“La voz de Hind Rajab”: La guerra que asesina inocentes

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El horror del genocidio palestino perpetrado por Israel en la martirizada Franja de Gaza, las  más de 60.000 víctimas fatales, la mayoría de ellas civiles, y el desgarrador pedido de ayuda de una niña sola en medio de la hecatombe de un pueblo ultrajado por la violencia criminal de una nación dispuesta a borrar del mapa a un pueblo entero, en una suerte de absurda e irracional revancha por la pesadilla padecida en el pasado, son los tres demoledores pilares argumentales de La voz de Hind Rajab”, el removedor docudrama de la realizadora tunecina Kaouther Ben Hania.

Este doloroso episodio real, es una larga crónica atravesada por una tragedia que tiene casi seis décadas y una de las tantas dramáticas consecuencias de la guerra árabe israelí, que se remonta en el tiempo a la segunda mitad de la década del cuarenta, cuando se completó el proceso de descolonización de la región y comenzó el retiro de las potencias hegemónicas.

Empero, la resolución de la Organización de las Naciones Unidas que creó un estado judío y uno palestino fue claramente insuficiente para dirimir el conflicto territorial, lo cual originó guerras de gran escala entre Israel y los países árabes. La consecuencia es que los palestinos no tienen patria, sino que están dispersos en varios territorios, pese a que la ONU les reconoce un estatus de Estado. Esas tierras fueron ocupadas por Israel durante la Guerra de los Seis Días de 1967, al igual que las alturas del Golán, que legalmente le pertenecen a Siria.

El  Tribunal Supremo de la Organización de las Naciones Unidas declaró que la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel es contraria al derecho internacional. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) consignó que Israel debe detener la instalación de asentamientos coloniales en la Cisjordania ocupada y Jerusalén Este y poner fin a su ocupación “ilegal” de esas áreas y la Franja de Gaza lo antes posible. La opinión consultiva de la corte no es jurídicamente vinculante, pero aun así tiene un peso político significativo, ya que,  el año pasado, fue la primera vez que se pronuncia en 58 años de ocupación.

Al presentar las conclusiones del tribunal, el presidente de la CIJ, Nawaf Salam, dijo que se había determinado que “la presencia continua de Israel en el territorio palestino ocupado es ilegal. El Estado de Israel tiene la obligación de poner fin a su presencia ilegal en el Territorio Palestino ocupado lo antes posible”, afirmó. En ese marco, explicó que la retirada de Israel de la Franja de Gaza en 2005 no puso fin a la ocupación israelí de esa zona, porque todavía ejerce un control efectivo sobre ella. El tribunal también consideró que Israel debería evacuar a todos sus colonos de Cisjordania y Jerusalén Oriental y pagar reparaciones a los palestinos por los daños causados ​​por la ocupación.

Israel ha construido alrededor de 160 asentamientos que albergan a unos 700.000 judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental, desde 1967. El tribunal declaró que los asentamientos eran ilegales.

La CIJ afirmó que las “políticas y prácticas de Israel equivalen a la anexión de grandes partes del Territorio Palestino Ocupado”, lo que, según afirmó, es contrario al derecho internacional, y añadió que Israel “no tiene derecho a la soberanía” sobre ninguna parte de los territorios ocupados.

Israel reclama la soberanía sobre toda Jerusalén, cuya mitad oriental capturó en la guerra de Oriente Medio de 1967. Considera a la ciudad su capital indivisible, algo que no acepta la gran mayoría de la comunidad internacional.

Entre sus otras conclusiones de gran alcance, el tribunal declaró que las restricciones israelíes a los palestinos en los territorios ocupados constituían una discriminación sistémica basada, entre otras cosas, en la raza, la religión o el origen étnico. También afirmó que Israel había explotado ilegalmente los recursos naturales de los palestinos y violado su derecho a la autodeterminación.

La Corte Internacional de Justicia –que analiza juzgar a Israel por crímenes de guerra– y la Asamblea General de las Naciones Unidas considera a Israel como “potencia ocupante” y a su actitud anexionista como una “afrenta al derecho internacional”. En ese contexto, desde hace más de medio siglo, se han acumulado más de un millar de resoluciones reclamando al Estado sionista que abandone las tierras ocupadas ilegalmente, las que han sido recurrentemente vetadas por los Estados Unidos en su calidad de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Por supuesto, Israel ha ignorado todos esos emplazamientos y, lo que es peor, instaló su sede gubernamental en Jerusalén, transformando a esta ciudad en su capital, pese a que la Organización de las Naciones Unidas la considera un territorio en disputa que debería ser administrado internacionalmente. 

Lo más reciente de esta confrontación es, naturalmente, el quiebre sucedido en 2023, cuando la organización palestina armada Hamás atacó objetivos dentro mismo del territorio israelí, mató civiles y tomó decenas de rehenes. Si bien fue una agresión deleznable, fue aun peor la reacción del estado judío, que lanzó una furibunda ofensiva militar en la Franja de Gaza, masacrando, según las estimaciones más moderadas, a más del 60.000 personas, la mayoría de ellas civiles, no perdonando ni hospitales ni escuelas y estableciendo un demencial bloqueo que impidió, durante un tiempo, el ingreso de ayuda humanitaria. Es sin dudas, un genocidio, condenado internacionalmente, aunque Israel justifica sus crímenes en un supuesto derecho a la autodefensa. Con ese mismo criterio, no dudó en sumarse a la agresión militar de  Estados Unidos contra Irán y en invadir y matar libaneses.

Esta película, sin dudas removedora, denuncia un caso concreto, que es apenas un lacerante fragmento de una tragedia colectiva de larga data de hace casi 60 años. El 29 de enero de 2024, una niña palestina de seis años quedó atrapada en un automóvil en la Franja Gaza, rodeada por los cuerpos de su familia asesinada y con un teléfono móvil como único vínculo con el mundo, en medio de un demencial ataque de Israel. 

Por donde se le mire, la película es estremecedora, porque trasunta la barbarie criminal sólo a través de sonido y de la desesperada voz de la pequeña, confirmada en una suerte de ataúd de metal, plástico y vidrios, que en este caso funge como un refugio, a la espera de un rescate que nunca llegó, por la violencia de los invasores que no habilitan un callejón humanitario y por una burocracia incapaz de gestionar la emergencia.

Este es el removedor cuadro que plantea la realizadora tunecina

 Kaouther Ben Hania, la directora de la recordada “El hombre que vendió su piel”, una suerte de ensayo que pone en el foco un debate sobre el crucial tema del pleno ejercicio de la libertad de los refugiados, recurrentemente jaqueada por la tentación totalitaria y el paradigma de acumulación -hijo del rancio liberalismo económico- y los seductores cantos de sirena del omnímodo poder del mercado, Tampoco esta película recrea la guerra en sí misma sino sus dramáticas consecuencias, que, por acción u omisión, devienen el tragedia.

Como toda la trama transcurre en un ambiente cerrado y el disparador es un llamado de auxilio, salvando las diferencias, esta película me hizo recordar a la formidable “Con la vida en un hilo” (1859), de Sydney Pollack, protagonizada por un joven Sidney Poitier y por la magistral actriz  Anne Bancroft, en la cual el hombre trabaja de noche en un servicio 911 que atiende emergencias y dialoga por teléfono con una potencial suicida, a quien intenta disuadir de su decisión de autoeliminarse. También nos recuerda a “Culpable”, un film danés de 2018, del cineasta Gustavo Möller, cuyo protagonista también atiende emergencias y procura salvar a una mujer que denuncia haber sido secuestrada.

En este caso, el relato se desarrolla en la sala de llamadas de la Media Luna Palestina, donde un grupo de trabajadores intenta coordinar rescates de personas que requieren ayuda, que, en condiciones normales, insumirían apenas minutos. Sin embargo, todo se problematiza a raíz de la violencia que reina en las calles, los bombardeos, la caída de misiles y los tanques israelíes, que arrasan todo a su paso. Ese contexto, tan complejo, genera dificultades de toda índole, en materia de comunicaciones, como teléfonos que están cortados o computadoras que no funcionan porque Internet está congelada, a lo cual se suma un entramado burocrático que responde a razones de seguridad, pero que, en este caso, se transforma más en problema que en solución.

Los protagonistas, al margen de la  voz y los lamentos desesperados de la víctima, que son reales, son: Omar (Motaz Malhees), que mixtura la ética con la rebeldía y hasta la furia, Rana (Kilani), que intenta aportar una calma que tiene mucho de maternal para  contener a la niña emocionalmente, Mahdi (Amer Hlehel), que funge como supervisor de todo el operativo con rigidez y disciplina y Nisreen (Clara Khoury), quien también procurar aportar calma y distensión, en un ambiente cerrado y claustrofóbico que se caracteriza por la alta tensión y la adrenalina.

Este es un drama particularmente acústico, con disparos lejanos, silencios prolongados y también entrecortados e interferencias. En ese contexto, la cineasta utiliza espectrogramas, una representación visual que permite “ver” un sonido, que, a diferencia de las ondas de audio tradicionales, muestra cómo cambian las diferentes frecuencias a lo largo del tiempo, revelando la estructura de los sonidos, la voz o el ruido mediante un mapa tridimensional. Merced a ese procedimiento, los diálogos adquieren un impacto sonoro singular.

En ese marco, el atribulado espectador se siente parte de esta comunidad de héroes anónimos que intentan, en algunos casos vanamente, salvar a las víctimas del desastre, casi sin moverse del lugar donde están emplazados, porque allí disponen del equipamiento requerido para localizar a las personas que requieren el auxilio.

Lo realmente desolador es que, por lo menos en este caso, todos los esfuerzos resultan en vano, no por falta de voluntad ni de espíritu solidario, sino porque realmente el sistema no está debidamente preparado para enfrentar contingencias de tanta complejidad y las ayudas a la supliciada Franja de Gaza llegan por cuentagotas, por el duro bloqueo de Israel, que es muy similar al que ha practicado su aliado Estados Unidos durante más de sesenta años, contra la castigada Cuba revolucionaria,

Un elocuente ejemplo son las misiones humanitarias de la Flotilla Global Sumud, compuestas por más de 50 embarcaciones y cientos de activistas de decenas de países, que, con la participación de dos uruguayos, fue detenida en aguas internacionales por buques israelíes, cuyo tripulantes apresaron a los militantes y decomisaron alimentos y medicamentos con destino a las víctimas de asedio militar y una grosera violación a la libertad y a los derechos humanos, Por supuesto, fue un acto tan intolerable como ilegal, que ameritó generalizada condena internacional.

Esta película, de fuerte acento testimonial, recrea, con nombre propio, a una de los 15.000 niños y niñas que perecieron asesinados por los militares judíos desde el comienzo de la ofensiva, que constituyen el 25% de las 60.000 víctimas fatales provocadas por este genocidio de impronta terrorista.

“La voz de Hind Rajab” es un registro audiovisual que nos demuele emocionalmente y nos genera un sentimiento de rabia y rebeldía, porque sabemos que esa niña de seis años murió y también perecieron el médico y el conductor de la ambulancia que acudieron en su ayuda, que si hubieran llegado ocho minutos antes tal vez hubieran podido consumar una hazaña que no fue.

La realizadora tunecina remueve toda nuestra sensibilidad, cuando en el epílogo del relato, nos muestra a los personajes reales de esta peripecia, conjuntamente con quienes los encarnaron  en la reconstrucción cinematográfica, así como las imágenes del auto y de la ambulancia, que fueron registrados doce días después, de la tragedia, cuando los mastines del ejército invasor permitieron el acceso al lugar.

Lo realmente gratificante es que “La voz de Hind Rajab, que fue producida por Nadim Cheikhrouha, Odessa Rae y James Wilson, productor también del formidable filme alemán “La zona de interés’”, contó con una vasta red de distribución integrado por célebres figuras del cine, como Brad Pitt y sus socio de la compañía Plan B, Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Alfonso Cuarón y Jonathan Glazer, entre otros. Para ellos, además del respeto y el reconocimiento, nuestro agradecimiento por haber hecho posible que esta potente y admirable denuncia haya llegado hasta el circuito de proyección de cine uruguayo.

De de este modo, “La voz de Hind Rajabse reproduce en miles de voces como si se tratara de un contundente alarido, en miles de reclamos, en miles de manifestaciones de masas y en miles de solidaridades, que recorren el mundo reclamando detener esta masacre, este holocausto, que  con diferencia de escala, se parece mucho al genocidio que perpetraron los nazis contra los propios judíos, uno de los crímenes contra la humanidad más aberrantes de la historia. Este también es un crimen lesa humanidad, en otra escala y otro contexto, en el cual los descendientes y familiares de las víctimas del pasado se transformaron en victimarios, con los mismos métodos, el mismo odio, el mismo talante expansionista y el mismo propósito de los monstruosos esbirros de Hitler: el exterminio de un pueblo.

Este es un testimonio tan honesto como frontal, que denuncia, con ponderación y singular sobriedad exenta de fanatismo, el caso concreto de una niña tan inocente como indefensa, que quedó atrapada en una encrucijada de fuego, muerte y terror, de una guerra absurda, en la cual los que más sufren son los civiles.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

FICHA TÉCNICA

La voz de Hind (The Voice of Hind Rajab). Tunez-Francia 2025.

Guion y dirección: Kaouther Ben Hania. Reparto: Saja Kilani, Motaz Malhees, Clara Khoury y Amer Hlehel. Fotografía: Juan Sarmiento G. Edición: Qutaiba Barhamji, Maxime Mathis y Kaouther Ben Hania. Música: Amine Bouhafa. Sonido: Amal Attia, Elias Boughedir, Gwennolé LeBorgne y Marion Papinot.

 

 

 

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