” a la población cuando fenómenos naturales la afectan.

Personalmente no es la primera vez que reclamo contra esa exclusividad que parecería que es la principal razón de la existencia del Instituto Armado.

Prestar auxilio a los damnificados de las inundaciones cuando estas afectan a población civil.

Con la complaciente complicidad de la prensa grande y nuestra inocente indiferencia, muestran, cada vez que ocurre alguna desgracia, a soldados cargando gente, muebles y perros en camiones. Que, por lo general son de las Intendencias, así como son municipales quienes primero llegan ya que son los primeros afectados a las tareas de auxilio en las emergencias.

Y quienes, luego, limpian el barro y reparten hipoclorito.

Así como el reparto de humeantes platos de guiso opaca el sacrificio y el riesgo de los trabajadores de UTE que se afanan por reparar las redes.

Poco se habla de otra cosa que no sea la sacrificada labor de los militares que nadie niega, pero que no los convierte por ello, en los propietarios monopólicos del servicio a la población.

Y del heroísmo.

No tenemos a la vista ninguna participación en conflicto armado alguno y nuestras “misiones de Paz” no implican ni entrar en combate, ni ser absolutamente imprescindibles para el mundo.

En fin, no es mi intención discutir aquí y ahora la necesidad de contar con una organización militar como la que tenemos.

¡Es lo que hay! Y su adecuación a las reales necesidades de nuestro país necesitaría de un clima de tolerante debate en búsqueda de consensos.

Sí es mi propósito llamar a la ponderación en la hora de adjudicarse honores y deberes.

El  Honor de un Instituto Armado, primero y antes que nada, es respetar las instituciones y recordar que las armas que poseen no están para conculcar al Poder Civil.

¡Cuidado con entusiasmarse con finalidades auto adjudicadas al margen del orden constitucional!

No son, nunca han sido y toda otra interpretación es un exceso peligroso, no son, repito, los custodios de los “valores nacionales” entendiendo estos como una especie de mandato intemporal y únicamente interpretado por quienes visten uniforme.

Nada está por encima de la soberanía popular. Y esta se expresa en las ocasiones y de la manera en que la Constitución lo indica.

Respetar al Poder Civil, emanado de la única fuente de legitimidad, que son las urnas, es su deber.

Ese es el principal Honor de un Instituto Armado y su única fuente de legitimidad.

Por cierto, sin casa, comida y ropa, los civiles que trabajan por el Salario Mínimo han pasado a ganar $ 15.000,oo mensuales desde este primero de Enero.

Pero, quiero terminar con darle palos a nuestros uniformados que siguen demostrando su contumacia en el error de defender lo indefendible.

Y de provocar reacciones que agrandan la grieta que nos separa.

También quiero señalar,  en tono autocrítico, que   estamos un tanto lerdos en reaccionar solidariamente cuando un trabajador muere en cumplimiento de su deber.

Recién ahora tomo conocimiento de que, el Fiscal del caso, pidió procesamiento para los responsables por omisión de la muerte de dos compañeros de la estiba.

No estoy con esto, reclamando paros generales cada vez que sucede algo trágico, pero trato de recordar  aquello de que no es necesario preguntarse por quién doblan las campanas.  Siempre suenan por nosotros.

Ocupen el espacio que ocupen en los medios, el mundo del trabajo es “nuestro mundo” y si no lo sentimos así es que ya no somos tan solidarios y fraternos.

Lo digo desde mi vergüenza, no desde una cátedra de moral proletaria.


Por Eduardo Platero

1º de enero de 2019

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