CINE | “Raíz”; Dramática crónica de un pueblo ultrajado

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El amor por la naturaleza, el apego al espacio vital, la bella desolación de un idílico paisaje, la pobreza, la contaminación ambiental y el capitalismo extractivo y predador, son los seis disparadores temáticos de “Raíz”, la coproducción entre Perú y Chile del realizador peruano Franco García Becerra, que indaga en la cultura y la convivencia cotidiana de los pueblos nativos que habitan en la cordillera de los Andes.

Esta historia, de apenas una hora y veinte minutos de duración, es un retrato explícito pero no menos descarnado de la pobreza de las poblaciones indígenas, que constituyen más del 25% de los habitantes del país incaico, hoy gobernado por una dictadura encabezada por la usurpadora Dina Boluarte, luego del golpe de Estado que derrocó al legítimo presidente electo Pedro Castillo. Precisamente, el izquierdista jefe de Estado, que fue víctima de una conspiración y fue destituido por una mayoría circunstancial de la derecha en el parlamento, es indígena.

El gobierno de Boluarte es literalmente un régimen autoritario, que ha aplastado a la oposición y reprimió brutalmente las manifestaciones que resistieron el atropello en las calles. El saldo de la represión fue de casi un centenar de muertos.

Este país, que fue conquistado en el siglo XVI por el imperio español, el cual sometió a la nación inca, se apropió de sus territorios y de sus riquezas, siempre ha sido un botín para el poder de los rapiñeros colonizadores, fundamentalmente por sus cuantiosas riquezas minerales.

Empero, paradójicamente, aunque es una nación rica que fue asolada durante las décadas del sesenta y el setenta por los golpes de Estado gorilas en la fase más álgida de la Guerra Fría, hoy reporta una pobreza que alcanza al 30% de la población, que son más de diez millones de personas. Por su parte, el analfabetismo castiga a más de un millón de personas.

Esa circunstancia ha permitido a la elite apropiarse de la mayor porción de la renta y a las empresas mineras, algunas de ellas multinacionales, enriquecerse impunemente sin contemplar los adecuados cuidados ambientales, lo cual ha originado numerosos protestas de poblaciones afectadas por la contaminación.

La industria minera representa el 20% del Producto Bruto Interno del país que, como en toda sociedad capitalista se concreta en grandes grupos económicos. En 2022, las exportaciones de diversos metales que produce Perú treparon a los 40.000 millones de dólares.

Estudios recientes de organizaciones ecologistas que denunciaron dramáticas situaciones de contaminación, confirmaron  concentraciones extremadamente altas de metales pesados como plomo, arsénico, mercurio y cadmio en el agua, el suelo y el aire. En estos casos, son habituales y recurrentes los casos de cáncer.  Asimismo, el envenenamiento por plomo, por ejemplo, puede provocar problemas de comportamiento y aprendizaje, sobre todo en niños, además de tener el potencial de provocar anemia, lesiones nerviosas, cerebrales y renales e infertilidad.

Otro de los elementos dañinos es el cadmio, que, cuando se respira en altas dosis, puede dañar los pulmones e incluso ser mortal. En otro orden, el manganeso puede desencadenar enfermedades neurológicas similares al Parkinson.

“Raíz”, film que está ambientado en Cuzco, a casi 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar en plena Cordillera de los Andes, retrata una radical colisión entre modelos civilizatorios antagónicos, que comparten el mismo espacio físico pero no los mismos intereses. En efecto, mientras los nativos viven de la lana de las alpacas, las empresas instaladas se dedican a la explotación minera, sin contemplar los eventuales daños ambientales, que impactan tanto al hábitat natural como a las personas.

Esta historia, protagonizada en su mayoría por actores no profesionales, que fue presentada en el prestigioso Festival de Berlín, narra la peripecia de un grupo de pastores radicados en pleno corazón de la inmensa cordillera andina.

Por supuesto, viven humildemente y, en su gran mayoría, carecen hasta de luz eléctrica, como hace bastante más de un siglo. Su único nexo con el presente está en la distante ciudad, donde sí hay energía y alguna tecnología que les permitiría vivir realmente en el siglo XXI y no en el ostracismo ni en el pasado.

Obviamente, es cierto que estas personas, que están enraizadas a sus ancestros prefieren vivir en su espacio de pertenencia, lejos del mundanal ruido y de los estridentes alaridos de la posmodernidad. Empero, tienen parte de sus derechos amputados y asisten impotentes a la segunda colonización: la colonización del capital, que invade sus territorios, se apropia de sus recursos minerales y contamina su suelo, su agua y el aire que respiran.

Esta película narra la historia de Feliciano, un pastor quechua de alpacas de apenas ocho años de edad, que mientras desarrolla sus tareas rurales, sueña con que la selección de fútbol peruana clasifique al campeonato mundial de fútbol de Rusia 2018, luego de treinta y seis años de ausencia.

Este infante, que procede un hogar muy humilde como el de todos sus vecinos, tiene como compañeros a su perro Rambo y a su lanuda alpaca preferida a la cual bautizó Ronaldo, como el famoso futbolista brasileño, campeón del mundo con su país en 2002,  torneo ecuménico del cual fue goleador. Incluso, fue decisivo en la final disputada ante la selección Alemana, ya que convirtió los dos goles que posibilitaron el triunfo.

Este inocente niño vive el fútbol como una suerte de quimera, ya que nunca vio en acción con sus propios ojos al combinado incaico. Su único nexo con el balompié de su país, que se sumó a la elite futbolística en 2018 luego de derrotar a Nueva Zelanda en la repesca que disputó por haber cosechado el quinto lugar en la clasificación de la eliminatoria sudamericana, es una vieja radio a transistores. Obviamente, como vive en plena montaña, tiene grandes dificultades para captar las ondas de las emisoras que transmiten los partidos. Sin embargo, nunca cede en su afán de intentar escuchar los relatos que, aunque le llegan entrecortados, le permiten estar al tanto de lo que está sucediendo y experimentar la inenarrable emoción del gol.

Este pequeño indígena vive, simultáneamente, entre dos paraísos: uno de ellos terrenal y si se quiere de dimensión sensorial y otro quimérico. El primero es el paradisiaco lugar en el cual convive con otros hermanos de etnia, entre profusas formaciones montañosas, picos nevados y un inmenso lago, espejo de agua que es sinónimo de vida.

Aunque naturalmente es pobre, no le falta alimento ni la ropa necesaria para abrigarse, porque su padre vende la lana que se esquila y se extrae de las alpacas que cría. En efecto, esos animales habitualmente mansos y de cuello largo, al igual que las llamas, las vicuñas y los guanacos, constituyen la única fuente de ingreso y sustento de estas familias, radicadas muy lejos de las áreas urbanas. Incluso, la carne de este camélido es comestible.

Obviamente, Feliciano ama tanto al fútbol como a su tierra, que es un medio ambiente ideal para respirar aire puro lejos de las poluciones del tóxico monóxido de carbono de las grandes ciudades. Sin embargo, la actividad minera se transforma en una auténtica amenaza, ante la cual las autoridades asumen un papel meramente pasivo, por los réditos económicos de las empresas que explotan las riquezas del subsuelo andino.

La presencia amenazante de esas empresas altera la paz de Feliciano (Alberth Merma), quien, cotidianamente, mientras pastorea su majada, también ayuda a otras alpacas con su perro Rambo. Obviamente, en su intrínseca soledad, el pequeño ensaya soliloquios que comparte con el can y con su amigo Ronaldo, aunque naturalmente ninguno de los dos estás en condiciones de responderle. Sin embargo, el igualmente reflexiona sobre la vida pero particularmente en torno a su gran pasión: el fútbol y, en particular, acerca la selección de su país, que luego de más de tres largas décadas tiene muchas posibilidades de volver a un mundial.

El relato se inicia con una imagen que será recurrente y dominante en todo su desarrollo: un plano a contraluz de la alpaca bautizada Ronaldo, que constituye una suerte de símbolo de ese espacio vital paradisíaco, en serio riesgo de ser invadido por un modelo de desarrollo extractivo y predador.

En consecuencia, la peripecia vital de los lugareños no es el único disparador temático de esta historia de ficción interpretada por actores no profesionales nativos de Cuzco, sino también la codicia del capitalismo salvaje, que en este caso se expresa en varias modalidades de violencia. Una de ellas es la muerte, mutilación o desaparición de buena parte de la majada de alpacas y la otra- tan grave como la primera- es la contaminación provocada por la actividad minera, que envenena los cursos de agua y el aire.

Esa suerte de ultraje provoca naturalmente la reacción de los nativos que denuncian vanamente los crímenes perpetrados por el personal de los empresarios. Empero, la Policía en lugar de detener el atropello reprime a los damnificados, negándoles el derecho a la protesta, como sucede en varios países del planeta, particularmente en los periféricos. En otras circunstancias, esa lógica represiva impera también en Argentina, donde las fuerzas antidisturbios han ejercido violencia sobre los manifestantes que resisten las políticas hambreadoras del presidente neoliberal Javier Milei y también en Uruguay, que registró recientemente excesos policiales contra obreros pesqueros.

Donde manda el capital no gobierna el pueblo. Esa es la disfunción más grave que se presenta en nuestro mestizo continente, que es el más rico pero, paradójicamente, también el que presenta las más obscenas inequidades sociales.

Aunque  el cuadro de situación de postración social está algo desdramatizado, “Raíz” constituye un contundente testimonio acerca de la segunda colonización, que, en 1971, denunció, con documentada brillantez, el eminente escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su clásico “Las venas abiertas de América Latina”.

El cineasta Franco García Becerra, peruano nacido precisamente en Cuzco, con el apoyo del guión de la alemana Annemarie Gunkel, construye un testimonio potente y removedor, tanto por la contundencia de las imágenes, como por el amor de los lugareños por lo que ellos definen como su Pacha Mama (tierra) y sus alpacas, a las que consideran hermanos y hermanas, y por la recurrente escalada invasiva del capitalismo depredador.

Desde ese punto de visita, esta es una película de denuncia, que pone en el centro al ser humano agredido por un sistema económico impío e inmoral, que transforma al ambiente en un lucrativo negocio. En ese contexto, no se detiene ante nada ni ante nadie, porque realmente ostenta el poder hegemónico, que es, sin dudas, el económico.

En ese marco, el fútbol opera como una suerte de válvula de escape para esas comunidades humanas pobres, explotadas, agredidas y oprimidas. En el caso concreto de los nativos quechuas, que en este largo metraje hablan naturalmente en su propia lengua, se trata de un nacionalismo únicamente ligado a la tierra, a la cultura, a los ancestros y a las creencias, que encuentra en el balompié y en un triunfo deportivo el anticuerpo contra la angustia y el maltrato. En efecto, para ellos, la clasificación de Perú al mundial de fútbol 2018 fue como tocar el cielo, porque algunos de sus compatriotas, la mayoría de los cuales juegan en poderosas ligas europeas, tuvieron la oportunidad de competir con la elite del balompié mundial, por más que su ulterior performance haya sido meramente marginal.

Todo es una suerte de realismo mágico con formato cinematográfico, potenciado por la estupenda fotografía de exteriores de la experta Johan Carrasco, que retrata la magnificencia de la naturaleza, en planos panorámicos de inmensas montañas y cristalinos espejos de agua dulce, despiadadamente contaminados por el veneno del sistema.

Al igual que “Utama”, el recordado largometraje del debutante realizador boliviano Alejandro Loayza que reseñamos para este portal, “Raíz” es también un elocuente exponente de cine a la intemperie con actores no profesionales, que indaga en las exóticas costumbres y la cotidianidad de los nativos quechuas, una de las etnias dominantes de los pueblos altiplanos, que imprime con sus genes a una nación latinoamericana que lucha obsesivamente por salir del subdesarrollo y la postración, en un mundo multipolar, despiadadamente competitivo y gobernado por la dictadura del mercado.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

FICHA TÉCNICA

Raíz. Perú. Chile 2023. Dirección: Franco García Becerra. Guión: Annemarie Gunkel y Alicia Quispe. Fotografía: Johan Carrasco.Música: Daniel Castro. Producción: Diego Sarmiento, Jorge Constantino, Annemarie Gunkel y Franco García Becerra. Reparto: Alberth Merma, Nely Huayta, Richard Taipe, José Merma y Rubén Huillca.

 

 

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