I La literatura
El hambre es “una sensación física incómoda o dolorosa, causada por un consumo insuficiente de energía alimentaria”. (FAO, 2020). Pero esa definición no nos hace imaginar por completo lo que pasa por dentro. Para intentar entender lo que sucede en una persona podemos acercarnos a su conocimiento mediante la (excelente) novela de Knut Hamsun llamada “Hambre” (“Sult”, 1890).
Esta primera novela moderna escandinava de un pionero de la literatura psicológica, que utiliza la técnica del flujo de conciencia y el monólogo interior, con una narración de un carácter imprevisible aunada a la belleza y la sensibilidad de su prosa poética, le significó un reconocimiento inmediato. Premio Nobel en 1920, escritor, poeta, novelista, dramaturgo, crítico, no pudo salvarse, a pesar del entusiasmo inicial que concitó, por haber mostrado su apoyo al nazismo y a Hitler en particular —incluso en escritos periodísticos— (le regaló su medalla de Premio Nobel a Goebbels para que éste lograra una cita con Hitler que efectivamente se realizó).
Eso le restó el apoyo que había tenido del pueblo noruego y tras el final de la guerra mucha gente quemó sus libros por este apoyo explícito de Hamsun a los nazis. Posteriormente fue internado en un hospital psiquiátrico y ello le salvó de ser acusado de traición, aunque se le impuso una multa que lo dejó prácticamente en la ruina, terminando sus días siendo un anciano ciego y casi sordo.
Algunos destellos de clarividencia- Lo que se relata en la novela es la tribulación de un hombre que no tiene nombre, descripción física ni edad, periodista porque no sabe hacer otra cosa y que escribe artículos pero duda de la calidad de los mismos. Deambula por la ciudad de Cristiania puesto a andar por el camino de la inseguridad que le provoca el hambre y no tiene más remedio, e ilusión, que “comer para poder escribir y escribir para poder comer”. Pero es un personaje extraño, raro, anda en círculos, empeña lo poco que tiene y a pesar del hambre mantiene una dignidad a toda prueba. Su conciencia le reprueba cualquier camino inmoral. Teme a la mendicidad porque implica sometimiento y abandono total, a pesar de vivir en el delirio y la desesperación por el hambre.
Argentina / La pobreza alcanzó al 43,1% – La Universidad Católica Argentina difundió su informe sobre deudas sociales con datos desde 2010. Hay 17 millones de personas pobres y 3,5 millones de indigentes a tasa de pobreza llegó al 43,1% durante 2022 y afecta a 17 millones de personas, mientras que la indigencia subió al 8,1%, es decir a unas 3,5 millones de personas. Los datos surgen del informe Deudas sociales en la Argentina urbana 2010-2022 publicado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). El estudio realizado en 5760 hogares de grandes y medianos aglomerados urbanos del país concluye que la pobreza aumentó 15 puntos porcentuales en la última década como consecuencia de un deterioro generalizado de las condiciones económicas, sociales y laborales.
La verdad que el hambre le provoca una debilidad física, alucinaciones, cansancio, diversas sensaciones corporales, fiebres y temblores. Intenta mentir, como un recurso que le facilite una ingesta, por lo menos, al día, pero se siente atado a sus mentiras y al final mentirá como una cuestión de ejercicio, solo por molestar, quizá para contrarrestar el peso incómodo de lo moral. Pero no logra salir del hambre, a veces pareciera que ya ni le importara y sin embargo puede suspenderse y echar a volar en sus pensamientos disparatados, desvariados, pero originales.
Es evidente que esta obra se inscribe en el romanticismo literario, tiene todas las condiciones necesarias: rompe con el clasicismo y la ilustración, puesto que no sabe por qué le pasa lo que le pasa, se encomienda a un dios que no lo escucha pero que a veces lo ilumina en ocasiones particulares; exalta la belleza, que siempre es femenina, porque incluso en su peor momento una mujer se apiadará de él y hasta llegará a amarle, a su manera; realza lo sublime, esa sublimación de que a pesar de estar hambriento es capaz de no arrodillarse ante nadie, aunque la tentación es grande y alguna vez no podrá impedir un pequeño descenso que la suerte, si no es otra cosa, puede hacerle sobrellevar; una subjetividad en todos sus actos, que pasan por el tamiz de su mente, que se tuerce en pensar diálogos imaginarios y descensos al infierno, con una exaltación del yo distorsionado; la descripción de la naturaleza como metáfora del mundo interior del personaje y el uso permanente de símbolos.
Hay una continua búsqueda de la identidad y un (in) genio romántico, un interés por lo exótico y aún lo nimio, una libertad creativa a toda prueba, a veces sostenida en sueños, una nostalgia por el pasado y un deambular entre la muerte y el suicidio. Romanticismo.
El hambre, sin embargo, parece sostenerle y darle ideas extravagantes, hemos dicho, pero también “el hambre me había embotado la sensibilidad”, dirá, y ya no sentirá el cuerpo, como si pudiera ser solamente alma, apenas algo más que aire la sustancia de su ser.
II La realidad- La realidad es terca. Ya lo hemos dicho más de una vez. El problema del hambre tiene larga historia. Las hambrunas del antiguo Egipto o la romana del año 441 a.C. Las que sucedieron entre el año 400 y el año 800. Hambruna del 639, la del 750 en al-Andaluz, la del año 809. La de China entre 875-884, otra en el año 927-928 en la zona del Mediterráneo (con cuatro meses de heladas insólitas). La decadencia de la civilización maya, entre el año 800 y el 1000, donde al parecer hubo repetidas sequías y malas cosechas. La de Inglaterra en 1005 o la que se generalizó en Europa en torno al 1016. Las grandes hambrunas de la India en el siglo XI.
Transcurriendo el 1300 en adelante hubo varias hambrunas en Europa del norte (reino de Inglaterra, Francia, zonas de la actual España), alta mortalidad infantil y una esperanza de vida de 35,28 años (en 1276). Después de la Gran Hambruna (en realidad fueron varios episodios, separados por años buenos y malos para las cosechas) la esperanza de vida disminuyó a casi 30 años y luego de la Peste Negra llegó a 17 años y poco. Y hay otras diez hambrunas más registradas en ese período.
En la época moderna entre mediados del siglo XVII hasta la Segunda Guerra Mundial hubo múltiples casos, unos derivados del clima adverso y las malas cosechas, y otras como consecuencia de las guerras.
Lo cierto es que las hambrunas agudas, con gran mortalidad, ocurren en poblaciones ya desnutridas.
Actualmente, con las últimas cifras de la ONU (FAO, 2022) el número de personas hambrientas en el mundo creció de 282 millones en el año 2021 a 345 millones, por la confluencia de crisis causadas por las alteraciones climáticas, los conflictos (armados) y las presiones económicas. Esto es particularmente sensible en Afganistán, Etiopía, Somalia, Sudán del Sur y Yemen donde, justamente, hay guerras tribales, golpes de Estado y enfrentamientos civiles de bandas armadas de los cuales poco se habla, por cierto.
Algunos datos- Mueren 24 mil personas por día por hambre o relacionada con sus causas y son el 16% de todas las muertes diarias.
Según Svenja Schulze, ministra de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, “nos amenaza la peor hambruna desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, con millones de víctimas”.
Las estimaciones del Programa Mundial de Alimentos, hablan de más de 300 millones de personas que sufren de hambre aguda en el mundo. De ellas ocho millones de menores están en riesgo de morir por hambruna, según indican diversas ONG que atienden la protección a la infancia, entre ellos Save the Children International y World Vision. Por otra parte, hay, siempre según este programa, 50 millones de niñas y niñas que padecen hambre aguda.
Otros organismos independientes y la FAO cifran en más de 800 millones de personas las que pasan hambre (en 2018) y otras 2.400 millones tienen un acceso muy limitado a la alimentación adecuada.
Las causas coyunturales (2021-2022) estarían dadas por los desequilibrios comerciales y logísticos creados tanto por la pandemia del coronavirus como por la guerra de Rusia-Ucrania. Pero como vemos es un problema que se arrastra en el tiempo. La sequía también es un problema cíclico, sobre todo en extensas zonas de África.
Sin embargo, la causa principal es que la distribución de alimentos y el acceso es desigual. Mientras en el hemisferio norte hay abundancia y en ocasiones superabundancia, en el sur hay déficit alimentario. Es allí donde se dan las hambrunas.
A su vez, 2.100 millones de personas no tienen acceso al agua potable en condiciones seguras, mientras que el 80% de las aguas residuales se vierte a los ecosistemas sin tratamiento ni reutilización.
Según cálculos hechos en el año 2013 por la FAO el volumen actual de procesamiento de alimentos daría para dar de comer a todos los habitantes en una ingesta de calorías necesarias (en base a 2.400 calorías), por lo que el problema reside en la distribución y el acceso, ya sea por falta de infraestructuras o por las condiciones en las que se realiza el traslado.
“La situación es extremadamente grave. En sólo dos años, trece millones de personas han caído en el hambre. Y cuatro de cada diez personas viven con inseguridad alimentaria, mientras que todavía tenemos que prepararnos para los impactos de la crisis alimentaria actual, incluida la guerra en Ucrania”, dijo el representante regional de la FAO, Julio Berdegué.
Diez multinacionales de la alimentación controlan la mayoría de la producción: Nestlé (Suiza), PepsiCo (EE.UU), ABInBev (Bélgica), Coca-Cola (EE.UU.), Mars (EE.UU.), Mondelȇz (EE.UU.), ADM (EE.UU.), DIAGEO (Gran Bretaña), Moutai (China), Tyson (EE.UU) y Danone (Francia). Son los “Big Ten”. A eso habría que agregar Kellog´s, y el Grupo Unilever. Por el volumen de su capital y de sus ventas, ellos pueden decidir los precios y las condiciones de trabajo y producción.
La historia del plancton en los 70´s – El plancton se trata de un alimento muy saludable y nutritivo, ya que cuenta con minerales esenciales (hierro, fósforo, calcio, magnesio, yodo), alto contenido en ácidos grasos ricos en Omega 3 y 6, antioxidantes y vitaminas B12, C y E. Además, su consumo es apto para celíacos y personas con alergia al pescado y los mariscos.
En los años 70, la FAO impulsó la investigación del plancton y sobre todo del zooplancton, en la creencia que su cultivo podría ser un alivio al hambre por aportar un alto valor nutritivo: proteínas por más del 11% y carbohidratos en torno al 80% e incluso vitaminas A y D. El problema parece residir en encontrar los métodos de captura apropiados.
La FAO también busca la “transformación azul”, para el equilibrio alimentario mundial, la acuicultura. En ese ramo, actualmente, 58,5 millones de personas trabajan directamente de la pesca y 600 millones dependen de esta. Un aumento del 25% en el cultivo del pescado podría ayudar a disminuir el hambre sensiblemente.
III Hacia el autocultivo
Nuestro país y la región
En Brasil, por ejemplo, hubo una gran sequía en el norte, en 1877, que provocó la muerte de 250 mil personas. Actualmente, luego de haber bajado drásticamente el hambre hay alrededor de 33 millones de brasileros que no tienen qué comer (16% de su población). Una combinación de factores, la pandemia y la guerra de Ucrania pero, sobre todo, el desmantelamiento de las políticas públicas vitales (como ejemplo, la disminución de las compras institucionales que permiten a los pequeños agricultores disponer de una renta por suministrar alimentos a las escuelas, o sea, que los niños y niñas ya no tienen un desayuno o merienda garantizados). Hay un grupo mayor, de 125 millones de brasileños, que no saben si podrán comer en el día de hoy.
Durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rouseff el hambre se redujo hasta un 4.3% de su población, pero ha aumentado casi cuatro veces durante el gobierno de Bolsonaro (investigación de Nilson de Paula, profesor de la Universidad Federal de Paraná, en Informe de la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria, 2022).
En América Latina y el Caribe hay cerca de 60 millones de personas con hambre y la inseguridad alimentaria (personas que se han quedado sin alimentos o han pasado un día o más sin comer) afecta a 270 millones de personas (hubo un aumento del 30% entre 2019 y 2020).
Pero según detalla el informe Panorama Social de América Latina y el Caribe 2022, de un estudio de la Cepal (Comisión Económica para América Latina), la pobreza en América Latina alcanza a 201 millones de personas, y la pobreza crítica a 82 millones. En el año 2021 significaban el 32,3% de la población total que eran pobres, y 12,9% en pobreza extrema, y para el 2022 se registraría un 32,1% y 13,1% respectivamente, lo que muestra una tendencia de la pauperización de la sociedad: más pobres caen en la pobreza extrema.
Lo más llamativo es que el 45% son niños y adolescentes, y además se concluye que las más afectadas son las mujeres.
Finalmente, estos guarismos indican que hay 15 millones de personas más que han caído en la franja de la pobreza que antes de la pandemia, lo que ha sido denominado como un retroceso de un cuarto de siglo para la región. Los que más sufren esa condición es la población indígena y afroamericana.
Nadie se salva solo
“Si hay algo que nos dejó esta pandemia es la certeza de que nos necesitamos unos a otros”, dijo el intendente de Salto, Andrés Lima (“Economía social y solidaria”, La República, 4 de noviembre de 2022).
Uruguay tiene una inseguridad alimentaria moderada o grave del 29.6%, que corresponde a un 6.4% de inseguridad alimentaria grave y 23.2% a la inseguridad alimentaria moderada (FAO, FIDA, OPS, WPF y UNICEF, 2020).
Según cifras recientes (primer informe de Prevalencia de Inseguridad Alimentaria en Uruguay, presentado por el Instituto Nacional de Estadística, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto Nacional de Alimentación, 2022), hay 174 mil hogares con 575 mil personas con insuficiencia alimentaria moderada o grave, pero en el quintil más bajo la inseguridad alimentaria es casi tres veces la general de la población, y el doble de eso donde hay menores de edad, particularmente los niños y niñas del primer quintil de los departamentos de Artigas, Tacuarembó, Rivera, Cerro Largo y Treinta y Tres.
La pobreza en el país fue de 10,7% pero la pobreza infantil alcanza el 22,5%, es decir el doble, en el primer semestre de 2022 (según INE). En el año 2020 eran una quinta parte de los niños de 0 a 3 años (21,4%) y 20,8% de los niños de 4 a 8 años vivían en situación de pobreza.
El Mirador Desca, por otra parte, del Área de Estudios de la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) y la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad (UDELAR), ha registrado una menor cobertura en prestaciones de la seguridad social en las edades que predominan en los asentamientos (2022). Y, a su vez, los ocupados en hogares en situación de pobreza eran 7,7% en 2020 y 6,8% en 2021, pero en los departamentos de Rivera y Cerro Largo es de 14,7% y 14,4% respectivamente, en Salto es de 9,2% y en Treinta y Tres alcanza al 8,7% de su población.
Mientras tanto, se desperdicia el 11% del total de los alimentos, alrededor de un millón de toneladas por año, según consigna el coordinador del Frente Parlamentario contra el Hambre de Uruguay, el diputado Armando Casteingdebat, en un informe elaborado a instancias de la Fundación Ricaldoni a iniciativa de la FAO (estudio de 2017). Traducido en plata, eso significa unos 600 millones de dólares de pérdidas. De ese total, el 66% se pierde en posproducción y cosecha. Por rubros, el 25% corresponde a cereales, 20% a lácteos, 19% a la caña de azúcar, 15% a los oleaginosos, 12% a frutas y hortalizas, y un 8% a la carne.
Redalco, una organización sin fines de lucro que recolecta y redistribuye alimentos, dice que si se lograran rescatar y distribuir todos los alimentos que se desperdician, podríamos entregar tres platos de comida por día a todas aquellas personas que más lo necesitan.
En el mundo se calcula que un tercio de la producción de alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia, lo que equivale a mil 300 millones de toneladas al año.
IV Las comparaciones son odiosas
La obesidad: hay 160 millones de obesos en América Latina, con un aumento de casi el 10% entre 2000 y 2016 y casi 4 millones de niños tienen sobrepeso, un 7,5% son menores de cinco años. En Uruguay es el 28% en adultos (2021), y el sobrepeso infantil fue de 10,3% (al 2019).
La mala alimentación en las mujeres en edad reproductiva se expresa en la anemia que padece un 15% de ellas.
La anorexia (pérdida anormal del apetito por las comidas), como otro de los trastornos de la conducta alimentaria, se ubica entre el 1% y el 2% de las mujeres, y entre el 0,1% y 0,3% de los hombres. La anorexia nerviosa es un trastorno mental del comportamiento, puesto que el temor a engordar y la falta de autocontrol sobre la alimentación hace que los sentimientos y los pensamientos determinen un estado anímico que culmina en procesos depresivos.
El trastorno por atracón, o la bulimia nerviosa (episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo), con las conductas compensatorias, al igual que la anorexia presentan distorsión en la percepción de su propio cuerpo y una preocupación constante por el control del peso corporal.
Se calcula que alrededor del 5% de esta población fallece, aunque no hay datos oficiales.
El gasto militar en el mundo alcanzó los 2 billones de dólares en 2021, aumentando 0,7% más que el año anterior, a pesar de la pandemia. Estados Unidos destina el 38% del gasto total mundial, luego sigue China, India, Reino Unido y Rusia, en ese orden, pero la actual guerra de Ucrania puede haber afectado esos porcentajes, al alza. El mayor incremento registrado se dio en Asia oriental (Japón +7,3%, Corea del Sur +4,7%).
Entre 2014 y 2021 —es decir antes de la guerra— el aumento del gasto militar de Ucrania fue del 72%.
Las “ollas populares” surgieron en Estados Unidos durante la depresión de 1930 y en nuestro país en la década de los 60, cuando el fin de las exportaciones de carne auguró crisis constantes, desempleo y carestía. Fueron los sindicatos quienes comenzaron a llevar comida a los barrios más carenciados. También durante los conflictos laborales —a veces prolongados en el tiempo— se establecían ollas populares para los que estaban en paro y sus familias.
La última vez que en nuestro país hubo ollas populares había sido durante el gobierno de Jorge Batlle, a consecuencia de la crisis que dejó casi al 40% de la población sumida en la pobreza.
Actualmente —desde el año 2020, en plena pandemia y hasta hoy en día— hay alrededor de 100 mil uruguayos que concurren a las ollas populares todas las semanas.
Con hambre no se puede pensar, ni ser humano.
Bibliografía
El estado mundial de la pesca y la acuicultura. La sostenibilidad en acción. Informe de la FAO 2022.
*Artículo realizado con base en informaciones de prensa y estudios sobre el hambre de distintos organismos internacionales disponibles en internet (y que están señalados entre paréntesis).
Por Sergio Schvarz
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