Estimados amigos de La ONDA digital, ante todo quiero agradecer la excelente labor que realizan para difundir y acercar a mucha gente, los acontecimientos, entrevistas, reflexiones y análisis, que tanto ayudan a comprender mejor la peripecia que nos está tocando vivir.
El periodismo digital nos permite tomar contacto con la variada gama de medios audiovisuales, lo que aporta una mayor riqueza de matices al material que se
brinda en cada edición.
En particular, adquiere una notable relevancia, la publicación de conferencias y seminarios del mundo académico, hoy tan exigido de poner a disposición de la
opinión pública, los resultados de sus investigaciones en las distintas áreas de conocimiento.
El impacto de la prácticamente arrasada “normalidad” de la vida en sociedad, ha generado una enorme masa de información y de pronósticos, muchos de ellos, por
supuesto, teñidos de una tintura ideológica que no se borra con la pretendida objetividad de los autores.
Resulta entonces, cada vez más evidente, que una serie de temas supuestamente obsoletos, vuelven por sus fueros y nos interrogan, nos obligan a repensar si
realmente deben ser cosa del pasado, o por el contrario, demandan una actualización a la altura de la actuales circunstancias.
Así, el llamado Estado de bienestar, la cultura cívica, los valores humanistas, la solidaridad, el pluralismo, la tolerancia, los derechos humanos, y muchos más, se
instalan enfrentando aquella consigna “No hay alternativa”, proclamada por los precursores del neoliberalismo a finales del siglo XX.
En las relaciones internacionales, el aislacionismo, que pretendió aplicar la administración Trump, está en una situación comprometida, y los actuales dirigentes de Washington, deben estar considerando seriamente, hasta dónde puede ser beneficioso dejar de lado el multilateralismo, es decir toda la arquitectura del orden mundial surgida después de la Segunda Guerra Mundial.
Es hora entonces, de animarnos todos a practicar nuevamente un accionar colectivo, del más puro cuño republicano, para unir todo lo que nos está obligando a aprender lo que sucede cada día, con la búsqueda de conceptualización teórica, que haga posible alcanzar una praxis emancipatoria. Una actitud que, por favor,
arrincone el individualismo suicida, que florece estimulado por una cultura mediática poco propensa a elevar el punto de vista de la opinión pública.
Tal vez, y esta expresión tiene aspecto de haber sido muy utilizada en los últimos tiempos, hay que “aprender a aprender”, lo que supone un esfuerzo muy grande para eludir la catarata de información, de manipulación, de posturas que conducen a la polarización estéril, para abrirse paso con la necesaria dosis de racionalismo y capacidad para pensar hacia delante.
Para delinear las aristas de un proyecto siempre posible, de mejora de la calidad de vida en nuestro planeta, cansado de los abusos que padece en esta era, que un
científico denominó “antropoceno”, para referirse al impacto de los humanos en este mundo.
Finalmente, ante los inocultables ataques a la libertad de expresión, que por momentos huele a la chamuscada toga de los inquisidores medievales, adictos a incinerar a los que pensaban diferente, a los herejes, como Giordano Bruno Galileo Galilei, hoy más que nunca tenemos que defender la libre circulación de ideas, de propuestas, de diálogo civilizado, y no de la pestilencia de los bots, trolls y otros artificios creados para envenenar el clima social y deteriorar la convivencia democrática.
Por José Kechichián
Docente de la UdelaR
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