La artista plástica y escritora neoyorquina Molly Crabapple produjo un batacazo historiográfico con su extraordinaria historia del Bund, el partido judío socialista y antisionista. El lanzamiento del libro “Here Where We Live Is Our Country” tuvo lugar en la New York Public Library, hace pocas semanas. La famosa Naomi Klein actuó como presentadora y Molly Crabapple expuso sus ideas acerca de la plena vigencia de las premisas éticas y la fuerza moral de la vieja organización revolucionaria, como una luz para la tremenda actualidad planetaria.
La ONDA digital publicó la primera reseña en español del libro de Molly (La ONDA digital Nº 1.257), que ocupa los primeros lugares entre las obras más requeridas en la categoría ‘historia y ciencias sociales’ en los Estados Unidos. Ahora es posible acceder en You Tube al video de la presentación del libro y aunque los subtítulos no están disponibles en español consideramos importante presentar una síntesis de los aspectos expuestos.
Derrotados por los nazis y perseguidos por los sionistas, los bundistas no fueron vencidos y sus concepciones, que llevaron a la creación de una organización mutifacética, sindical, política, cultural que participó en la lucha contra el zarismo en dos revoluciones (en 1905 y 1917) y floreció en todos los campos para ser el mayor partido judío en Polonia con gran influncia en en la región donde habitaba el 80% de los judíos europeos.
Su legado histórico y cultural fue borrado y ocultado, no solamente por la derecha oligárquica polaca, los reaccionarios nacionalistas ucranianos y lituanos sino por los sionistas, especialmente por estos últimos tras la derrota del Tercer Reich en mayo de 1945.
Desde la separación del Bund del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, en 1903, enfrentados con el centralismo de Lenin, los bundistas mantuvieron su independencia y su libertad de acción para enfrentar al
fascismo, a los etnonacionalismos de Europa Oriental y al nazismo. Desarrollaron una poderosa organización sindical de obreros y campesinos, instituciones educativas, movimientos literarios y teatrales en su idioma yiddish, atención de la salud (como el famoso Sanatorio Medem para niños tuberculosos), organizaciones juveniles (Zukunft, ‘futuro’ en yiddish) y encabezaron gobiernos municipales y locales en Polonia.
El levantamiento del gueto de Varsovia fue la culminación de la lucha que unió contra los nazis a los bundistas, a los sionistas de izquierda, a los socialistas, a los comunistas. Pocos bundistas sobrevivieron dispersos por el mundo.
La reconstrucción de esa historia borrada demandó una tarea titánica. Durante más de siete años, Molly Crabapple investigó en archivos, diarios, correspondencia e imágenes, pinturas testimoniales de su bisabuelo (Sam Rothbart), visitó las principales regiones donde se desarrolló la historia, aprendió yiddish y tradujo numerosos libros a ese idioma, realizó entrevistas y produjo la obra sobre el Bund. Es un trabajo de gran rigor científico, en más de 480 páginas se encuentra una bibliografía específica y notas detalladas.
En la introducción del acto de lanzamiento, Molly (MC) dijo: “este es un libro acerca de valientes luchadores contra el fascismo en ascenso. Es un libro acerca del genocidio y el apocalipsis y estamos haciendo este
acontecimiento en el contexto de un genocidio y la amenaza de un apocalipsis; todos los que aquí tienen seres queridos en Palestina, en el Líbano, en Irán, los veo y los apoyo” (aplausos).
La historia del Bund no es para los judíos – dijo la autora – sino para todos los que creemos en el valor de la solidaridad humana; cuanto más profundicé en la historia del Bund más me di cuenta de que es una luz para iluminar las tinieblas del presente, a pesar de la guerra, el colapso estatal y la represión genocida, encontré una ruta para la supervivencia.
Naomi Klein (NK) se refirió a las muchas eliminaciones y supresiones en la historia que ha provocado el sionismo. En primer lugar al borrar la
presencia y la cultura de los palestinos en su tierra a través de un procedimiento extraordinariamente violento. En segundo lugar, la eliminación del Bund y la Yiddishkeit (la cultura y el folklore de los judíos ashekanzim, los judíos europeos). ¿Cómo operan juntas esas supresiones?
MC – Cualquier etnonacionalismo (y el sionismo lo es) tiene que depurar a los disidentes, la solidaridad y las partes más cosmopolitas de su propia historia (más abierta a las costumbres y culturas diversas). Desde luego, lo peor que ha hecho el sionismo no es la eliminación de la historia judía sino la eliminación y los asesinatos que comete contra los palestinos, los libaneses y la vida de los árabes. La falsa conclusión que ha promovido el sionismo: vivir y oprimir a otros o no oprimir y morir, es una gran mentira. El Bund fue una organización que luchó para vivir y florecer en una tierra, en Europa oriental, en la que habían vivido desde hacía mil años o más.
NK – Preguntó acerca de una de las claves de la historia, la “hereness” (el estado o el hecho de estar aquí) o doikayt (en yiddish), expresada en el título mismo del libro.
MC – El ethos fundamental del Bund era la hereness (doikayt): aquí donde vivimos es nuestro país y la idea de que existe el derecho a vivir y no solo a ser tolerado sino a florecer, sin tener que mutilar aspectos de su ser, olvidar su lenguaje, cambiar su nombre o su Dios, y luchar por un mundo más hermoso y justo con gente muy diferente y que se puede amar un lugar sin perjuicio de las diferencias. Los bundistas eran decididos opositores al etnonacionalismo. Molly declara su “hereness” en Nueva York, donde nació, se siente profundamente neoyorquina.
NK – Pregunta acerca del otro aspecto característico del Bund, su postura clasista.
MC – Los bundistas explicaban que los judíos eran oprimidos como judíos y como trabajadores por los dueños de las fábricas y los terratenientes, muchos de los cuales eran también judíos. No solamente había guerra de clases dentro del judaísmo y tampoco el Bund se
limitaba al ámbito estrecho de su región sino que tenían una visión amplia del mundo; sus periódicos seguían atentamente las luchas sociales y políticas que se desarrollaban en China, o lo que sucedía con “los muchachos de Scottsboro” (los nueve adolescentes afroestadounidenses injustamente acusados de violar a dos mujeres blancas en 1931, por ejemplo; difundían los libros de Rabindranath Tagore.
NK – Señala que aparecen en el libro de Molly muchos personajes femeninos.
MC – Sostiene que en términos generales las mujeres tuvieron una gran participación en las acciones del Bund, como organizadoras clandestinas, propagandistas, correos y dirigentes (estima que un tercio de las direcciones las integraban mujeres). Sofía Dubnova, por ejemplo, no pudo participar en la reunión fundacional de 1897 porque estaba presa en Rusia; ya muy mayor fue asesinada por los nazis y sus colaboradores lituanos en el bosque de Ponary cerca de Vilna, en 1941; algún sobreviviente señaló que se dirigió a sus compañeros diciendo “cantemos el himno del Bund para que la muerte no sea tan terrible”. Molly visitó esos lugares y reprodujo ese himno, Di Shvue (el juramento) como homenaje. Otro ejemplo fue Pati Kremer (1867-1943) una organizadora reconocida por su ingenio, su humor y su escepticismo.
NK – Pregunta acerca del legado del Bund
MC – Fueron derrotados pero no vencidos porque podemos aprender de ellos. Cuando el mundo se está sumergiendo en la barbarie, creo que el concepto de solidaridad por el que luchó el Bund es lo que puede salvarnos.
NK – Señala que el zarismo utilizó el antisemitismo para dividir a quienes se le oponían.
MC – En la revolución de 1905, los bundistas estuvieron muy activos en todos lados, especialmente en las barricadas de Lodz y de Odessa. Efectivamente, el zarismo efectuó unas mínimas concesiones para
neutralizar a la burguesía liberal pero desencadenó 800 pogromos contra los judíos, expuestos como chivos expiatorios. La policía zarista produjo y divulgó los llamados “Protocolos de los sabios de Sion” una pieza emblemática de la propaganda antisemita. Hoy en día la clase de los billonarios y los derechistas hacen lo mismo, buscan dividir.
NK – Pide a Molly que se refiera a la “hereness”, el estar aquí.
MC – El estar aquí es el compromiso para luchar por eso. Las clases dominantes se plantean el blanqueo de las ciudades; que no haya arraigo a tu pueblo, a tu barrio, a tu calle. El capitalismo odia la fricción pero como sabemos, la fricción es la base del placer; fricción son los labios de tu amante, fricción es estrechar la mano de un compañero.
NK – Se refiere a una cuestión planteada por los asistentes: quien se quedó en su pueblo, en su tierra, pereció pero quienes emigraron a Palestina se salvaron.
MC – Quienquiera que emigrara, a cualquier lado, sobrevivió. Palestina no tenía nada especial. Si los británicos no hubieran detenido a Rommel en El Alamein, los alemanes habrían llegado a Palestina y todos los judíos de allí habrían sido exterminados. Por otra parte, no había posibilidad de un Estado judío sin limpieza étnica. Europa estaba enferma de etnonacionalismo, los búlgaros y los griegos se eliminaban en forma alternativa y sucesiva; lo mismo pasaba con los polacos y los ucranianos. Puedo entender que haya gente que se hizo sionista pero su decisión emocional no tiene porque ser políticamente justa.
NK – ¿Qué pueden aprender los movimientos contemporáneos del Bund?
MC – La izquierda debe ver que es necesario atraer a todo tipo de personas, a quienes les gusta todo tipo de cosas porque este mundo es de todos nosotros.
NK – Se refiere a una inquietud planteada por algunos asistentes, en el sentido de que si el Bund falló ¿por qué serviría como ejemplo?
MC – Son cosas muy distintas; quien falla cae por sus propios errores y limitaciones; quien pierde es derrotado por una fuerza
abrumadoramente superior. Los judíos europeos como colectivo no podían escapar a Hitler y al odio de sus vecinos cristianos. Ningún sector judío podía cambiar la correlación de fuerzas, ya fueran sionistas, asimilacionistas, conversos, jasídicos, comunistas o capitalistas.
La acusación de falla no debe apuntarse contra el Bund o contra cualquier otro grupo judío, sino contra el mundo occidental que aduló a Hitler, que lo “apaciguaba” y al mismo tiempo cerraba las puertas a los refugiados judíos. Los diplomáticos de las democracias que festejaban en Bermudas mientras ardía el gueto de Varsovia. El sionismo ofrecía una salvación mediante la emigración a Palestina pero se trata de un etnonacionalismo y la falta de solidaridad de las democracias europeas es lo que permitió a los sionistas presentarse como salvadores.
Sin embargo, como todos los etnonacionalismos debía consumar asesinatos masivos para eliminar a los pueblos que vivían en esas tierras. Allí los oprimidos se transformaron en opresores y durante más de 70 años construyeron un Estado sobre la ruina de otro pueblo y se han dedicado a exterminar al gueto que han creado en Gaza. Para el etnonacionalismo esto es lo que significa ganar.
Yo escribí este libro sobre el Bund, que perdió, y no sobre asesinos victoriosos porque estoy cansada de los monstruos de mi propio grupo o de otros. Porque se que todos tenemos la capacidad de ser víctimas o torturadores, así como espectadores indiferentes ante un muro en llamas. Porque quiero que la rueda samsara de la atrocidad se detenga y que la exigencia del Bund, acerca de la solidaridad más allá de las diferencias, es la única forma de salir adelante.
Esa solidaridad es frágil y puede ser traicionada pero es todo lo que tenemos, es la única cosa que puede salvarnos. No existe otra Tierra después de todo. Estamos atrapados juntos en este planeta. Nos pertenece a todos, como herencia y como prisión, es Egipto y la Tierra Prometida al mismo tiempo.
Lic. Fernando Britos V.
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