Carlos Gardel a 86 años de su muerte
SINOPSIS DEL ASESINATO EN EL CONGRESO GARDELIANO
Nuestra época ha tenido la manía de no querer mostrar a sus dioses en el Olimpo, sino en pantallas de cine y de televisión y su literatura ha acatado semejante capricho. Gardel y Marilyn, Bogart y Maradona, anduvieron confundidos con cientos de miles de otros humanos, mientras miles de millones los idolatraron.
“Así Gardel apareció mezclado con su supuesto padre Carlos Escayola, con su primer representante, José Razzano, con su definitivo, Armando Defino, o con los brutales asesinos que apuñalaron al investigador francés en el Congreso de Punta del Este.
Asesinos, en plural, porque el cuerpo de Roland Lagarze, sobre la mesa de trabajo donde sería redactada la ponencia final del grupo argentino-francés en el Club del Mar, mostraba su abdomen desviscerado por tantas puñaladas, que no las pudo dar un solo hombre en los apenas cinco minutos que transcurrieron entre las 9 menos diez en que el portero vio entrar al francés y las nueve menos 5” en que ingresaron los congresistas porteños Gorosito y Falco.
El periodista que La ONDA envió a investigar el asesinato
Si el francés que mataron en el Congreso era gardel, así, con minúscula, como adjetivo (mi nombre es el único entre todos los humanos y divinos que se usa como calificativo), entonces el periodista que La ONDA envió a investigar el asesinato, caerá en mi desgracia. Medellín, plomo y cenizas.
Porque Lagarze ostentaba suntuosidades jusqu’à satiété y Joselo, antes que mío, parece feligrés de San Francisco. El apartamento donde se alojó en Portezuelo para iniciar las investigaciones, es una mitad de la casa más austera de la zona.
Sin embargo, cuando regresó de una exhaustiva recorrida entre las lujosas mansiones del lugar, mientras ponía la cafetera sobre la hornalla de la cocina, campaneó mi retrato (el que hizo Antonio Vila en el 90, con papeles requecheados) y me comentó:
–Sabés, Mudo, que si me dieran a elegir para vivir una cualquiera de estas casas, me quedaría con N’en cap a mun la viola –que así se llama la que le han prestado.
Capaz que el gusto le viene, remotamente, del apellido, porque Olaskoaga, el original en euskera, quiere decir “donde la cabaña chica”. O de pronto hay un determinismo ideológico en semejante preferencia, ya que su “carrera periodística” comenzó, de adolescente, en los papeles clandestinos del PCU. Pero recuerdo la respuesta de Charles Chaplin cuando le reprocharon anacronismo entre su palacete suizo y sus ideas políticas: “soy comunista, no franciscano” contestó Chaplin. Claro que también pudiera ser el nombre de la casa, empatía literaria. Su dueño, el profesor José De León Montalbán, la bautizó N’en cap a mun la viola en pulsión de sus fervores políticos y futboleros, hincha de Defensor y catalán republicano. Pero aún más que el nombre y todas sus otras identidades, lo que fascina a Joselo de la casa es precisamente esta cocina. La mesa bajo el ventanal perfectamente orientado hacia el amanecer. El jardín con jazmines, de hungría y del país. Una paz que contrasta con lo que fue la cocina de su niñez. Quizás por eso.
Por la ventana de aquella cocina de su niñez, él y su hermana se divertían viendo choques de automóviles. De ahí proviene, posiblemente, su vocación por registrar y analizar entuertos (desfacerlos ya es cosa de novela). Ahora cobra por semejante diversión y esta vez le ha tocado uno grande, un conflicto que ha exaltado entre ambas márgenes del Río de la Plata su histórica rivalidad, un choque con saldo de un muerto: el origen de la vida de Gardel.
Nuestro periodista cambió de opinión sobre cuál casa elegiría, la tarde que pudo interrogar al congresista gardeliano argentino Néstor Falco, en su “bulín” de la rinconada alta de Punta Ballena.
–Ustedes, los yoruguas, deberían tomarse el tema de Gardel con el humor de Woody Allen –le recomendó Falco, enseguida de saludarlo– “Dios no existe y nosotros somos su pueblo elegido”.
–Dios sí existe. Tacuaremboense inmortal.
–No sean malos… Si nació en Tacuarembó fue por el efecto cambalache, ese plagio evidente con que la realidad ha usurpado el copyright a Discepolín. Sólo así puede mezclarse con tipos tan inadecuados, como su supuesto padre Carlos Escayola, su primer representante José Razzano o los brutales asesinos que apuñalaron a Roland.
–¿Usted cree que fueron varios?
–Yo vi el cuerpo de Lagarze sobre nuestra mesa de trabajo y estoy convencido de que tantas puñaladas, no las pudo dar un solo hombre en apenas cinco minutos.
–¿Ustedes temían que algo así sucediera? ¿Es por eso que no aceptaron Tacuarembó para hacer el Congreso?
–Hoy pienso que fue un error aceptar Punta del Este como lugar neutral para hacer el congreso, fijate vos. No porque volver al Tacuarembó de las primeras movidas hubiese supuesto claudicar ante el escándalo que provocaron ustedes en el congreso de Buenos Aires…
–Bueno, allí la cosa llegó a los puños aunque no todavía a los puñales…
–Está bien; pero venir a Punta del Este como una opción intermedia entre repetir el Congreso en Buenos Aires (cosa que ustedes no aceptaban) o hacer un Congreso oficial en Tacuarembó (donde el trabajo político de la Intendencia había sido demasiado brillante) fue perdernos el más alucinante de los viajes en tren, ¿viste?, el viaje imaginario. Pienso, después del desastre, que lo político es realmente secundario, que las cosas que verdaderamente importan son otras muy distintas. De haber aceptado Tacuarembó, hubiese podido volver a imaginar mi placer junto a la ventanilla del tren sobre el murmullos de los durmientes en las laderas del Valle Edén. Pero en cambio, llegué a Montevideo, en ómnibus desde el puerto de Colonia a donde había arribado por aliscafo. Gorosito llegó en buque directamente al puerto de Montevideo y nos encontramos en el Pocitos Hotel para ir, al día siguiente, a buscar al francés al aeropuerto de Carrasco. El grupo argentino-francés había funcionado a la perfección en Buenos Aires y esperábamos repetir la faena en Punta del Este. Pero las cosas tomaron un rumbo para mí inesperado ya esa primera noche en la capital uruguaya, cuando cené con Gorosito en el restaurante del Pocitos. Porque Aníbal (Gorosito, que era un tipo tan frontal como imprevisible) había cambiado de posición respecto al nacimiento de Gardel y pretendía que yo también la cambiara. Se le había ocurrido que a los argentinos nos convenía aceptar que El Mago nació en Tacuarembó, porque de esa manera pasaba a ser el mismo que había estado preso en Ushuaia y podríamos montar en La Patagonia un boom del turismo gardeliano, muy superior al tacuaremboense. Me contó que ya lo había hablado a nivel de gobierno y que la gobernación sureña estaba haciendo un pingüe negocio con las visitas a la celda de Gardel. Según Gorosito, si aceptábamos al Gardel bastardo de Escayola, de infancia miserable y hombre de organización, teníamos muchas puntas por donde hacer crecer el negocio también en Buenos Aires. Olfateé que a Aníbal, el negocio ya le estaba funcionando. Pidió champagne para la sobremesa y agendó una noche de líneas y cabarutes abundantes.
–Hasta que no se examine el ADN, nadie puede adjudicarse la verdad absoluta ¿no es así? –me preguntó Aníbal–. Bueno: entonces vamos a hablar en plata. El testamento ológrafo sirvió para que durante sesenta años la mayor fortuna del siglo en derechos de autor en lengua más o menos española, el copyright de Gardel quedara para sus colegas. En definitiva fue muy justo. Pero ahora los derechos pasaron a ser de dominio público y la historia es otra…
–Pará, Gorosito –lo frené–. Vinimos a un congreso de historia. No de economía…
–Néstor –me canchereó–, la historia la escriben los que dominan el presente y el presente lo dominan los que tienen la plata.
En Buenos Aires
La siguiente llamada del Profe a Mikel es desde La Recoleta. A éste no le extraña. Antes de separarse en Paradizo habían discutido sobre la opinión de Falco de que la causa del crimen debió estar relacionada con el Congreso. El Profe no admitía que feligreses de San Gardel mataran por ideas o fanatismo. Prefería creer en un buen beneficio económico adquirido con el asesinato y en ese sentido las palabras de Gorosito a Falco en el Pocitos Hotel, le habían quedado grabadas como reveladoras. Gardel volvía a ser un buen negocio para algunos y aunque se supone que éstos se beneficiaban con las tesis de Lagarze y no había causa aparente para que le matasen, en la investigación del Profe pasaban a ser los principales sospechosos.
–“¿Quién controla el negocio y qué relación exacta tenía con Lagarze?” ese debe ser el punto de partida –había sentenciado el Profe.
Ahora ha llamado a Mikel desde la sociedad de autores que hace sesenta años dispuso que mis derechos pasasen de Defino a Razzano.
–Efectivamente, acá hay negocio o por lo menos movida. No hace dos días que llegué y ya conversé con tres estudiosos o charlatanes que preparan libros sobre el nuevo Gardel, Héctor Olivares va a filmar Carlos, el rebelde ahora que por su nuevo conflicto de clase puede adjudicarle una épica revolucionaria. Suarnelli está produciendo una telenovela, con todos los brillos de época de la paradigmática Malevo, pero ahondando en los entreveros familiares del galán de Cuesta Abajo, la mayoría de los entendidos que he consultado no considera que Falco y Gorosito sean traidores sin o todo lo contrario, los tienen por patriotas. Y a Lagarze, por un Dios. Precisamente, gracias a los textos de Lagarze, adquirieron la adaptación que necesitaban (y los costó demasiado tiempo comprenderlo, todo hay que decirlo) para apropiarse en el bastardo de Tacuarembó, de un Gardel mucho más atractivo que el que tenían. Están abrevando en Matamoros y con las más recientes revelaciones construyen un capo di mafia que digitaba Buenos Aires como el mismo poder que Luchiano Nueva York pero con justicia. El paralelo que hacen de Gardel con su medio hermano Sinatra es relativo. Sinatra era un ahijado. Gardel un capo. Según esta versión todo lo ordenó Gardel, desde el tiroteo en el puerto con los franceses y polacos hasta el testamento ológrafo, e incluso después de muerto todo se hacía de acuerdo a los códigos que él había establecido. Así cuando “apretaron” a Defino para que cediera los derechos a Razzano. Aquí cada cual tiene un ajuste de cuentas personal para aplicar al cambio. Unos por la literatura. Reivindicando la corazonada de Osvaldo Soriano, que desde antiguo lo daba nacido en Tacuarembó. Otros por la política. Vengo de reunirme con un intelectual de izquierda que me dijo cosas que todavía no se animaría a publicar, porque Borges será en esta ciudad el último desacreditado de la ley de Punto Final. Pero te voy la charla en detalle, porque también a vos te será regocijante que Borges se haya equivocado sobre la natalidad de Gardel. Ya sabés lo que decía Borges de los vascos.
–No –miente Mikel.
–“Yo tengo mucha sangre vasca. pero ¿qué han hecho los vascos? Bueno: ordeñar, hacer queso, estar de mal humor -en el caso de Unamuno- y se acabó. Si no hubiera habido vascos la historia del mundo hubiera sido exactamente igual. Nadie se hubiera dado cuenta. Es casi como si no hubiera habido moscas, por ejemplo. (Claro que las moscas son más molestas que los vascos).No entiendo cómo alguien puede sentirse orgullosos de ser vasco. Los vascos me parecen más inservibles que los negros. Se habla de la voluntad vasca, de la terquedad vasca y ¿para qué ha servido? Nada más que para ser españoles o franceses. Por lo demás, han producido unos pintores excecrables y un escritor insoportable como Unamuno. Yo también tengo esa sangre, pero cuando enumero mis orígenes soy muy cuidadoso en olvidarme de los vascos”.
–¿Y qué dijo sobre el origen de Gardel? –se defiende Mikel
–“…nos aturulla el tímpano la controversia sobre Carlos Gardel, Morocho del Abasto para los unos, uruguayo para los menos, tolosano de origen, como Juan Moreyra, que se disputan las progresistas localidades antagónicas de Morón y Navarro, para no decir nada de Leguisamo, oriental mucho me temo”.
–Para él, ellos son los unos y nosotros los menos. Le hubiera gustado poder preguntarse para qué hemos servido los uruguayos sino para ser argentinos o brasileños. Como no puede, es que mucho se teme que seamos uruguayos.
Y yo para colmo de sangre vasca.
–¿Española o francesa? –goza el Profe.
–Antes bantú de mil amores.
–Bueno… no tan inservible… Pero dejá que te cuente la charla. El tipo empezó reconociendo sentencias precisas de Borges que la gente ha mal interpretado. Como cuando dijo que Lorca era un mero andaluz. “Mero en este caso es sustantivo y nos remite al proverbio: ‘de la tierra el cordero, del mar el mero’. Borges quiso decir que Lorca no era ningún bagre del riachuelo. Y cuando dijo ‘Gardel y yo tenemos en común que no nos gusta el tango’ se refería a la conocida preferencia del joven Gardel por los temas camperos; pero esto no se compadece de su ‘origen tolosano’”. Apostilló con finura, pero estaba tan entusiasmado que hasta se animó a opinar que el mejor cuentista argentino fue Cortázar.
La siguiente llamada del Profe Montalbán a Mikel es desde La Recoleta. A éste no le extraña. Antes de separarse en Paradizo habían discutido sobre la opinión de Falco de que la causa del crimen debió estar relacionada con el congreso. El Profe no admitía que feligreses de San Gardel mataran por ideas o fanatismo. Prefería creer en un buen beneficio económico adquirido con el asesinato y en ese sentido las palabras de Gorosito a Falco en el Pocitos Hotel, le habían quedado grabadas como reveladoras. Gardel volvía a ser buen negocio para varios y aunque se supone que éstos se beneficiaban con las tesis de Lagarze y no había causa aparente para que le matasen, en la investigación del Profe pasaban a ser los principales sospechosos.
–“¿Quién controla el negocio y qué relación exacta tenía con Lagarze?” ese debe ser el punto de partida –había sentenciado el Profe.
Ahora ha llamado a Mikel desde la sociedad de autores que hace sesenta años dispuso que mis derechos pasasen de mi representante Defino a mi colega Razzano.
–Efectivamente, acá, en Buenos Aires, hay negocio o por lo menos movida. No hace dos días que llegué y ya conversé con tres estudiosos o charlatanes que preparan libros sobre el nuevo Gardel; Héctor Olivares va a filmar Carlos, el rebelde ahora que por su nuevo conflicto de clase puede adjudicarle una épica revolucionaria; Suarnelli está produciendo una telenovela, con todos los brillos de época de la paradigmática Malevo, pero ahondando en los entreveros familiares del galán de Cuesta Abajo; la mayoría de los entendidos que he consultado no considera que Falco y Gorosito sean traidores sino todo lo contrario, los tienen por patriotas. Y a Lagarze, por un mesías. Precisamente, gracias a los textos de Lagarze, adquirieron la adaptación que necesitaban (y les costó demasiado tiempo comprenderlo, todo hay que decirlo) para apropiarse en el bastardo de Tacuarembó, de un Gardel mucho más atractivo que el que tenían. Están abrevando en Matamoro y con las más recientes revelaciones construyen un capo di mafia que digitaba Buenos Aires con el mismo poder que Luchiano Nueva York, pero con justicia. El paralelo que hacen de Gardel con su medio hermano Sinatra es relativo. Sinatra era un ahijado. Gardel un capo.
Según esta versión todo lo ordenó Gardel, desde el tiroteo en el puerto con los franceses y polacos hasta el testamento ológrafo, e incluso después de muerto todo se hacía de acuerdo a los códigos que él había establecido. Así cuando “apretaron” a Defino para que cediera los derechos a Razzano. Aquí cada cual tiene un ajuste de cuentas personal para aplicar al cambio. Unos por la literatura. Reivindicando la corazonada de Osvaldo Soriano, que desde antiguo daba a Gardel nacido en Tacuarembó. Otros por la política. Vengo de reunirme con un intelectual de izquierdas que me dijo cosas que todavía no se animaría a publicar, porque Borges será en esta ciudad el último desacreditado de la Ley de Punto Final. Pero te voy a contar la charla sin omitir detalles. También a vos te será regocijante que Borges se haya equivocado sobre la natalidad de Gardel. Ya sabés lo que decía Borges de los vascos…
–No –miente Mikel.
–Va una cita: “Yo tengo mucha sangre vasca. pero ¿qué han hecho los vascos? Bueno: ordeñar, hacer queso, estar de mal humor -en el caso de Unamuno- y se acabó. Si no hubiera habido vascos la historia del mundo hubiera sido exactamente igual. Nadie se hubiera dado cuenta. Es casi como si no hubiera habido moscas, por ejemplo. (Claro que las moscas son más molestas que los vascos)”. Y esta otra: “No entiendo cómo alguien puede sentirse orgullosos de ser vasco. Los vascos me parecen más inservibles que los negros. Se habla de la voluntad vasca, de la terquedad vasca y ¿para qué ha servido? Nada más que para ser españoles o franceses. Por lo demás, han producido unos pintores excecrables y un escritor insoportable como Unamuno. Yo también tengo esa sangre, pero cuando enumero mis orígenes soy muy cuidadoso en olvidarme de los vascos”.
–¿Y qué dijo sobre el origen de Gardel? –se defiende Mikel.
–Preparate: “…nos aturulla el tímpano la controversia sobre Carlos Gardel, Morocho del Abasto para los unos, uruguayo para los menos, tolosano de origen. Como Juan Moreyra, que se disputan las progresistas localidades antagónicas de Morón y Navarro, para no decir nada de Leguisamo, oriental mucho me temo”.
Mikel rompe el hielo:
–Para él, ellos son los unos y nosotros los menos. Le hubiera gustado poder preguntarse para qué hemos servido los orientales sino para ser argentinos o brasileños. Como no puede, es que mucho se teme que seamos orientales. Y yo para colmo de sangre vasca.
–¿Española o francesa? –goza el Profe.
–Antes bantú, de mil amores.
–Bueno… no tan inservible, entonces… Pero dejá que te cuente la charla. El tipo empezó reconociendo sentencias precisas de Borges que la gente ha mal interpretado. Como cuando dijo que Lorca era un mero andaluz. “Mero en este caso es sustantivo y nos remite al proverbio: ‘de la tierra el cordero, del mar el mero’. Borges quiso decir que Lorca no era ningún bagre del riachuelo. Y cuando dijo ‘Gardel y yo tenemos en común que no nos gusta el tango’ se refería a la conocida preferencia del joven Gardel por los temas camperos; pero esto no se compadece de su ‘origen tolosano’”. Apostilló con finura, aunque estaba tan entusiasmado que hasta se animó a opinar, en confidencia, que el mejor cuentista argentino es Cortázar.
–A Cortázar, la banda occidental del Uruguay no lo va a reconocer –comentó Mikel–. Le debe demasiado.
–Sin embargo, nuestro intelectual afirma que Borges también tiene razón cuando, en otra de sus provocaciones (era, sin duda, un provocador genial) dice que si el tango fuese popular no se ejecutaría con bandoneón, piano, violín y contrabajo, sino con guitarra y percusión. Ahí está el resurgir del negocio.
Esa característica se debe a su origen prostibulario y lupanar, porque los instrumentos costosos se introducen en el cabaré de lujo, con la vieja guardia a fines del siglo XIX. Como el nuevo Gardel se relaciona estrechamente a la mala vida, aquellos locales pasan a ser templos de culto gardelista. Hay varios proyectos en marcha de restauración edilicia y explotación turística. Si Gardel no fue el francesito ejemplar, pueden rentabilizar los balazos que sufrió a nombre de madame Jeannette, por ejemplo. Entre los documentos inéditos en poder de Lagarze, hay un diario íntimo de la famosa madama que regenteaba la prostitución en toda Avellaneda.
Esta hoja data del 13 de diciembre de 1913. “Anoche, resolví prescindir de chofer para pasar a buscar por Armenonville con programa de ir al teatro, función trasnoche. Tomamos champagne mientras dejábamos que se pasara la hora, porque en realidad no era al teatro que tenía ganas de llevarlo. Pagó‚ dejando una propina excesiva, como siempre. Nos besamos. Arrancamos por Paraná hacia Esmeralda. En la esquina de casa, en Maipú, nos estaban esperando y nos tirotearon. Dos o tres disparos saltaron desde las sombras. Tras el frenazo, bajamos e intentamos parapetarnos detrás del coche para responder el fuego, pero Carlos está demasiado gordo y en vez de armas usa su impecable uniforme de cafishio sin hacerle bulto, a veces entiendo por qué las jerarquías consideran el oficio afeminado y despreciable. Oímos las corridas de los sicarios alejándose, cuando Carlos ya estaba caído con un balazo en la pierna. La noche quedó en silencio. Mis hombres que habían oído los disparos, hicieron resonar a la carrera sus suelas sobre la vereda desierta y obedeciendo a mis gritos, ayudaron a Carlos a llegar a la mansión. Junto a la chimenea encendida, ante mi mirada aprensiva, le sacaron la bala.” No sería la última ni será la mansión de la Jeannette el único monumentos. Tres o cuatro meses después, otra bala atravesó el coche de Gardel en marcha, y ya en pleno auge de su carrera, recibió las dos balas más famosas y conocidas que se llevó de la vida breve. –En la vida eterna todo fueron sonrisas –comprendió Mikel la precisión del Profesor.
–Uno de esos balazos trascendió irremediablemente porque el arma la empuñaba una mujer conocida, La Paraguaya, desde el palco de un teatro. Acompañó el disparo con gritos incriminatorios hacia Gardel. La bala le rozó la boca al cantor y siguió de largo cegando para siempre al pianista Di Sarli. Otra cuando la Ritana ya era dueña del Chantecler y éste el cabaret más famoso de Buenos Aires.
Garesio, el marido de la madama, había llegado de Europa y rodeado de pistoleros, la mayoría oriundos de Córcega como él, interceptó a Gardel y a Elías Alippi, cuando salían del Palais de Glace. El enfrentamiento culminó en un cruce de calles que hoy se llaman Avenida del Libertador y Agüero (andá anotando sitios para la nueva liturgia). Fue una madrugada de 11 de diciembre, húmeda, irrespirable. Uno de los pistoleros de Garesio, Roberto Guevara, le desenrajó a Gardel un balazo en un pulmón y escaparon. Alippi lo hizo llevar al hospital Ramos Mejía, donde consideraron mejor no extraerle la bala, que aunque en vida breve siempre dijo que nunca llegó a molestarle, en realidad había noches que le apretaba el pecho con un dolor sordo, avisor. Después de aquel balazo tuvo que sufrir un período de inmovilidad y luego, unos días de convalescencia. Entonces viajó a Tacuarembó. Tacuarembó ya le había servido ya antes como refugio para un amigo, Cielito Traverso, el dueño del O`Rondeman, un café del Abasto donde Gardel cantaba, cuando Cielito mató a Vidalita Argerich.
El Capo llevó a Cielito a lo de Edolina Escayola, la única prima que trataba a esta “oveja negra”, una vez salido de la cárcel de Ushuaia con la pena conmutada por influencias políticas. El último balazo fue el misterio de su propia muerte, el misterio más verdadero. El único periodista que, accidentalmente, presenció el accidente, dijo haber oído dos balazos antes de que chocaran los aviones en el aeropuerto de Medellín.
Por Joselo González Olascuaga
Autor del libro; «Código Gardel »
Ilustración: No te olvides de Gardel, técnica mixta, 1.07 x 0.845 mts.,
Ernesto Vila, 1990
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