La dictadura del capital financiero

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Cannabrava
Diálogos do Sul global

 Los cuatro bancos más grandes que operan en el país, pilares del capital financiero brasileño, cerraron el primer trimestre de 2026 con una ganancia combinada de R$ 27.780 millones, o 5.654 millones de dólares.

El campeón absoluto fue Itaú Unibanco, con una ganancia de R$ 12.282 millones en tan solo tres meses. Bradesco le siguió con R$ 6.811 millones. Banco do Brasil registró R$ 4.900 millones, mientras que Santander alcanzó R$ 3.788 millones.

Estas cifras escandalizan a cualquier ciudadano mínimamente atento al drama que vive la mayoría de la población brasileña. Millones de familias siguen sumidas en deudas, pagando tasas de interés exorbitantes, mientras que las pequeñas y medianas empresas enfrentan dificultades para producir, invertir y sobrevivir.

El sistema financiero se ha convertido en el verdadero centro de poder del país. No produce alimentos, no genera desarrollo industrial ni crea soberanía tecnológica. Vive de la especulación, la deuda pública, las altas tasas de interés y la transferencia permanente de ingresos de la sociedad a los grandes grupos financieros.

Al mismo tiempo, el escándalo que involucra a Banco Master revela hasta qué punto este poder se infiltra en las estructuras políticas nacionales. Las acusaciones contra el empresario Daniel Vorcaro y sus estrechos vínculos con figuras clave del poder político demuestran cómo el capital financiero actúa directamente sobre el Estado.

Las acusaciones sobre el uso de bienes inmuebles, tarjetas de crédito, viajes internacionales y pagos mensuales de medio millón de reales a favor del senador Ciro Nogueira (PP-PI), presidente del PP y exjefe de gabinete del gobierno de Bolsonaro, evidencian la magnitud del escándalo. La estrecha relación entre ambos revela una vinculación sumamente perversa entre intereses privados y el aparato político. En la práctica, Ciro Nogueira se presenta como un verdadero aliado político de Vorcaro, manteniéndose dentro de la órbita de los intereses del grupo financiero en las estructuras de poder.

Más que un caso aislado, esto revela el mecanismo estructural que vincula el sistema financiero con segmentos importantes de la élite gobernante brasileña.

El resultado es un país sometido a la lógica de la búsqueda de rentas. La economía deja de estar al servicio del desarrollo nacional y comienza a funcionar exclusivamente para garantizar las ganancias del mercado financiero. Se trata de la dictadura de una única forma de pensar impuesta por el capital financiero, en la que todo gira en torno a los intereses de bancos, especuladores y grandes fondos.

Mientras tanto, Brasil sigue atrapado por el bajo crecimiento, la desindustrialización, la dependencia externa y la desigualdad social.

Dentro de esta lógica, no existe una solución viable. El país necesita un proyecto de salvación nacional capaz de liberarse de su sumisión al capital financiero y volver a situar el desarrollo autónomo, sostenible y soberano en el centro de la agenda.

Esto requiere restablecer la capacidad de planificación del Estado, fortalecer la producción nacional, invertir en ciencia, tecnología e infraestructura, y garantizar que el sistema financiero esté subordinado a los intereses de la sociedad, y no al revés.

La lucha, en esencia, es por la liberación nacional. Porque sin soberanía económica no hay verdadera democracia. Y sin romper el dominio absoluto del capital financiero, Brasil seguirá siendo una nación rica condenada a vivir con la pobreza, la dependencia y la injusticia social.

 
 
 

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