España; sigue Rajoy, más de lo mismo, repiten siete cargos y se incorporan cinco nuevas caras

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Después de casi un año que España ha estado sin gobierno, el pasado jueves, 3 de noviembre, el nuevo presidente reelegido, Mariano Rajoy, hizo pública la lista de sus nuevos ministros. Trece carteras en las que apenas si hay nada destacable, salvo que repiten siete y entran cinco nuevas caras a foramon-hernandez-2016-1rmar parte del nuevo ejecutivo que a partir de ahora tendrá que gobernar en minoría. El nuevo gobierno del PP estará presidido por Mariano Rajoy, el líder del partido. Un presidente, calificado como “el menor mal” ante la prolongación del tiempo sin ejecutivo,y para evitar unas
terceras elecciones, que fue investido, como estaba previsto, en la segunda votación parlamentaria, con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de la mayoría de diputados del PSOE (excepto 15). Una votación que ha dividido al Partido Socialista, su eterno rival, permitiendo que saliera nombrado el líder del Partido Popular.

El “cambio” deseado y frustrado
Antes de pasar a detallar la nueva composición del gobierno del reelecto Rajoy, hagamos un poco de historia de una investidura cuyo fracaso y aprobación estaban anunciados y no evitados. Rajoy, o cualquier otro candidato de los tres partidos más votados, que se hubiera presentado a presidente, hubiera necesitado si no de mayoría de votos afirmativos, sí, al menos, de alguna abstención de los dos partidos más relevantes, en cuanto a cantidad de escaños, el PSOE y Podemos. De ambos dependía que saliera o no Rajoy, no tanto apoyándole afirmativamente cuanto absteniéndose, que digámoslo claramente, es otra forma de apoyar. En la primera votación, en la que necesitaba la mayoría absoluta de votos afirmativos, fracasó el Señor Rajoy, pero en la segunda vuelta, celebrada 48 horas después, donde ya bastaba con una mayoría de afirmativos frente a negativos, la anunciada abstención del PSOE, le permitió revalidar su presidencia por cuatro años más, si es que dura, pues sigue el riesgo de una moción de censura.

Así sucedió el último sábado de agosto. El grupo socialista se abstuvo, salvo quince diputados, y el antiguo líder, Pedro Sánchez, que consecuente con su “no es no”, lo mantenía, había renunciado anteriormente a su escaño, y no podía presentarse ni votar en el hemiciclo. Rajoy, por tanto, salió elegido con 170 votos afirmativos (SI), del PP, C,s y regionalistas; 111 en contra (NO) , de Podemos y 15 del PSOE que rompieron, por conciencia, la disciplina de voto, y 68 abstenciones del Grupo Socialista, donde muchos confesaron que lo habían hecho “por mandato imperativo del partido”.

Una votación que ha dejado clara la división de la izquierda hasta el punto de obligar a dimitir no sólo del liderazgo del principal partido de la Oposición, sino de su escaño, a Pedro Sánchez, por no dar su brazo a torcer ante las presiones de sus antiguos líderes predecesores en el cargo, y de otros grandes empresarios. Presiones por uno y otro lado que le han llevado a renunciar al cargo y a su escaño, quedando como militante de base que trata ahora de volver a presentarse a la secretaría general. Para eso está ahora recorriendo el país, visitando cada agrupación socialista, y animando a las distintas federaciones a que obliguen a la Gestora a que convoque lo antes posible un congreso extraordinario donde salga elegido el nuevo secretario general.

Ha sido muy criticada la doble actitud del grupo socialista tanto dentro como fuera del Congreso, donde hubo manifestaciones de gentes de la izquierda, progresistas en general, y militantes del PSOE, tachando a los partidarios de la abstención de “traidores”, al partido, a los militantes y a la sociedad.

El PSOE, le permitió a Rajoy revalidar su presidencia por cuatro años más, si es que dura, pues sigue el riesgo de una moción de censura. Así sucedió el último sábado de agosto. El grupo socialista se abstuvo, salvo quince diputados, y el antiguo líder, Pedro Sánchez, que consecuente con su “no es no”.

De los 15 díscolos se sabe que les han enviado una carta comunicándoles la sanción de 600 euros por haber votado en contra de lo acordado por la Comisión Gestora, aunque les han dado un plazo para que presenten los recursos que crean oportunos, alegando las razones -por otra parte ya conocidas- por las que votaron en contra sin atenerse a los dictámenes del Partido Socialista. No se ha dicho todavía nada sobre el destino de su escaño, o su expulsión, pues tales cuestiones competen, no a la Gestora, sino a la Comisión Ejecutiva que salga del próximo congreso.

Tras este breve repaso a la historia de una votación turbulenta, centrémonos en el nuevo gobierno del PP que a partir de ahora debe regir los destinos de España. Para empezar, debe enfrentarse a dos retos inmediatos y graves, como son la aprobación de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, y la sanción por el déficit, y dictámenes de la UE que le obligan a unos recortes del gasto público en cerca de 5500 millones de euros. Pocas expectativas ha despertado el nuevo gobierno a sabiendas de que, como ha anunciado ya su presidente, no variará la política llevada a cabo hasta ahora; y a tenor de los nombramientos y nuevos titulares, parece que así va a seguir. Y con mayor razón, cuando Rajoy mantiene a siete de los anteriores ministros y hay pocas novedades, salvo cinco nuevas caras, las más destacadas de un partido que sigue con su estela de imputaciones por corrupción.

Será más de lo mismo, y quizá peor
A pesar de haber contado con el apoyo manifiesto de Ciudadanos, que sumaron su “sí” a la candidatura de Rajoy, ninguno de sus miembros ha sido llamado para formar parte de dicho gobierno. Y no es de extrañar, ya que Ciudadanos mantuvo en todo momento que votaría a favor de la candidatura de Rajoy, pero que no formaría parte de los miembros de su gobierno. Y así ha sido. Todo el gabinete está integrado por militantes del PP.

Se mantiene como Vicepresidente Soraya Saénz de Santamaría, aunque pierde el cargo de portavoz del gobierno, que pasa al nuevo Ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Es una de las mayores sorpresas de estos nombramientos, quien a partir de ahora dé las ruedas de prensa, será la cara escaparate del nuevo gobierno, que repito, deberá gobernar en minoría.

Es nueva esta situación en el Parlamento de España, donde todos los gobiernos han contado con mayoría absoluta a la hora de ejercer el poder, bien por haber logrado pactos, no sólo de investidura, como ha ocurrido en este caso, sino también de gobierno con otros partidos, bien por su aplastante mayoría de votos en las urnas. Una cosa ha quedado clara, se ha acabado el bipartidismo, y las mayorías absolutas, si se quieren conseguir, habrá que ganárselas a través de alianzas.

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El nuevo equipo de Rajoy no ofrece novedad alguna, salvo el cambio de unos personajes que en la anterior gestión se habían quemado, por otros que pretenden les sirva como “apagafuegos”, como han sido calificados por la mayoría de los medios de comunicación. Era previsible. El mismo líder del PP lo había anunciado en la segunda votación cuando pretendía ser nombrado presidente: no iba a ceder en nada de sus anteriores políticas, y ni el pacto con Ciudadanos, ni la abstención de parte del grupo socialista, le harían cambiar de rumbo. Estaba, y sigue, convencido de que su política, como él asegura, “va por el buen camino”, y haber logrado mayor cantidad de “síes” que de “noes”, gracias a la abstención de los socialistas, no le iba a afectar en su idea. De aquí, por tanto, que los titulares que iban a formar parte de su próximo gobierno, fueran los mismos en su mayoría, y las caras nuevas no aportaran nada, al contrario, algunas se han mostrado fieles a los dictámenes de su jefe, y han dado la cara por él cuando las “papas quemaban”. Su fidelidad ha sido premiada.

Por poner dos ejemplos: son los casos de María Dolores de Cospedal, que ha sido nombrada para el Ministerio de Defensa, o el nuevo titular de Fomento (Obras Públicas/Urbanismo), Íñigo de la Serna Hernáiz. Ambos arrastran tras de sí una estela de críticas e irregularidades a su gestión que no les ha impedido ser nombrados para cargos de tal envergadura.

María Dolores de Cospedal que sigue como secretaria general del PP, asciende al Ministerio de Defensa por su mala gestión en los casos de corrupción con el tesorero del partido, imputada y actualmente ante los tribunales, y por sus irregularidades al frente de la Comunidad Autónoma de Casatilla-La Mancha.

Dolores de Cospedal mantiene su cargo dentro del partido como secretaria general. Ha ido acaparando puestos desde la época del ex-presidente Aznar y Esperanza Aguirre. Fue diputada regional por la Comunidad de Madrid donde desempeñó la responsabilidad de Transportes, y pasó luego a encabezar las listas por la Comunidad de Castilla-La Mancha llegando a la presidencia de dicha región manchega.

María Dolores de Cospedal que sigue como secretaria general del PP, parece ser que asciende al Ministerio de Defensa por su mala gestión en los casos de corrupción con el tesorero del partido, señor Bárcenas, imputado y actualmente ante los tribunales, y por sus irregularidades al frente de la Comunidad Autónoma de Casatilla-La Mancha, los cuatro años que fue su presidenta, donde dejó un déficit de millones y recortó muchos servicios, que en el sector de la sanidad los jueces invalidaron como ilegales. Gracias a eso, o como “defensa”, Rajoy le premia con ese cargo. Las fidelidades hay que pagarlas.

Lo mismo sucede con el nombramiento para la cartera de Fomento, Obras Públicas y Urbanismo.

Otra de las novedades, tan controvertida como la anterior, es el nombramiento, para este Ministerio, de Íñigo de la Serna Hernáiz. El hasta ahora alcalde de Santander tiene como lastre su gestión urbanística al frente del Ayuntamiento de la ciudad costera, punto neurálgico del turismo, promovido desde el siglo XIX por la Casa Real, en la costa septentrional de la península Ibérica. Su Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad está pendiente de ser anulado por una sentencia del Tribunal Supremo. Después de casi una década al frente del Ayuntamiento, gobernando en minoría, donde empezó como concejal de Medio Ambiente, ha acumulado grandes problemas larvados durante su mandato, debidos a la especulación inmobiliaria y el urbanismo salvaje. La Oposición, asociaciones, colectivos ecologistas y organizaciones vecinales critican su permisividad y complicidad con las constructoras y una gestión donde prima el desarrollo urbano desmesurado y sin criterio, que ha acabado en el Tribunal Supremo.

Otros nombramientos relevantes, por su novedad o carácter de “apagafuegos”, son el del nuevo titular, ante la “quemazón” de los anteriores, de Educación, Cultura y Deporte, al que además, como hemos apuntado, se le ha añadido el cargo de ser el nuevo portavoz del Gobierno: Íñigo Méndez de Vigo. Será la nueva del Gobierno, en lugar de Soraya Sáenz de Santamaría. Será quien dé las ruedas de prensa del Consejo de Ministros. Rajoy lo llamó en 2015 para apagar los incendios de Wert, por tener fama de diplomático, y debe enfrentarse ya a las protestas callejeras del sector educativo y estudiantiles, si quiere preservar la Lomce, la nueva ley de enseñanza tan denostada, y las reválidas que todo el mundo quiere que se acaben por se negoció más que educación.

Y otro de los problemas que quedan sin resolver, y a este paso, seguirá llevando a España a la pobreza y a la ausencia de productividad, es el desempleo. Para la cartera de Empleo y Seguridad Social mantiene a Fátima Báñez, una mujer que se ha caracterizado por su falta de iniciativas y de diálogo con las fuerzas productivas y sindicatos.

Quizá Rajoy la mantenga para reafirmar su criticada reforma laboral, a la que el Gobierno atribuye una mejora en el mercado de trabajo. El diálogo social, como acabo de apuntar, no ha sido su fuerte, aunque al final de la legislatura iniciara conversaciones con patronal y sindicatos. Su gabinete ha dejado bajo mínimos la “hucha” de las pensiones, los fondos de la Seguridad Social, uno de los principales problemas a enfrentarse en los próximos años.

 

Por Ramón Hdez de Ávila
Corresponsal en España de La ONDA digital

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