“Entonces sentí una opresión en el pecho….. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo.» (Benedetti, La Tregua)
Conocí a Luis como miembro del directorio del CEDES (Centro de Derechos Económicos y Sociales), cuando la ONG tenía principios y una ética sólida, bajo la dirección de Nora Fernández.
Había leído sobre su lucha y la de sus compañeros/as del Frente de Defensa de la Amazonia una década antes. En las andanzas por el Coca y en la resistencia al correísmo gatopardo capaz de vender hasta la dignidad, nos hicimos amigos cercanos.
Cuando él venía a Quito o yo iba al Coca, a lo largo de esta última década, nos reuníamos: yo con un café y él con agua de vieja o yogurt. Nos reuníamos para los chismes políticos de rigor.
Luis fue un hombre íntegro, respetuoso, ético, valiente. En nuestros últimos cafés me contaba cómo sobrevivía a las balaceras cerca de Sacha – Lago Agrio. Hace más de dos años le había insistido en que se mudara definitivamente a Quito, pero su convicción era pelear en la Amazonía. A mitad de mi vida (menopausia), me siento sin rumbo en un mundo que se cae a pedazos a diario. ¡Qué afortunado fue Luis de vivir su propósito de vida tan plenamente, coherente hasta las últimas consecuencias! ¡Qué desafortunados nosotros, sus conocidos, compañeros y allegados, que le tuvimos como referente y consejero tan poco! Falleció a los 64 años.
Como país, la Texaco (Chevron) nos arrebata otra persona con cáncer agresivo de pulmón. La Amazonia es un territorio duro para vivir, pero más duro es dejar de quererla. Dicen que una vez que uno llega y bebe de las aguas del Río Napo, ya no hay retorno, quedará atado siempre a su destino. Hace 19 años tomé la primera guayusa en Orellana. He aprendido a amar la Amazonía norte pero sobre todo a sus gentes: esos guerreros infatigables ante un monstruo de diez mil cabezas (caucheros, madereros, petroleros, mineros). No importa si es la canela o el oro de hoy; la extracción brutal es la misma, nos decía nuestro querido Achakaspi.

Hoy hay decenas de marchas, jóvenes que tienen una conciencia mucho más avanzada de lo que está en juego en el Yasuní; en la Amazonía, si en territorio wao pero también para los kichwas naporunas y para los mestizos colonos que como Luis, pelean codo a codo.
A todas esas luchas, herederas y tributarias del enorme camino recorrido por el Frente de Defensa de la Amazonía y por Luis Yanza Angamarca en particular, la vara que nos deja para emular es alta, muy alta.
Luis va a seguir vivo no solo en su wawa Shuyana, en sus compañeros del Frente que ahora le lloran, en nosotras que tuvimos la suerte de conocer este pedazo de historia de la boca de sus protagonistas y en nuestra resistencia en un mundo en colapso; Luis también vive en la Amazonia,
Tierra viva, Promesa, Utopía de que un día- como país- vamos a poder convivir sin sacrificar a los más vulnerables en el intento.
Utopía de que un día, los hombres y mujeres aguerridos y valientes, campesinos e indígenas de la Amazonía ecuatoriana, van a ver caer a la Chevron-Texaco. ¡Algún día!
Hasta siempre Luis.
Seguimos
*Título robado de las palabras mágicas “sana sana” de Milagros Aguirre, magia que le brota cada vez que le recordamos al José Miguel Goldáraz, a su boina o a su sentido del humor
Fuente: Revista Ñawpa
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